Hay iniciativas que, además de embellecer una ciudad, logran algo mucho más importante: dar visibilidad, generar conciencia y acercar realidades que a menudo permanecen en silencio. Con motivo del Día Internacional de la Fibromialgia y del Síndrome de la Fatiga Crónica, la asociación ASIMEPP (Asociación de Salud Integral y Mejoras Psicofísicas y Psicosociales) ha vuelto a demostrar que la sensibilidad y el trabajo colectivo pueden transformar el entorno… y también las miradas.
Como ya es tradición, el colectivo instaló la pancarta anunciadora de las actividades programadas a lo largo del mes, marcando así el inicio de unas jornadas dedicadas a informar, apoyar y acompañar a quienes conviven con estas enfermedades. Pero este año han ido un paso más allá, apostando por una intervención urbana que no ha dejado indiferente a nadie.
El punto neurálgico de esta acción ha sido el cruce de las calles Concepción y Fotógrafos Darblade, donde las socias de ASIMEPP han creado un espectacular parasol formado por cientos de flores elaboradas artesanalmente. Una auténtica “alfombra aérea” que no solo aporta color y belleza, sino también sombra en estos días en los que el calor empieza a hacerse notar. Un gesto tan práctico como simbólico: proteger, acompañar y hacer más llevadero el camino.
Detrás de cada flor hay horas de dedicación, paciencia y, sobre todo, un mensaje claro: la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica existen, afectan a muchas personas y merecen ser comprendidos. Iniciativas como esta ayudan a romper el desconocimiento que todavía rodea a estas patologías, caracterizadas por el dolor crónico, el cansancio extremo y un impacto significativo en la calidad de vida.
La instalación recibió la visita del alcalde, Eduardo Dolón, y de la concejal de Ong’s, Trudy Páez, quienes, acompañados por la presidenta de ASIMEPP, Maite Miralles, y numerosas socias, recorrieron este espacio lleno de color y significado. La impresión fue unánime: sorpresa, admiración y reconocimiento al trabajo realizado. No es para menos, ya que pocas veces una acción decorativa logra transmitir tanto con elementos tan sencillos.
Más allá de su valor estético, esta iniciativa convierte las calles comerciales en un altavoz social, recordando a vecinos y visitantes la importancia de la empatía, la información y el apoyo a quienes conviven con enfermedades invisibles.
Porque, al final, cada flor cuenta una historia… y juntas forman un mensaje imposible de ignorar.
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