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La Mata sobrevive a dos noches de verbena, calor y baile sin pedir permiso al cuerpo

La plaza de Encarnación Puchol volvió a demostrar que en las fiestas de verano de La Mata hay dos cosas que nunca faltan el calor y las ganas de bailar hasta que las piernas presenten una reclamación formal

VÍDEO: Pinchando sobre la foto

Si alguien pensaba que el verano iba a dar una tregua en La Mata, puede ir olvidándose. Aquí se viene a sudar, bailar y, si queda alguna fuerza después, volver a bailar. La plaza de Encarnación Puchol ha vivido dos noches de esas que empiezan diciendo “solo vamos a tomar algo” y terminan cuando alguien pregunta qué hora es y descubre que el sol lleva un rato trabajando.

El pasado viernes y ayer sábado, las fiestas de verano de la pedanía volvieron a convertir el corazón de La Mata en un auténtico cocedero humano, aunque conviene aclarar que el marisco no estaba en el menú. El responsable fue el cóctel habitual de estas fechas: muchísima gente, música, ganas de fiesta y un calor capaz de hacer sudar hasta a los abanicos. La plaza se llenó hasta donde prácticamente se podía llenar, y cuando ya no cabía ni un alma, apareció la solución tradicional: “Pues nos apretamos un poquito más”. Y se apretaron.

Mr. Hyde puso a bailar hasta al que había ido a mirar

El viernes llegó uno de los platos fuertes de estas fiestas con la actuación de Mr. Hyde, una formación especializada en llevar al escenario grandes éxitos y convertirlos en una auténtica fiesta en directo. La banda puso toda la carne en el asador —y teniendo en cuenta la temperatura de la plaza, quizá no hacía falta añadir más calor— y consiguió que más de 2.000 personas se entregaran a la música.

Noche de verbena en La Mata con Mr. Hyde

Mr. Hyde desplegó su repertorio de versiones y temas reconocibles dentro del pop, rock y música de fiesta, haciendo que el público cantara, saltara y bailara con esa curiosa capacidad que tenemos los seres humanos para olvidar durante unas horas que al día siguiente existen las agujetas. La actuación fue ganando temperatura —aunque eso parecía complicado— y la plaza terminó convertida en una gigantesca pista de baile. Había gente bailando delante del escenario, gente bailando detrás, gente bailando en los laterales y algún que otro ciudadano que probablemente no estaba bailando, sino intentando encontrar a sus amigos, pero que, visto desde lejos, daba el pego perfectamente.

Y cuando terminó Mr. Hyde comenzó el segundo turno

Pero en La Mata nadie parecía dispuesto a entender que la noche tuviera un final. Después de Mr. Hyde llegó el turno de los DJ, que recogieron el testigo y prolongaron la fiesta hasta bien entrada la madrugada. Y aquí empezó ese fenómeno tan estudiado en las fiestas populares: el cuerpo dice que no puede más, pero los pies no han recibido todavía la información. Sonaba una canción y se bailaba. Llegaba otra y se bailaba. Empezaba una tercera y alguien gritaba aquello de “¡esta es la última!”. Así, entre éxitos, mezclas y muchas ganas de fiesta, la madrugada fue avanzando hasta esa misteriosa hora en la que uno ya no sabe si está disfrutando de la noche o simplemente negociando con sus rodillas.

Sábado de verbena y operación supervivencia

Y cuando parecía que La Mata necesitaba urgentemente un día de descanso, llegó el sábado. La noche volvió a reunir a un buen número de vecinos y visitantes para disfrutar de la Gran Verbena Popular, acompañada por una gran disco móvil y una nueva sesión de DJ dispuesta a demostrar que aquello de “ayer acabamos tarde” no tenía ninguna importancia. El objetivo estaba claro: que nadie dejara de mover el esqueleto. Y se consiguió.

El personal volvió a entregarse a la música con una energía que, sinceramente, empieza a ser digna de estudio científico. Porque después de una noche como la del viernes, mantener el ritmo el sábado requiere algo más que ganas: requiere reservas de combustible que probablemente todavía no han sido descubiertas por la ciencia. Eso sí, hubo una parada técnica que se convirtió en imprescindible. La barra de la Peña Festera se transformó en el auténtico servicio oficial de repostaje de las fiestas. Porque bailar da sed. Muchísima sed. Y entre canción y canción había que acercarse a la barra, hidratarse convenientemente y regresar al campo de batalla. Algunos entraban en la barra diciendo “solo una rápida” y salían después de haber resuelto prácticamente todos los asuntos pendientes de la noche.

Música, calor y diversión en La Mata

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