Leiva convierte el cierre de la sexta edición en una noche de música, emoción y comunión absoluta con un público que abarrotó el parque Antonio Soria
Hay noches que terminan cuando se apagan las luces. Y hay otras que, cuando llega el último acorde, uno sabe que van a quedarse encendidas durante mucho tiempo en la memoria. Anoche, en el parque Antonio Soria, Brilla Torrevieja vivió una de esas noches. La sexta edición del festival echó el cierre por todo lo alto con Leiva, y lo hizo de la única manera posible cuando delante hay un artista de su dimensión: con el recinto convertido en un enorme corazón latiendo al mismo ritmo que el escenario.
Desde mucho antes de que comenzara el concierto ya se intuía que aquella no iba a ser una noche cualquiera. El parque Antonio Soria se fue llenando hasta prácticamente no dejar un hueco libre. Miles de personas aguardaban bajo un calor que en Torrevieja no perdona y que, cuando la humedad se instala en el ambiente, convierte una noche de verano en una auténtica prueba de resistencia.
Pero nadie parecía dispuesto a marcharse. Al contrario. Cuanto más avanzaba la noche, más crecía la expectación. Y cuando Leiva apareció sobre el escenario, ocurrió eso que solamente sucede cuando un artista y su público se reconocen a la primera mirada: el recinto entero estalló.
Gritos. Aplausos. Canciones coreadas antes incluso de que llegaran sus primeros acordes. Brazos en alto. Miles de voces siguiendo cada palabra. Y en medio de todo aquello, un Leiva que parecía alimentarse de esa energía para crecer todavía más con cada canción, con cada gesto y con cada mirada hacia un público completamente entregado. El escenario, espectacular, se convirtió durante la noche en el centro de todas las miradas. Pero el verdadero espectáculo estaba también al otro lado de las vallas, en una multitud que convirtió cada tema en una celebración colectiva.
Porque Leiva no ofreció simplemente un concierto. Ofreció una historia musical compartida. Su trayectoria ha hecho que sus canciones formen parte de la memoria sentimental de varias generaciones. Desde aquellos primeros pasos que lo convirtieron en una de las figuras esenciales del rock español hasta su consolidación como solista, el artista madrileño ha construido una identidad propia, reconocible desde los primeros compases.
Y anoche esa identidad estuvo presente de principio a fin. Canciones de discos ya convertidos en referencia, recuerdos de diferentes etapas de su carrera y temas de su más reciente trabajo, Gigante, fueron dibujando un viaje musical en el que el público no necesitó demasiadas instrucciones: sabía cuándo cantar, cuándo saltar y cuándo simplemente quedarse mirando el escenario para disfrutar del momento.
El concierto tenía además un ingrediente especial. La actuación de Leiva en Brilla Torrevieja era su único concierto de 2026 en la Comunitat Valenciana y la Región de Murcia, una circunstancia que convirtió la cita en una oportunidad especialmente esperada para sus seguidores.
Y todavía había algo más. El artista ha anunciado su intención de apartarse durante algún tiempo de los escenarios una vez concluya su actual gira Tour Gigante. Por eso, la noche de Torrevieja tenía inevitablemente un cierto aroma de despedida, de esas ocasiones que uno disfruta con una intensidad diferente porque sabe que quizá habrá que esperar para volver a vivir algo parecido.
Y Brilla Torrevieja estuvo a la altura. La sexta edición del festival no podía haber encontrado una forma más contundente de escribir su última página. Después de varios días de música, encuentros y grandes nombres, la despedida necesitaba una actuación capaz de dejar el listón arriba, muy arriba. Y Leiva consiguió que el cierre no pareciera un final, sino el broche de oro de una historia que ha ido creciendo edición tras edición.
Anoche, por unas horas, el parque Antonio Soria dejó de ser simplemente un recinto de conciertos. Fue un lugar donde miles de personas cantaron juntas. Donde desconocidos compartieron canciones como si llevaran toda la vida conociéndose. Donde el calor quedó en segundo plano frente a las ganas de vivir una noche irrepetible. Donde Leiva encontró un público dispuesto a devolverle multiplicada toda la energía que llegaba desde el escenario.
Y cuando llegó el último tramo del concierto, nadie quería que aquello terminara. Porque había una sensación flotando en el ambiente, difícil de explicar pero imposible de ignorar: la certeza de estar asistiendo a algo especial. Las luces, los últimos acordes, los aplausos interminables y ese instante en el que artista y público parecen resistirse a aceptar que ha llegado la hora de decir adiós fueron poniendo el punto final.
Pero no cualquier punto final. Brilla Torrevieja se despidió anoche como lo hacen los grandes festivales: dejando recuerdos, canciones y una noche que seguirá sonando mucho después de que el escenario haya quedado vacío. Cuando finalmente se apagaron las luces del parque Antonio Soria, todavía quedaba música en el aire.
Y quizá esa sea la mejor manera de despedir un festival. No diciendo adiós.
Diciendo hasta que vuelva a brillar Torrevieja.
Descubre más desde Objetivo Torrevieja
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Filed under: Cultura |


























































Deja un comentario