Si alguien pensaba que el 14 de julio iba a ser una fiesta exclusivamente francesa, España se encargó de cambiar el guion. En pleno Día Nacional de Francia, La Roja conquistó la Bastilla futbolística con un contundente 2-0 que la mete en la gran final del Mundial dieciséis años después. Y en Torrevieja, como no podía ser de otra manera, la celebración fue por todo lo alto.
El Teatro Municipal volvió a convertirse en el auténtico templo del fútbol. Desde mucho antes del pitido inicial no cabía un alfiler y, durante noventa minutos, cientos de aficionados vivieron el encuentro como si estuvieran en la grada del estadio. Cada ocasión levantaba al público de sus asientos, cada parada se celebraba como un gol y, cuando llegaron los tantos de España, aquello literalmente se vino abajo. El rugido fue ensordecedor. Y con el pitido final, la explosión de alegría confirmó que Torrevieja ya sueña con levantar otra Copa del Mundo.
Pero el Teatro Municipal no fue el único escenario de la fiesta. Bares, restaurantes y terrazas de toda la ciudad organizaron quedadas para seguir el encuentro entre amigos, familias y aficionados. Las pantallas se llenaron, las banderas rojigualdas ondearon y el ambiente fue el de las grandes noches que quedan para el recuerdo.
Los chiringuitos de las playas tampoco quisieron perderse la cita. Uno de los más animados fue el Pura Vida, en la playa de La Mata, donde el final del partido dio paso a una celebración espectacular con fuegos artificiales que iluminaron el cielo y arrancaron los aplausos de todos los presentes. Porque una clasificación para una final del Mundial bien merece un castillo de fuegos… aunque esta vez los que acabaron explotando fueron los franceses.
Sobre el césped, España volvió a demostrar que atraviesa uno de sus mejores momentos. El conjunto dirigido por Luis de la Fuente ofreció un partido muy serio, dominando gran parte del encuentro y golpeando en los momentos justos para dejar sin respuesta a una selección francesa que apenas pudo reaccionar.
Los goles llevaron la firma de Mikel Oyarzabal y Pedro Porro, dos de los grandes protagonistas de una selección que mezcla juventud, talento y una enorme personalidad. Francia lo intentó, pero se encontró con una España muy sólida atrás y tremendamente eficaz en ataque. Al final, un 2-0 que no admite discusión y que certifica el billete para la gran final.
Y qué bonita la ironía del calendario. El 14 de julio, mientras en Francia celebraban la toma de la Bastilla, fue España la que acabó tomando la suya. No hizo falta cañón alguno; bastaron un balón, dos goles y una afición entregada para dejar claro que, por una noche, los fuegos artificiales cambiaron de bandera.
Ahora queda el último paso. El próximo 19 de julio, a las 21:00 horas, España disputará la gran final de la Copa del Mundo frente al vencedor de la otra semifinal entre Argentina e Inglaterra que se ceñebrarça en Mueva York. Será una cita histórica. Dieciséis años después, La Roja vuelve a tener la oportunidad de proclamarse campeona del mundo y todo un país ya cuenta las horas para volver a soñar.
Y si algo quedó claro este lunes en Torrevieja es que la ciudad está preparada para vivir otra noche inolvidable. Porque cuando juega España, no importa si el escenario es un estadio, un teatro, un bar o un chiringuito frente al mar. La ilusión siempre encuentra sitio. Y quién sabe… quizá el próximo sábado haya que volver a tomar otra fortaleza, aunque esta vez sea la del campeón del otro lado del cuadro.
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