Arrancan las V Jornadas (2022) Lagunas de Torrevieja y La Mata: paisaje cultural, historia y patrimonio

Ana Campo reivindica para la humanidad los viñedos de La Mata y a sus artífices. La conferencia inaugura la presente edición, monográfica dedicada al tema, organizada como cada año por Ars Creatio

Álbum, pinchando sobre la foto

Una noche plenamente reivindicativa se vivió en el Palacio de la Música, escenario, el viernes 6 de mayo, a las 20.00 horas, de la primera de las conferencias de las V Jornadas Lagunas de Torrevieja y La Mata. La ponente, Ana Campo Muñoz, con rotundidad en la exposición y sentimiento en el mensaje, despertó las conciencias de los asistentes. Estuvieron presentes los concejales Tomás Ballester y Gitte Lund Thomsen.

El acto fue presentado por Ana Meléndez, directiva de Ars Creatio, que habló sobre las características de los viñedos de La Mata y de las actividades programadas (tres conferencias, una ruta interpretativa por los viñedos y tres talleres de sal para los escolares) para este ciclo, en el que colaboran la Concejalía de Educación, Agamed, Sopla Levante, Casa Balaguer, el MUDIC, el Instituto Municipal de Cultura y el Parque Natural Lagunas de La Mata-Torrevieja.

«¿Sueñan los paisajes culturales con ser espacios naturales protegidos?: el caso de las Lagunas de La Mata y Torrevieja» fue el expresivo título de la conferencia con la que Ana Campo Muñoz, bióloga y doctora en Antropología, trasladó a las autoridades locales, y a la población en general, la enorme importancia de nuestro paisaje cultural y la necesidad de su conservación. Aunque ella misma, al comienzo de su intervención, formuló el deseo de que su charla sirviera como una reflexión para llevar los viñedos fuera de los ámbitos académico y administrativo, al final comprendimos que actuaron como una auténtica llamada de atención por una tarea urgente que está a la espera de ser desarrollada y, sobre todo, de fructificar.

En sus propias palabras: «La política de conservación contemporánea se enfrenta a la paradoja de pretender “renaturalizar” paisajes milenariamente transformados por la mano del ser humano, transformando con ello aquellos valores naturales y culturales que justificaron la protección de numerosos paisajes singulares, como es el caso de las Lagunas de La Mata y Torrevieja. Esta situación nos emplaza a cuestiones sobre el futuro de las áreas protegidas en el contexto social del siglo XXI».

Tras subrayar la artificiosa dicotomía entre naturaleza y cultura, Ana Campo dividió su intervención en cuatro partes. En la primera de ellas hizo un recorrido histórico por la figura de los paisajes culturales, que tuvo su origen con la UNESCO en 1964, con la idea de proteger la belleza y el carácter de lugares y paisajes. En 1972 se reconocería como patrimonio la conjunción de la obra humana y la natural, uno de los aspectos que identifican inequívocamente nuestras lagunas.

En 2004, el Convenio de Florencia añade el concepto de «paisaje» como cualquier parte del territorio tal como lo percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos. En este sentido, la ponente pidió que las salinas de Torrevieja, por su sistema de extracción de sal, único en el mundo, sean declaradas Patrimonio de la Humanidad.
El paisaje cultural es una realidad dinámica.

En esta consideración entran los viñedos de La Mata, que destacan asimismo por su belleza, por ser obra conjunta del hombre y la naturaleza, por aglutinar la identidad torrevejense y por constituir un patrimonio relicto severamente amenazado. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) estableció los «espacios protegidos».

Por su parte, la ley 11/94 de los Espacios Naturales Protegidos de la Comunidad Valenciana introduce el concepto de la evolución de la naturaleza después de la actividad humana.

Al tratar sobre la protección de las Lagunas de La Mata y Torrevieja, y su declaración de Parque Natural (uno de los primeros de la región), la conferenciante se preguntaba qué había ocurrido con los viñedos, y si éstos quedaban realmente protegidos.

A continuación, basada en su experiencia, dio unos datos desasosegantes: de ocupar 75 hectáreas repartidas en 200 parcelas (70% de merseguera y 30% de moscatel), en la actualidad la extensión de los viñedos se ha visto reducida a menos de la mitad, tras el abandono de muchos colonos por la falta de relevo generacional y de las debidas atenciones. A la amenaza que constituían los conejos, las cepas añadieron la presión antrópica (común a otras zonas semejantes).

El vino de La Mata, procedente de unos viñedos resguardados de la filoxera cuando ésta causó más estragos en Europa, se convirtió en una seña cultural local, con unos cuidados transmitidos de padres a hijos (endoculturación). Ana Campo hizo referencia a la foto que la Estación Espacial Internacional ha difundido recientemente por todo el mundo, con el reparo de que no se haya reconocido en las instancias oficiales a los verdaderos artífices, durante generaciones, de este espléndido paisaje: los trabajadores de las salinas y los colonos de los viñedos.

También resulta más que llamativo el hecho de que, pese a que mantienen variedades desaparecidas de uva, los viñedos de La Mata no estén incluidos en el Catálogo de los paisajes del vino en la Comunidad Valenciana. Siendo las parcelas propiedad del Estado, son cedidas a los colonos para su explotación. Hubo que conseguir los derechos de plantación para que la Administración no arrancara las cepas. Aun en estas condiciones, se han mantenido hasta hoy; pero los peligros son muchos, pese a la proximidad con una de las más concurridas zonas turísticas de la región.

Ana Campo, con la misma claridad con la que se expresó durante toda su conferencia, la terminó señalando que si los viñedos de La Mata estuvieran ubicados en otras latitudes, serían constante foco de atención. Y es que lo cultural no debe evitar lo natural. Manifestó su tristeza por la situación actual, y se preguntó en voz alta si quizá el Parque Natural no había protegido debidamente los viñedos. Por este motivo, citó a la Administración y pidió el necesario liderazgo para sacarlos adelante.

Tras las preguntas del público, Josefina Nieto, presidente de Ars Creatio, tras afirmar que su contribución a la causa consistiría en enviar la grabación de la conferencia a las instancias adecuadas, entregó a Ana Campo el logo salado de la asociación; y Ana Meléndez hizo lo propio con un tarro de flor de sal.

No se despidió la ponente sin pronunciar una significativa frase: «No quiero volver a Torrevieja y no ver los viñedos». Recordemos que así se expresa quien ha trabajado duramente desde organismos públicos durante 23 años, visitando semanalmente nuestras lagunas. Agradecemos a Ana Campo que, además de llevarnos a la reflexión, siempre con claridad diáfana, con indiscutible elegancia, con sólidos argumentos y con un entrañable apego hacia lo nuestro, nos haya cogido simbólicamente de las solapas para sacudirnos.

Ana María Campo Muñoz

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia. Licenciada en Antropología Social Cultural por la UNED. Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Valencia. Especialista en Antropología de la Conservación. Ganadora de la undécima edición del premio Joan Francesc Mira, otorgado por la Asociación Valenciana de Antropología, en 2022. Entre 1990 y 2013 fue técnica de protección de especies y espacios naturales protegidos en la Generalidad Valenciana.

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