Lo que me pasma de mi plasma: ¡¡Viva Chile,… mierda!!

Fernando Guardiola

Pasmado, como dice el titular genérico de este artículo quedeme, cuando el pasado día 14 de octubre  y ver a través de mi plasma, salir de la mina el último de los mineros atrapados,  el presidente de  la República de Chile, Sebastián Piñera, poniéndose un casco de minero sobre el corazón gritó eufórico: ¡Viva Chile!, ¡Viva Chile!…. ¡Viva Chile! ¡Mierda!. No me quedó más remedio que acudir a amigos inmigrantes residentes en nuestra ciudad para que me descifraran tan rotundo grito, y me comentaron que soltar tal palabra, es como unaafirmación patriótica de aliento para con su País,… (Algo parecido al ¡vamos! de Arancha Sánchez Vicario en los partidos de Roland Garros).Aunque al final esto quedara solo como una anécdota, me hizo recapacitar y sentir una envidia, pero “envidiosa”, soy de los que creo que no existe eso de la “envidia sana”, de ver un pueblo unido en torno a un presidente, a una bandera y una circunstancia, y que esa situación no sea el motivo para gritar ¡viva Chile!, sino que según me cuentan es un sentir que se “mama” a diario en casi todos los países del mundo,…. Menos como siempre en el nuestro.Esta comprobado que la euforia patriótico-festiva que recorrió de norte a sur España, el pasado Junio al ganar España la Copa Mundial de Fútbol, fue solo un espejismo. De vergüenza nacional podemos tachar, lo que el Día de la Fiesta Nacional, pudimos ver a través de televisión, cuando, incluso cuando se homenajeaba a los caídos por la patria, un numeroso grupo de energúmenos, insultaba y vejaba al presidente del gobierno de la nación, y con esos insultos se menospreciaba el acto, a la bandera, al rey y lo más importante a los caídos y familiares, que atónitos asistían y participaban en el acto. No trato de criticar que la libertad de opinar en público e incluso abuchear a los que nos gobiernan, es legal  y un derecho ineludible, pero hay escenarios, y situaciones más propicias para ello, y sobre todo, la más significativa de ellas, … las urnas. Me siguen dando envidia, esas fiestas que celebran en honor a sus  países y sus símbolos en todo nuestro entorno, donde el respeto a los mismos esta fuera de toda duda, cuando aquí a la mínima, la que paga el pato es precisamente la bandera, a la que se quema y se ultraja a las primeras de cambio, cuando lo que se pretende, en vez de defenderlo por la vía de la palabra, lo hacen por el del desprecio más absoluto a lo que en vez de separarnos debería unirnos.

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