El tradicional adiós a la Navidad, llega con la bendición de animales en San Antón

Los sacerdotes de las Parroquias de la Inmaculada y del Sagrado Corazón, bendijeron a cientos de mascotas

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Las Parroquia de la Inmaculada y del Sagrado Corazón fueron ayer escenario de la tradicional bendición de las mascotas, que son uno más de la familia en nuestros hogares. Así los componentes una larga cola a lo largo de la calle Caballero de Rodas, fue llegando a las puertas del tempo de la Inmaculada Concepción con

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animales de todas las clases, con predilección de los perros, que fueron bendecidos por el vicario, Mikel Uribe, bajo la imagen del Santo.
A la misma hora el párroco del Sagrado Corazón Aurelio Ferrándiz, hizo lo propio en el zaguán de la parroquia, con unos cincuenta amigos de los animales que los llevaron par recibir el agua bendita, tras la lectura de la invocación protectora. En ambos lugares protección civil cuido del orden para que el acto se desarrollara sin incidencias.

¿Quién no ha oído nunca decir aquello de “hasta San Antón, Pascuas son”?.

Pues bien, antaño, cuando la vida de los pueblos, era mucho más serena, sin las prisas ni los “estreses”, y los valores como la familia, la amistad y la caridad, tenían un sentido del que hoy por desgracia carecen, el período navideño se estiraba todo lo posible, pero en sentido inverso al actual. Mientras ahora colgamos el bañador y cogemos la zambomba, hace no tantos años, la Navidad en sí, empezaba con el sorteo de la Lotería de Navidad y su popular “gordo” y terminaba cuando en las casas se agotaban los polvorones, los “mantecaos” y el poco turrón que se podía comprar.
Entonces se desmontaba el Belén y se quitaban toda clase de adornos que recordaban la Navidad pasada. Esa fecha solía coincidir con la festividad de San Antonio Abad, patrón de los animales. En este día las personas que conviven con animales de compañía, los antes llamados domésticos, acuden a las iglesias con ellos para que sean bendecidos, como lo que son, seres vivos que a veces dan más amor, y compañía, que algunos de nuestros congéneres y que carecen de sentimientos tan abominables como la envidia y el rencor.

 

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