El primer domingo de Cuaresma amaneció en Torrevieja con un acto cargado de recogimiento, simbolismo y profunda emoción. La Junta Mayor de Cofradías de Torrevieja celebró en el Cementerio Municipal el tradicional responso por la memoria de los cofrades difuntos, un homenaje que cada año marca uno de los momentos más íntimos y sentidos del calendario previo a la Semana Santa.
Ante el monolito de la Junta Mayor, recientemente reinstalado en la calle principal del camposanto como lugar permanente de recuerdo y oración, se congregaron autoridades, representantes del mundo cofrade y numerosos fieles para rendir tributo a quienes dedicaron parte de su vida a engrandecer la Semana Santa torrevejense. El acto estuvo presidido por el alcalde de la ciudad, Eduardo Dolón, junto al presidente de la Junta Mayor, Francisco Montesinos, acompañados por la Corte Salinera, miembros de la corporación municipal, presidentes de las distintas cofradías, cofrades y simpatizantes.
El responso fue oficiado por el consiliario, el Rvdo. Gea Ferrández, cuyas palabras invitaron a la reflexión sobre el verdadero sentido de la Cuaresma: tiempo de conversión, memoria y esperanza. En un ambiente de absoluto respeto, solo roto por el suave murmullo de las oraciones, se elevó un recuerdo emocionado por todos aquellos hombres y mujeres que, desde el anonimato o la responsabilidad pública, contribuyeron con su esfuerzo y devoción a mantener viva la tradición cofrade.
La ofrenda floral ante el monolito simbolizó el agradecimiento colectivo a tantas generaciones que dejaron huella en las hermandades y procesiones de la ciudad. No faltó la presencia de los distinguidos con el título de “Capirote de Oro 2026”, Ernesto Gea, Armando Mañogil y Edmundo Prades, quienes se sumaron a este gesto de respeto y continuidad.
Este acto, sobrio y profundamente espiritual, supone el pórtico de una Cuaresma que irá intensificando sus citas hasta desembocar en la esperada Semana Santa. Con él, la Junta Mayor reafirma su compromiso no solo con la organización de los desfiles procesionales, sino también con la memoria de quienes hicieron posible que hoy Torrevieja pueda presumir de una celebración arraigada, participativa y cargada de identidad.
Porque antes del incienso, las marchas y el fervor en la calle, la Semana Santa comienza en el silencio agradecido de un cementerio, donde la fe y el recuerdo se entrelazan para mantener viva la llama de la tradición.
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