El pasado 28 de agosto nos dejó para siempre José Bermúdez Estévez, Pepe del “Miño” para todos aquellos que tuvimos la fortuna de conocerle y compartir con él algún momento de la vida. Tenía 71 años y pertenecía a esa clase de personas que, cuando se cruzan en nuestro camino, dejan una huella que permanece mucho después de su partida.
Pepe fue, ante todo, un hombre afable, cercano y extraordinariamente cariñoso con todo el mundo. Resulta difícil pensar en él sin recordar su presencia en el “Miño”, sentado habitualmente en aquel mismo rincón de la barra, desde donde su conversación amena y su particular manera de relacionarse conseguían atraer a quienes se acercaban. Siempre tenía una palabra, una sonrisa o una historia que compartir.
Nacido en Galicia, Pepe eligió Torrevieja para desarrollar su vida empresarial, convirtiéndose con el paso de los años en un emprendedor incansable. Su tierra natal estuvo siempre presente en su corazón y también en sus negocios. Por eso quiso bautizar con el nombre de “Miño” los diferentes centros de recreo que creó, en recuerdo de ese gran río gallego que simbolizaba sus raíces y al que ahora, después de toda una vida, vuelve para descansar eternamente.
Fueron muchos los empleados que a lo largo de los años pudieron conocer de cerca su forma de entender el trabajo y la empresa. Pero fueron todavía más las personas que tuvieron la suerte de disfrutar de su amistad. Quienes le conocimos recordaremos especialmente su educación, su amabilidad y, sobre todo, una generosidad que parecía no tener límites. Pepe tenía esa rara virtud de hacer sentir bien a quienes estaban a su alrededor, sin distinciones y con una naturalidad que le hacía especial.
Pero junto a la empresa y a la amistad hubo otra gran pasión que ocupó un lugar destacado en su vida: los caballos. De ese amor nació la prestigiosa Yeguada JF Miño, que con el paso del tiempo consiguió dejar su sello en importantes Campeonatos del Mundo, de Europa y de España, llevando el nombre de Miño y el de Torrevieja mucho más allá de nuestras fronteras.
Y también quedará en nuestra memoria aquella otra imagen de Pepe, quizá más íntima y entrañable: disfrutando de la Feria de Mayo, elegantemente vestido para la ocasión, paseando orgulloso a sus nietos en el coche de caballos y luciendo esa sonrisa que parecía acompañarle siempre.
Así queremos recordarle. Sonriendo, disfrutando de la vida, de los caballos, de su familia y de sus amigos. Como aquel hombre cercano y generoso que supo ganarse el cariño de tantas personas y que ahora deja tras de sí una historia empresarial, pero también, y sobre todo, una historia humana.
Desde este medio de comunicación, y en mi nombre propio, queremos trasladar nuestro más sentido pésame a su querida esposa, a sus hijos e hijas, a sus nietos y a toda su familia y seres queridos.
Nos queda el recuerdo de Pepe, de su sonrisa, de su conversación y de tantos momentos compartidos. Y nos queda también la esperanza cristiana de que, después de esta vida, se encuentre ya disfrutando de la vida eterna en presencia del Señor.
Descansa en paz, Pepe.
D.E.P.
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