Juan Echanove y un gran elenco de actores, ponen en pie al público con “La Fiesta del Chivo”

Álbum, pinchando sobre la foto

Fernando Guardiola

De nuevo el Teatro Municipal de Torrevieja, volvió a vivirr una de esas noches mágicas para los que amamos la cultura y el teatro. De nuevo y como hiciera hace unas semanas con “El Coronel no tiene quien le escriba”, Carlos Saura se pone a los mandos de la dirección de una obra del premio Nobel, Mario Vargas Llosa, “La fiesta del Chivo”, tan difíciles de adaptar a los escenarios, adaptada por Natalio Grueso.

La obra no retrotrae a algunos momentos significativos de la vida y obra del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, dando en todo momento una sensación de veracidad estética por su prestancia escénica, sobre todo porque al frente de ella está un actor tan extraordinario como Juan Echanove, quien encandiló al público con la sutileza y aparente naturalidad de sus gestos y registros, demostrando tener unas tablas, que le dan la valía de ser un actor en mayúscula. La manera de hacer sentir al público es tan visceral, que consigue su cometido en todo momento, dejándonos impactados por su gran talento. Todo un deleite para los ojos y para la emoción.

Echanove está acompañado desde su estreno, por unos compañeros que realzan su actuación, todos de un grn prestigio reconocido a través de sus trabajos, que, sin duda, tienen la difícil tarea de combatir todo ese nervio y estar un nivel interpretativo a la altura y lo hacen.

Lucía Quintana que tiene uno de los papeles más difíciles de la obra. Delicada y con fuerza. Inocente y corrompida. Debe mostrar ambas caras y lo realiza con una profesionalidad exquisita, sin faltarle emoción. Manuel Morón tiene una fuerza que hiela el escenario y es contundente como lo reclama su personaje. Por su parte, Eduardo Velasco tiene una socarronería orgánica, que lleva apropiadamente para no desviar la esencia de Manuel Alfonso. Luego, Gabriel Garbisu tiene un efecto sensitivo en su manera de actuar, que cuida con detalle a su personaje y no duda en dotarlo de personalidad. Después, David Pinilla termina por ser el cierre de la conjunción perfecta para el grupo masculino de la obra.

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