El Templo Arciprestal de La Inmaculada Concepción acogió en la tarde de ayer una solemne celebración eucarística con motivo de la festividad de Nuestra Señora de los Dolores, una fecha especialmente señalada para la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores de Torrevieja, que volvió a reunir a numerosos hermanos y representantes del mundo cofrade en torno a la imagen de su titular.
La celebración, organizada por la propia cofradía, que preside Francisco Juan González Díaz, estuvo presidida por la imagen de la Virgen de los Dolores, entronizada en uno de los laterales del altar mayor, ocupando un lugar especialmente preparado para esta jornada de devoción y recogimiento. La presencia de la Dolorosa en el templo permitió a los fieles acercarse a su imagen en un ambiente marcado por la solemnidad propia de una celebración que forma parte de las tradiciones religiosas y cofrades de la ciudad.
La Santa Misa fue concelebrada por Fernando Galvañ, vicario de la Purísima, y Pedro Ildefonso López Ortiz, párroco de Nuestra Señora del Rosario de Rafal, quienes presidieron una Eucaristía en la que se puso de manifiesto el profundo significado que tiene la advocación de la Virgen de los Dolores dentro de la espiritualidad cristiana y, especialmente, dentro de la tradición de la Semana Santa.
La celebración contó con una destacada representación del mundo cofrade torrevejense. Entre los asistentes se encontraba la vicepresidenta de la Junta Mayor de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa, Begoña Gálvez, junto al presidente de la Cofradía de la Dolorosa, Francisco Juan González Díaz. También estuvieron presentes presidentes y numerosos cofrades pertenecientes a distintas hermandades y cofradías de la Semana Santa de Torrevieja, que quisieron acompañar a la corporación en una fecha tan significativa.
Junto a ellos participaron en la celebración los hermanos mayores Pepe Lorenzo, José Vicente Bueno y María José López Moscardó, así como la camarera de la Virgen, Ana Grau, cuya labor se encuentra estrechamente vinculada al cuidado y preparación de la imagen para las diferentes celebraciones y actos en los que participa a lo largo del año.
La festividad de Nuestra Señora de los Dolores constituye cada año una ocasión para que los miembros de la cofradía renueven sus vínculos de fe, devoción y fraternidad, al tiempo que mantienen vivas unas tradiciones que forman parte del patrimonio religioso y cultural de la ciudad. Una devoción que encuentra su máxima expresión durante la Semana Santa, pero que permanece presente durante todo el año a través de este tipo de celebraciones y encuentros.
El Coro Maestro Ricardo Lafuente volvió a hacer gala de su solemnidad al participar de manera destacada en la Santa Misa celebrada en honor a Nuestra Señora de los Dolores. La agrupación actuó bajo la dirección de Aurelio Martínez, quien además asumió la interpretación al órgano, acompañando la liturgia con un repertorio cuidadosamente seleccionado que elevó la devoción y el fervor de todos los fieles presentes.
Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia tuvo lugar durante la interpretación del monumental “Stabat Mater Dolorosa”, obra del propio Aurelio Martínez. La formación vocal ejecutó la pieza de forma brillante, transmitiendo con gran expresividad y finura tonal la intensidad dramática del texto sagrado.
A lo largo de la celebración, el coro desplegó un equilibrado programa que alternó solemnidad y júbilo litúrgico. Entre las piezas interpretadas destacaron cánticos como el “Aleluya” y “Bendito seas Señor”, junto con vibrantes pasajes pertenecientes a la célebre Misa en Fa Mayor del recordado maestro Ricardo Lafuente. Asimismo, no faltaron clásicos de la música religiosa hispana tan arraigados en el sentir popular como el emblemático “Pescador de Hombres” de Cesáreo Gabaráin.
El broche de oro a una jornada de profunda fe y belleza musical lo puso la interpretación del “Ave María” de Francisco Palazón. Con esta última pieza, entonada antes de la conclusión de la liturgia, el Coro Maestro Ricardo Lafuente despidió la celebración entre el recogimiento y el reconocimiento de todos los asistentes.
La devoción a la Mater Dolorosa se desarrolla a partir de finales del siglo XI. En 1239, en la diócesis de Florencia, la Orden de los Servitas u Orden de frailes Siervos de María, cuya espiritualidad estaba muy ligada a la Santa Virgen, fijó la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre, un día después de la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz..
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