Antoni Jakubowski
Crítico Musical
Los tiempos en que los conciertos de música de cámara sólo atraían a los melómanos más apasionados, han quedado atrás. Hoy en día, la asistencia está garantizada gracias a los abonados, la promoción constante y el creciente interés por la música de cámara. No es de extrañar, pues, que el público acudiera en masa el sábado pasado, ocupando la sala hasta la última butaca y reaccionando con entusiasmo al programa interesante y a la exquisita interpretación. Y había mucho que escuchar… Las estrellas de la noche en el Teatro Municipal fueron la Orquesta Casanova, la que ha sido objeto de una intensa promoción en los últimos meses, dirigida por su fundador, el maestro José Francisco Sánchez, cómo también Heorhii Sokolov – violinista solista de excepcional talento y concertino de la orquesta, el verdadero descubrimiento del director Sánchez. El programa en sí mismo fue un punto culminante, presentando dos obras que representan dos mundos diferentes, distantes en el tiempo y el carácter: «Las Cuatro Estaciones» de Antonio Vivaldi frente a «Estaciones Porteñas» de Astor Piazzolla, donde Vivaldi es un brillante pintor de la naturaleza, mientras que Piazzolla captura la melancolía y el ritmo de la metrópolis argentina. El concepto de la interpretación fue fascinante, creando un mosaico de estados de ánimo y estilos cambiantes a través de interpretaciones alternas de obras de Vivaldi y Piazzolla.
Como se mencionó, el solista de «Las Ocho Estaciones» fue el excepcionalmente talentoso violinista ucraniano Heorhii Sokolov, un artista capaz de desenvolverse en un repertorio diverso, que suele exhibir su mayor virtud: una técnica sumamente avanzada e impresionante. En cuatro conciertos de A. Vivaldi, el solista demostró una interpretación viva, dinámica, alegre y técnicamente perfecta. Aunque la música de «Las Estaciones» de Vivaldi ofrece un amplio margen de interpretación, Sokolov presentó una versión típicamente clásica, que plasmó con precisión la realidad que Vivaldi compuso. La interpretación del solista cautivó al público por su frescura, precisión y fluidez. El artista tocaba como si tocar el violín fuera lo más sencillo del mundo. La violonchelista principal también merece aplausos por su hermosos solos.
La interpretación de la obra de Piazzolla fue, por supuesto, diferente, demostrando exuberancia, valentía y pasión, extrayendo del instrumento una amplia gama de efectos. La interpretación fue vibrante, orgánica y hermosa, y los enérgicos tangos de Piazzolla fueron auténticamente argentinos. Sokolov y la Orquesta Casanova, dirigida por el maestro Sánchez, demostraron la diversidad de narrativas que se pueden contar sobre la naturaleza cíclica y las emociones. También fue notable cómo la interpretación combinó la vivacidad de los ritmos con esa energía y precisión. El virtuosismo y el carisma de la solista cautivaron al público con una música que conmovió corazones e imaginación. La entusiasta acogida hizo que los bis fueran imprescindibles, constituyendo la culminación perfecta de esta velada musical. Nos han sido regalados : “Oblivion” de Piazzolla y “Por una Cabeza” de Gardel. El aplauso de pie despidió definitivamente a los artistas.
El Maestro J.F. Sánchez y los músicos de la Orquesta Casanovas merecen un reconocimiento especial, ya que ejecutaron brillantemente todas las provocaciones y sorpresas rítmicas e impulsivas, llenas de efectos diversos y contrastes dinámicos. El programa fue, por lo tanto, amplio y excepcionalmente colorido. Los instrumentistas de cuerda de la orquesta son músicos de primer nivel, pues esperamos con ilusión futuros conciertos con un repertorio tan ambicioso como el presentado.
¡¡¡ENHORABUENA!!!
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