El cuaje en la artesanía salinera de Torrevieja: química, tradición y arte (V)

Tablones sobre la cinta de la sal. Únicamente se extrae la sal del lado este Foto: Ana Meléndez Zomeño

Ana Meléndez Zomeño
Publicado en la Revista de Invierno de Ars Creatio

En la actualidad, los artesanos cuajan sus barcos en dos puntos de la laguna. Uno se sitúa en el lateral este de las balsas abandonadas de la fábrica de productos químicos; allí se accede a una zona de gran valor medioambiental, dado que en estas motas de tierra o caminales anidan aves como los charranes.

Barcos cuajados al sol, apoyados en la cinta transportadora de sal que corre a lo largo de 1.600 m y que une la zona de descarga de los raches con las instalaciones principales en la costa. (Foto: Ana Meléndez)

Es un delicado conflicto de intereses que resolver. Cerca de esta zona de la laguna pasan los trenes (remolcadores con barcazas) y, en ocasiones, el viento los ha tirado contra la orilla, arrasando y destruyendo las estructuras sumergidas. Otra opción, que les facilita la empresa salinera, es acceder hasta la mota que divide la laguna y que sirve de acceso a la zona de descarga de la sal, pero tiene que salvar la cinta transportadora de sal.

Imagen aérea. En primer plano, la zona de descarga de los trenes de sal o raches. En segundo plano, zona de cuaje junto a la mota que divide en dos la laguna de Torrevieja

En julio se detiene la extracción en las salinas para el mantenimiento de las instalaciones y para facilitar la acumulación de sal en el fondo, dado que es el mes de mayor evaporación del año y de mayor precipitación. Durante ese mes la cinta se mantiene parada, pero el resto del año está en funcionamiento, llevándose a cabo la cosecha durante once meses. Como se puede comprobar, no tiene nada que ver con las salinas marítimas tradicionales. Así de peculiares son las salinas de Torrevieja y La Mata.

En la temporada salinera 2019-2020, se perdió la mayor parte de la cosecha por las comentadas inundaciones. Por lo tanto, la actividad extractora estuvo la mayor parte del año sin efectuarse y la cinta trasportadora de sal estuvo parada, así que los artesanos pudieron pasar de un lado al otro, para acceder a su zona de cuaje, sin necesidad de correr riesgos y coordinados con los trabajos de la empresa. Si bien esto exige un gran esfuerzo por parte los maestros, ya que cargan tablones de barcos cuajados en sal que pesan más de 20 kg cada uno.

En la artesanía salinera torrevejense lo que más se cuaja son barcos, además de grumos, pero es una etnografía con infinitas posibilidades creativas: si el objeto puede ser forrado con tela de algodón gastado, para que la sal se agarre bien, se puede cuajar.
En el año 2019 se cuajó la corona de la reina del carnaval infantil, el cetro de la reina de la Sal, además de timones de barco o anclas. La artista conceptual Bárbara Fluxá expuso unas botellas de plástico cuajadas en sal dentro de un proyecto de I+D becado por la Fundación BBVA. Otra artista de la Vega Baja ha pedido cuajar sarmientos de viñas. También han sido cuajados en esta laguna escudos de equipos de fútbol, anagramas, ramos de flores, etc. En 2016, el arquitecto Diego Cayuelas García pidió a Miguel que cuajara unas estructuras cúbicas, que han servido de lámparas. Desde hace unos años, Silvana Solivella lleva a este mismo artesano diferentes objetos, como maquetas de libros, estructuras abstractas, que luego expone en galerías de arte. La Asociación Grupo Salinas de Torrevieja organizó 44 ediciones de un concurso de artesanía salinera y entre los primeros premios tenemos molinos, la Torre Eiffel, la iglesia arciprestal de Torrevieja, etc.

Molino del Rampaina, obra en artesanía salinera de Juan Pujol Torremocha, ganadora del primer premio en el Concurso de Artesanía Salinera de 1972 (foto cedida por el artesano). Fig. 43. Iglesia arciprestal de Torrevieja, maqueta de Joaquín Montero García cuajada por Miguel Pérez Muñoz.

Diversas obras depositadas en el Museo del Mar y de la Sal de Torrevieja

Joaquín Montero García pidió a Miguel Pérez que cuajara la maqueta de la iglesia arciprestal. El artesano la llevó hasta el Iloílo y allí la sujetó como pudo, dadas sus grandes dimensiones. Al día siguiente fue a asegurarse de que el proceso iba bien, porque el viento de levante había sido muy intenso. Efectivamente, había arrancado las barras del fondo y había arrastrado la maqueta por la orilla de la laguna. Se puso a buscar los restos cuando, unos 200 metros más allá y gracias al brillo del sol del atardecer, vio una gaviota que parecía levitar. Cuenta Miguel que «aquello sí que tenía foto», y es que estaba posada sobre el tejado de una de las torres del campanario de la iglesia que asomaba por encima de la superficie del agua. Tuvo que rehacer el trabajo. Tanto los grandes temporales imprevistos de viento como algún accidente de los trenes de sal que se van contra la orilla forman parte de los riesgos asumidos por los maestros artesanos.

Fig. 45. Estructuras para lámparas de Diego Cayuelas García (2016). Fig. 46. Anagrama de la Asociación Cultural Ars Creatio (2017). Fig. 47. Estructuras para la exposición de la artista Silvana Solivella (2019).
Fig. 48. Corona de la reina del carnaval infantil 2020.

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