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La música abrazó la naturaleza en una tarde inolvidable en los Jardines del Auditorio

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Los Jardines del Auditorio volvieron a convertirse ayer en un escenario privilegiado donde música y naturaleza se dieron la mano en una tarde de septiembre especialmente agradable. El murmullo de los árboles, la luz todavía cálida del verano y el ambiente sereno del entorno acompañaron al público que se acercó para disfrutar del tercero de los conciertos al aire libre del 6º Ciclo de Música en el Parque, una propuesta que vuelve a demostrar cómo los espacios abiertos pueden convertirse en lugares excepcionales para vivir la música de una manera diferente.

En esta ocasión, el programa fue concebido para una formación poco habitual y especialmente atractiva, integrada por piano, percusión, soprano y violín. Una combinación de instrumentos capaz de recorrer registros muy diferentes, desde la intimidad y la delicadeza de una voz acompañada por el piano hasta la fuerza rítmica de la percusión y la expresividad del violín.

El concierto reunió a un numeroso grupo de aficionados y amantes de la música, que pudieron disfrutar de una selección cuidadosamente escogida en la que convivieron grandes canciones de la música internacional, clásicos de la canción romántica, piezas de inspiración mediterránea, sonidos latinoamericanos y composiciones de marcado carácter instrumental.

Entre los asistentes se encontraban el concejal de Educación, Ricardo Recuero, y la presidenta de Ars Aetheria, Mamen Mateo. La cita contó además con una invitada muy especial, Pilar Tabares, reconocida presentadora, productora y directora de numerosos programas de éxito de RTVE, entre ellos el popular Operación Triunfo, cuya presencia aportó un atractivo añadido a una velada que desde el primer momento despertó gran expectación.

Una voz que puso emoción a la tarde

La voz de la soprano Lucía España fue uno de los grandes protagonistas de la tarde. Su interpretación aportó sensibilidad y calidez a un repertorio en el que las canciones exigían diferentes registros expresivos, pasando de la delicadeza y la introspección a momentos de mayor intensidad y dramatismo.

Junto a ella, Paula Ferrández se situó al piano, instrumento fundamental para construir la atmósfera de buena parte de las interpretaciones. El piano permitió acompañar y sostener la voz, pero también adquirir protagonismo propio mediante arreglos en los que sus notas dialogaban constantemente con el violín y la percusión.

En la percusión estuvo Daniel Mauri, encargado de proporcionar el pulso y la energía necesarios para un repertorio tan variado. Su participación permitió introducir diferentes matices rítmicos y reforzar el carácter de algunas de las piezas, especialmente aquellas relacionadas con la música latinoamericana y los ritmos populares.

El violín de Nicolay Grabovskiy completó una formación de gran riqueza tímbrica. Su instrumento aportó profundidad, lirismo y una extraordinaria capacidad para envolver las melodías, estableciendo en muchos momentos un hermoso diálogo con la soprano y creando pasajes de gran belleza junto al piano.

Un viaje musical de grandes canciones

El programa comenzó con “The Sound of Silence”, la célebre composición de Paul Simon, una canción marcada por su carácter introspectivo y por una melodía que ha trascendido generaciones. En esta formación, la pieza adquirió una dimensión especialmente íntima, permitiendo que la voz y el violín resaltaran su carácter melancólico y reflexivo.

La emoción continuó con “Can You Feel the Love Tonight”, de Elton John, una de las canciones más reconocibles de la banda sonora de El Rey León. Su melodía romántica y envolvente permitió a Lucía España desplegar una interpretación cálida, mientras el piano aportaba el soporte armónico y el violín subrayaba la dimensión más emotiva de la pieza.

Uno de los momentos instrumentales más especiales llegó con “Oblivion”, del compositor argentino Ástor Piazzolla. Esta obra es una magnífica muestra del llamado tango nuevo, en el que Piazzolla llevó el tango tradicional hacia territorios de mayor libertad armónica y expresiva. El violín de Nicolay Grabovskiy encontró en esta pieza un espacio perfecto para mostrar su capacidad expresiva, acompañado por un piano y una percusión que contribuyeron a recrear su atmósfera nostálgica.

El otoño pareció hacerse presente en los Jardines del Auditorio con “Autumn Leaves”, canción asociada a la composición musical de Joseph Kosma sobre un texto de Jacques Prévert. Su conocida melodía, teñida de nostalgia y evocación, encontró en la voz y los instrumentos una interpretación pausada y elegante.

La música española estuvo representada por “Hijo de la Luna”, de José María Cano, una de las composiciones más conocidas del repertorio de Mecano. La historia que encierra la canción y su particular carácter narrativo convierten esta pieza en una de esas melodías que permiten a la cantante contar una historia además de interpretarla, mientras el acompañamiento instrumental potencia su dramatismo.

También hubo espacio para uno de los grandes himnos de la canción mediterránea, “Mediterráneo”, de Joan Manuel Serrat. Una composición profundamente ligada al paisaje, al mar y a la memoria, que en un concierto celebrado precisamente al aire libre adquirió un significado especial. La voz de Lucía España y el acompañamiento instrumental contribuyeron a resaltar esa mezcla de nostalgia, identidad y amor por el Mediterráneo que caracteriza a la canción.

El viaje internacional prosiguió con “Fly Me to the Moon”, popularizada internacionalmente por numerosas voces y compuesta por Bart Howard. Su elegante aire de jazz y su ritmo envolvente ofrecieron un cambio de ambiente, aportando a la tarde un toque sofisticado y cercano a los grandes clubes de música americana.

Desde Portugal llegó “Amar pelos dois”, de Luísa Sobral, canción con la que Salvador Sobral conquistó al público europeo en el Festival de Eurovisión. Su carácter íntimo y desnudo, basado en una melodía sencilla pero profundamente emotiva, encontró en la voz de Lucía España uno de los momentos más delicados de la velada.

La alegría y el carácter popular llegaron con “Qué Bonito”, de Rosario Flores, una canción vitalista y luminosa que permitió introducir un registro más rítmico y desenfadado. El contraste con las piezas anteriores aportó dinamismo a un programa que fue alternando constantemente diferentes emociones.

El repertorio continuó con “La Gata bajo la Lluvia”, de Rafael Pérez Botija, una de las grandes canciones de la música popular española. Su conocida melodía y su carácter de balada romántica permitieron nuevamente que la voz adquiriera el protagonismo, apoyada por un acompañamiento instrumental concebido para realzar la emoción de la letra.

De nuevo Ástor Piazzolla estuvo presente con “Libertango”, una de sus composiciones más populares y reconocibles. Frente al carácter introspectivo de “Oblivion”, esta obra mostró la faceta más rítmica, innovadora y poderosa del compositor argentino. La combinación de violín, piano y percusión permitió recrear ese espíritu de tango moderno que convirtió a Piazzolla en una figura fundamental de la música del siglo XX.

Los ritmos latinoamericanos cobraron protagonismo con “Oye cómo va”, de Israel “Cachao” López, una composición que posteriormente alcanzaría enorme popularidad en la versión de Santana. Su marcado componente rítmico ofreció uno de los momentos más animados de la tarde, con la percusión de Daniel Mauri adquiriendo especial relevancia.

La sensibilidad regresó con “Tómame o Déjame”, de Juan Carlos Calderón, una composición que forma parte de la memoria musical de varias generaciones. Su melodía permitió recuperar el carácter más romántico del concierto y volver a situar la voz como eje central de la interpretación.

Como broche del recorrido musical se escuchó “Killing Me Softly with His Song”, compuesta por Charles Fox con letra de Norman Gimbel. Una canción de carácter íntimo que ha sido interpretada por numerosos artistas y que, en esta ocasión, permitió cerrar el programa desde la emoción y la elegancia.

Un aplauso que quiso detener la tarde

La sucesión de canciones, estilos y colores musicales convirtió el concierto en un auténtico viaje sonoro en el que el público pasó de la nostalgia a la alegría, del tango al jazz, de la canción española a los ritmos latinoamericanos y de las grandes baladas internacionales a composiciones profundamente ligadas al Mediterráneo.

Todo ello tuvo además un acompañamiento excepcional: el propio entorno natural de los Jardines del Auditorio. Las notas del piano, el violín, la percusión y la voz de Lucía España se mezclaron con los sonidos de la naturaleza, creando una atmósfera difícil de reproducir en una sala cerrada.

El público respondió con entusiasmo al final de la actuación y ofreció a los intérpretes una prolongada ovación, con numerosos asistentes puestos en pie. Fue el reconocimiento a una tarde en la que la música consiguió algo tan sencillo como extraordinario: reunir a un público diverso alrededor de las emociones que despiertan las grandes canciones.

Una vez más, el 6º Ciclo de Música en el Parque demostró que la cultura puede salir de los escenarios convencionales y encontrarse con la ciudadanía en espacios abiertos, donde cada nota parece adquirir una dimensión diferente. Y ayer, en los Jardines del Auditorio, la música no solo sonó: se respiró, se sintió y se fundió con la naturaleza para regalar una tarde verdaderamente inolvidable.


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