Cien años del nacimiento de Lola Flores

Lola Flores ha sido una de las artistas más revolucionarias de nuestro país: actriz, bailaora y cantante, embajadora de la copla y del flamenco. Hoy sábado 21 de enero se cumplen cien años del nacimiento de la artista, reconocida más allá de nuestras fronteras

VÍDEO: “La zarzamora”

Hace un siglo que en Jerez de la Frontera nacía Lola Flores, una de las mejores artistas de nuestro país. Su carisma y su peculiar personalidad la hicieron convertirse en un personaje único. Han pasado 27 años desde su muerte pero su recuerdo sigue intacto, sus expresiones siguen formando parte de una sociedad que, en más de una ocasión, hacen soltar carcajadas.

Este sábado, en su ciudad natal, se celebra el día de su nacimiento con una fiesta en honor a ella, con 5.500 claveles rojos, en recuerdo al temperamento y la pasión de Lola Flores, y de otros elementos que simularán los flecos de un mantón de los muchos que lució ‘La Faraona’.

La niña Lola nació en el jerezano barrio de San Miguel, sin saber que su arte iba a expandirse por todo el planeta. En la humilde calle del Sol, en el número 45, María Dolores Ruiz Flores vivió los mejores años de su infancia. “Era un torbellino de talento”, reconocen quienes la vivieron muy de cerca, fue inevitable que las escuelas del municipio pusieran los ojos en ella.

Comenzó a actuar en algunas fiestas privadas y espectáculos pequeños hasta que, en 1939, debutó en el evento Luces de España celebrado en un teatro de Jerez. Entre el público estaba el director de cine Fernando Mignoni, que la fichó para la película Martingala. El rodaje la llevó a Madrid y convenció a su familia para trasladarse allí.
La trayectoria imparable

En la capital de España, fue cogiendo experiencia hasta que en 1943 el empresario Adolfo Arenaza la contrató para actuar en un espectáculo fusión de copla y flamenco denominado Zambra junto al cantaor Manolo Caracol. El éxito fue absoluto y se mantuvo en cartel varios años en distintas ciudades españolas, lanzando a Lola al estrellato definitivo de la mano de canciones tan conocidas hoy en día como La Zarzamora.
Tal fue la repercusión generada por Lola y Manolo Caracol que, además de trabajar juntos, mantuvieron una relación sentimental entre 1943 y 1951, etapa durante la que grabaron dos películas, Embrujo (1947) y La niña de venta (1951). Pero el amor se terminó y decidieron emprender rumbos separados.

La Faraona se casó en 1957 con Antonio González El Pescaílla, un talentoso guitarrista gitano al que se le atribuye, junto a Peret, la paternidad de la rumba catalana. La boda en la basílica de El Escorial se celebró a las 6 de la mañana y casi en la clandestinidad: El Pescaílla tenía un hijo con una sobrina de la bailaora Carmen Amaya y Lola temía que pudiera aparecer alguien del clan para impedir el enlace. La pareja tuvo tres hijos: Lolita, Antonio y Rosario. Los tres heredaron las dotes artísticas de sus padres y, la saga, está asegurada, porque los nietos de la pareja también se dedican al mundo artístico: Alba Flores, hija de Antonio, y Elena Furiase, de Lolita, son actrices mientras que Guillermo Furiase, hijo de Lolita, se dedica a la música.

Lola continuó su trayectoria y firmó varios contratos televisivos y abrió la puerta de América. Llegaron películas como ¡Ay, pena, penita, pena! (1953), Morena Clara (1954), La Faraona (1956), de la que procede su apodo, Lola Torbellino (1956), Maricruz y Sueños de Oro (1957), María de la O y Venta de Vargas (1959) o La gitana y el charro (1963).
La intensidad de trabajo fue acompañada por una gira por países como México, Cuba, Brasil, Argentina e incluso Estados Unidos, donde protagonizó una crítica en The New York Times en la que animaban al público a que no se la perdieran. Lola Flores fue parte de ese grupo de folklóricas imprescindibles de la época como Carmen Sevilla, y anfitriona de las mejores fiestas de Madrid: Ava Gardner, que no se perdía una, estuvo en el bautizo de su hijo Antonio Flores.

La época más dura

Rondando los años 90 vivió quizá lo más duro en su vida personal. Llegaron los problemas con Hacienda y le diagnosticaron un cáncer de mama. Ella se reía de sus propios pesares: “Que este año nos traiga salud, que nos queramos mucho y haya dinero para Hacienda, pero también para uno”, llegó a decir en televisión. En 1987, Hacienda le reclamó a la Faraona 50 millones de las antiguas pesetas, acusada de no haber presentado la declaración de la Renta durante cuatro ejercicios. Al final recurrió y no pagó, dejando para la posteridad el mítico ruego de que todos los españoles podían colaborar con una peseta, anticipándose al actual ‘crowdfunding’: “No me merezco esto, porque soy un mito”, decía.
El cáncer la acompañó durante más de 20 años. Ella se negó a la extirpación ante el miedo de que el cambio en su figura perjudicara a su carrera. En este tiempo dio el salto a la televisión con un personaje en la serie Juncal y como presentadora en varios programas. La enfermedad terminó con su vida el 16 de mayo de 1995 en su casa El Lerele, en la urbanización madrileña de La Morajela, a los 72 años. Fue una figura arrolladora que forjó un personaje único que, a día de hoy, es considerada la musa del empoderamiento y, sin pretenderlo, se convirtió en diva y referente del colectivo LGTB.

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