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El duduk armenio y la voz lírica emocionaron a Torrevieja en un concierto por la paz del mundo

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La parroquia de la Inmaculada Concepción acogió ayer domingo una magnífica velada musical en la que la música, la espiritualidad y el deseo de paz fueron los grandes protagonistas. El concierto Duduk & Canto, concebido como una propuesta artística en favor de la paz mundial, reunió a numerosos asistentes en torno a un mensaje de fraternidad, esperanza y encuentro entre culturas. Entre los presentes se encontraban el párroco, José Antonio Gea, y el vicario, Fernando Galvañ, que acompañaron al público congregado en el templo.

El recital reunió a dos intérpretes de distintas sensibilidades musicales, Gagik Gasparyan, con el sonido ancestral del duduk armenio, y la mezzosoprano Eva Andrea Luna Navarre, cuya voz lírica aportó profundidad y expresividad a una velada marcada por la emoción.

Uno de los grandes protagonistas fue el duduk, un instrumento tradicional de Armenia elaborado habitualmente con madera de albaricoquero, cuyo sonido cálido, profundo y melancólico constituye uno de los símbolos más reconocibles de la identidad cultural armenia. Su timbre, que recuerda a la voz humana, posee una extraordinaria capacidad para transmitir nostalgia, serenidad y sentimientos universales sin necesidad de palabras.

En manos de Gagik Gasparyan, este instrumento ofreció un viaje sonoro que acercó al público a una tradición musical milenaria, mientras que la voz de Eva Andrea Luna Navarre añadió nuevos matices a una experiencia artística en la que el canto lírico y la música instrumental dialogaron con sensibilidad y armonía.

La combinación de ambas expresiones musicales puso de manifiesto cómo las distintas tradiciones pueden encontrarse y enriquecerse mutuamente. Desde sus respectivas raíces, el duduk y la voz humana compartieron una misma capacidad para conmover y recordar aquello que une a las personas por encima de sus diferencias.

El concierto estuvo presidido por el lema «Por la paz del mundo», un mensaje especialmente significativo en un tiempo marcado por los conflictos y el sufrimiento de tantas personas. La música se convirtió así en un lenguaje universal capaz de transmitir fraternidad y esperanza, invitando a la reflexión sobre la necesidad de construir una sociedad más justa, solidaria y respetuosa.

La elección de la parroquia de la Inmaculada Concepción reforzó el carácter espiritual de la convocatoria. El templo ofreció un marco propicio para una celebración en la que la dimensión artística se unió a la reflexión interior y al deseo de entendimiento entre los pueblos.

La iniciativa reivindicó también el papel de la cultura como puente entre comunidades, capaz de acercar distintas sensibilidades y demostrar que las emociones humanas no entienden de fronteras. Bajo los mensajes «Música que une pueblos», «Cultura sin fronteras» y «Paz en nuestros corazones», la propuesta dejó patente el valor del arte como patrimonio compartido de la humanidad.

Torrevieja, ciudad mediterránea abierta a numerosas culturas y tradiciones, acogió este encuentro como una invitación a la convivencia y al entendimiento. Una velada en la que el sonido del duduk armenio y la fuerza expresiva de la voz lírica transmitieron un mensaje que fue más allá de la música: la paz también se construye desde la sensibilidad, la cultura y la capacidad de reconocernos en los demás.


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