La Mata despide sus Fiestas Patronales con una emotiva celebración en la que la lluvia obligó a cambiar la tradicional procesión por un recorrido dentro del templo, mientras un espectacular castillo de fuegos artificiales iluminaba la noche
La Mata vivió ayer su Día Grande con una jornada marcada por la emoción, el fervor y la tradición. La Solemne Eucaristía dedicada a la Santísima Virgen del Rosario puso el broche de oro a unas Fiestas Patronales que han llenado de luz, música, convivencia y sentimiento las calles de la pedanía torrevejense. La jornada comenzó con la Misa vespertina en la parroquia local, una solemne celebración oficiada por el párroco, Francisco Javier Parreño, que reunió a numerosos fieles dispuestos a acompañar a su Patrona en una de las noches más importantes del calendario festivo de La Mata.
El acompañamiento musical corrió a cargo del Coro Nuevo Amanecer de Torrelamata, dirigido por Aníbal Cano Pettersen, que puso sus voces al servicio de una celebración especialmente emotiva. Al finalizar la Eucaristía, la interpretación del sentido “Himno a la Virgen del Rosario” consiguió llenar el templo de emoción, mientras los fieles acompañaban con devoción a la imagen de la Patrona.
Todo estaba preparado para que la Virgen saliera a las calles en la tradicional y solemne procesión. Sin embargo, cuando llegaba el momento de iniciar el recorrido, una intensa lluvia hizo acto de presencia y obligó a suspender la salida tal y como estaba prevista.
La circunstancia no era menor. Desde el año 1974 no se había suspendido la procesión de la Virgen del Rosario por las calles de La Mata debido a la lluvia, por lo que la situación tenía un carácter especialmente excepcional. Pero si algo caracteriza a los materos es su capacidad para mantener vivas sus tradiciones incluso cuando las circunstancias obligan a cambiar los planes. Y así ocurrió. Porque la lluvia podrá cambiar un recorrido, pero difícilmente puede cambiar la devoción de todo un pueblo.
Ante la imposibilidad de realizar la procesión por las calles, se improvisó una emotiva procesión en el interior del templo. La imagen de la Virgen fue acercándose hasta el umbral de la iglesia, donde esperaba su pueblo para despedirla entre vítores, aplausos y muestras de cariño.
Fue un momento de enorme emoción. La Virgen, situada ante la puerta del templo, parecía asomarse simbólicamente a unas calles que aquella noche no podía recorrer, mientras los materos se agolpaban para acompañarla y demostrarle, una vez más, que la tradición también puede adaptarse sin perder su esencia. Y como si el cielo hubiera querido poner el punto final a la celebración, un espectacular castillo de fuegos artificiales iluminó la noche, ofreciendo una despedida llena de luz y color.
Mientras tanto, las campanas marcaban el momento y los acordes de la Banda de la Sociedad Musical “Ciudad de Torrevieja – Los Salerosos”, dirigida por Alejandro Gómez, acompañaban el acto. El aroma del incienso y el murmullo de las plegarias se mezclaban con la música, creando una atmósfera solemne y profundamente emotiva.
La lluvia, que en principio parecía querer robar protagonismo a la noche grande de La Mata, terminó formando parte de una despedida diferente, pero no menos especial. Porque si algo quedó demostrado fue que la fe de los materos no entiende de paraguas ni de pronósticos meteorológicos.
Entre los asistentes se encontraba el alcalde de Torrevieja, Eduardo Dolón; la Reina de La Mata, Carlota Sánchez; la Reina de la Sal, Daniela Gómez, junto a su dama, Miriam Córdoba, además de los concejales Federico Alarcón, Concha Sala, Ricardo Recuero, Domingo Paredes y Antonio Vidal.
También estuvieron presentes el delegado Manuel Paredes Santos, el presidente de la Cofradía Virgen del Rosario, Cayetano Gil, y el presidente de la Junta Mayor de Cofradías, Francisco Montesinos, quienes acompañaron este momento tan señalado junto a numerosos vecinos y representantes de las entidades locales.
La celebración puso así el punto final a unas Fiestas Patronales vividas con intensidad, participación y devoción. Unas fiestas en las que La Mata ha vuelto a demostrar el alma que la distingue, esa mezcla de tradición, sentimiento, convivencia y orgullo por sus raíces. Y aunque este año la Virgen del Rosario no pudo recorrer las calles como manda la tradición, los materos encontraron la manera de llevar la procesión hasta el corazón del pueblo. Porque la lluvia consiguió mojar las calles, pero no pudo apagar la fe.
La Mata despidió sus fiestas con la Virgen junto a su gente, con música, incienso, campanas, vítores y fuegos artificiales. Una noche distinta, quizá improvisada, pero precisamente por eso aún más difícil de olvidar.
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