A las once y media de la mañana, y con el sol todavía concediendo una pequeña tregua, La Mata volvió a vivir una de esas mañanas en las que uno no sabe muy bien si está en Torrevieja, en Pamplona o directamente en un episodio de “Cuéntame cómo pasó”, pero con toros de plástico y mucha más espuma. La Plaza del Ayuntamiento se transformó por unas horas en una particular Estafeta salinera. El chupinazo dio el pistoletazo de salida y comenzó el encierro. Y sí, había toros. Seis, para ser exactos. Eso sí, conviene aclarar que pertenecían a la prestigiosa ganadería “Plastic de Plastic”, por lo que el riesgo de acabar en la enfermería era bastante menor que en Pamplona, aunque algún que otro corredor descubrió que un cuerno de plástico también puede encontrar perfectamente el camino hacia una camiseta.
Vestidos de blanco, con el tradicional pañuelo rojo al cuello y toda la parafernalia sanferminera, los participantes se echaron a las calles dispuestos a demostrar que en La Mata también hay corredores capaces de correr delante de los astados. Bueno, delante, detrás, de lado y, en algún caso, en dirección contraria. Porque cuando aparece un toro de dos metros, aunque sea de plástico, la teoría dice una cosa y las piernas suelen decidir otra.
Antes de comenzar la carrera llegó también el momento de encomendarse a la patrona. Y aquí no hubo dudas: nada de “a San Fermín pedimos”. En La Mata se juega en casa y se pidió la protección de la Virgen del Rosario, para que guiara a los corredores y, sobre todo, para que ningún toro de plástico provocara más daños de los estrictamente necesarios.
Las calles se llenaron de corredores con más entusiasmo que técnica taurina. Hubo derrapes, frenazos, algún tropiezo y más de un participante que descubrió que correr mirando hacia atrás para comprobar dónde está el toro no suele ser una gran estrategia. Pero, por encima de todo, hubo risas, carreras y muchas ganas de pasarlo bien.
La imagen era de esas que merecen ser guardadas: cientos de personas disfrutando de una fiesta que convirtió por unas horas a La Mata en una pequeña Pamplona con acento mediterráneo. Más de quinientas personas participaron o disfrutaron del espectáculo, demostrando que para organizar un buen encierro no hacen falta toros bravos, basta con tener imaginación, ganas de fiesta y unos cuantos animales de plástico con muy malas pulgas.
El encierro desembocó finalmente en la plaza portátil de Encarnación Puchol, donde esperaba el momento grande de la mañana. Allí saltaron al ruedo los seis astados de la ganadería “Plastic de Plastic” y comenzó la faena.
Hubo manoletinas, desplantes, pases de pecho y todo tipo de lances taurinos ejecutados por auténticos valientes. Algunos demostraron unas condiciones para el toreo francamente prometedoras y otros demostraron, sencillamente, que correr delante de un toro de plástico es bastante más fácil que torearlo cuando tienes al animal a medio metro de la nariz.
Entre aplausos, carcajadas y alguna que otra mirada de complicidad, la plaza se convirtió en el escenario perfecto para cerrar el encierro. Y lo mejor de todo es que, un año más, la fiesta consiguió lo verdaderamente importante: que pequeños y mayores disfrutaran juntos de una jornada diferente.
Y como en toda gran celebración que se precie, llegó el momento de poner el broche de oro. O, mejor dicho, de espuma.
Porque después de correr, torear y sobrevivir a seis toros de “Plastic de Plastic”, lo mínimo que podía hacer La Mata era regalar a sus corredores una buena dosis de espuma. Y allí acabaron muchos: mojados, despeinados, con aspecto de haber sobrevivido a una tormenta de jabón y, eso sí, con una sonrisa de oreja a oreja.
Al final, ni heridas de asta, ni cornadas, ni visitas al quirófano. Solo alguna carrera descontrolada, algún resbalón y la certeza de que, por un día, La Mata volvió a demostrar que para montar unos Sanfermines no hace falta estar en Pamplona. Solo hace falta tener ganas de correr… y saber que los toros son de plástico.
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