La Casa de Andalucía “Rafael Alberti” ofreció en la mañana de ayer a la patrona de la ciudad, la Inmaculada Concepción, una sentida y vibrante Misa Flamenca con motivo de la XXI Semana Cultural de la entidad. Un acto donde la fe y el arte andaluz se fundieron en una celebración que llenó el templo de sentimiento, compás y profundas raíces del sur. El Coro “Blanca y Verde”, dirigido por la presidenta de la entidad, Rosa Martínez, fue el encargado de poner voz a esta Eucaristía tan especial. Fieles a su estilo, ofrecieron lo mejor que saben hacer: cantar desde el alma. La ceremonia, oficiada por el párroco de la Inmaculada, José Antonio Gea, adquirió un matiz único gracias al acompañamiento de guitarras flamencas que aportaron calidez y hondura a cada momento litúrgico.
Uno de los instantes más sobrecogedores llegó con la interpretación de la “Plegaria”, compuesta especialmente para La Purísima, en la voz de Tamara Lázaro. Su interpretación, cargada de dulzura y fuerza a la vez, emocionó profundamente a los asistentes, que rompieron en una cerrada y prolongada ovación, dejando patente que el flamenco también es oración cuando nace del corazón.
El repertorio litúrgico se fue desgranando con un marcado sabor andaluz: la “Piedad” por tientos, el “Ofertorio” por sevillanas, el “Santo”, el “Cordero” al estilo de fandango, la “Comunión” y una nueva “Plegaria” por sevillanas, culminando con la “Bendición”. Como no podía ser de otra manera, la celebración se cerró con la tradicional y siempre emotiva “Salve Rociera”, que hizo que muchos fieles acompañaran con palmas suaves y miradas emocionadas hacia la imagen de la patrona.
La Eucaristía contó con la presencia de las concejales Inmaculada Montesinos y Rosa Cañón, así como de los ediles Ricardo Recuero y Antonio Vidal, que quisieron acompañar a la Casa de Andalucía en este acto tan significativo dentro de su semana grande. También asistieron la Reina de la Sal, Daniela Gómez Navarro, junto a sus damas Sara Toribio Sánchez y Miriam Córdoba Prades, quienes recibieron al pie del Altar Mayor las Medallas Honoríficas de la Casa de Andalucía, en un momento especialmente emotivo y cargado de simbolismo.
La ceremonia no solo fue un acto religioso, sino también una reafirmación del vínculo profundo que une a la comunidad andaluza con su tierra de acogida, demostrando que la devoción a La Purísima también late al compás de una guitarra y se eleva al cielo por sevillanas.
Como broche final a la jornada, socios y amigos de la entidad compartieron un aperitivo flamenco, donde no faltaron los cantes, las risas y el ambiente de hermandad, poniendo la guinda a un día inolvidable dentro de la XXI Semana Cultural.
Una vez más, la Casa de Andalucía demostró que cuando el arte y la fe caminan juntos, el resultado es una celebración que trasciende lo meramente cultural para convertirse en pura emoción.
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