La exposición Sorolla. Obras maestras del Museo Sorolla y el Centro de Arte Hortensia Herrero han sido los enclaves culturales a los que ha asistido un amplio grupo de los séniores de la UNED torrevejense
Cada tarde, de entre las muchas lectivas en el calendario universitario torrevejense, decenas de estudiantes sénior asisten a alguno de los cursos organizados por la Universidad abierta, aula dirigida a mayores de 55 años que cada mes cuentan con una propuesta distinta.
En noviembre, el aforo se está desbordando, cual río Nilo, gracias a las ponencias de Santiago Mallebrera, apasionado del Antiguo Egipto, que está acumulando ovaciones en el Salón de Actos del Conservatorio Internacional y generando conversación durante la conferencia —los turnos de preguntas fueron al final en las primeras sesiones y ahora ya se plantean durante la misma—. En el programa de extensión universitaria, se incluye la proyección de una película con coloquio, dentro del ciclo cine crítico, un martes al mes, en el Centro Cultural Virgen del Carmen.
Lo que se ha añadido este viernes, 14 de noviembre, no estaba programado. Fue a partir de la propuesta de una de las sénior que Jesucristo Riquelme se puso al mando de las naves y condujo al alumnado a buen puerto. La travesía comenzó temprano, nos desperezábamos en el autobús camino a Valencia donde nada más llegar nos dirigimos a la Fundación Bancaja, sede de la exposición, titulada: Sorolla. Obras maestras del Museo Sorolla.
Cincuenta personas, divididas en dos grupos, de 25 y 25 componentes, los alumnos habituales de la Universidad abierta, algunos de ellos residentes internacionales, nos turnamos para asistir a una de las visitas privadas y comentadas a esta muestra pictórica que reúne obras emblemáticas del relevante artista valenciano.
A la salida, tras visitar algunos el Palacio del Marqués de Dos Aguas y disfrutar otros de las interpretaciones al piano de distintas obras dada la iniciativa de música en la calle que precisamente se celebró ese día, se segmentaron —momentáneamente— los grupos para comer y, tras una rauda sobremesa y sin lugar para la siesta, estábamos todos frente a la puerta del Centro de Arte Hortensia Herrero, lugar en el que también de manera guiada nos explicaron las maravillas de la colección de arte contemporáneo que el antiguo Palacio de Valeriola alberga.
Sobre el encuentro con la obra de Sorolla y las sorpresas que reúne el CAHH nos hablan dos de sus protagonistas:
Argenis Rojas afirma que, en la Fundación Bancaja, además de la excelente exposición del guía, Alberto Beneyto, “a simple vista puedes notar el amor que tenía el artista por el arte, por la familia, su esposa e hijos. Transmite mucho ver estas cosas”.
Sobre la visita al CAHH, Celia Martínez subraya: “Me ha sorprendido positivamente. He visto muchas cosas que me han impactado. Desde la obra del equipo japonés —se refiere a El mundo del cambio irreversible— hasta el cambio que ha dado David Hockney en el cambio artístico, a nivel tecnológico. Argenis añade: “Valió la pena cada segundo en este lugar”.
Le preguntamos a Celia por su experiencia como estudiante de la Universidad abierta. Su respuesta es de las que refuerza el compromiso que UNED Torrevieja tiene con la educación superior y las personas que forman parte de ella: “Mi experiencia como estudiante de la Universidad abierta es inmejorable. Tanto con los profesores, la organización, los cursos… Los temas que se han tratado son muy variados, vengo del mundo del arte y han estado muy bien los de Humanidades, pero los científicos también, sin duda una experiencia fantástica, fantástica, para repetir todos los años”.
Pocos minutos antes de las diez de la noche nos apeábamos del autobús en la calle Ramón Gallud, tras haber realizado una excursión cultural que sin duda ha merecido la pena. Para la consolidación del calado cultural que el Aula de UNED Torrevieja aporta a la sociedad local, así como para estrechar lazos entre estudiantes que, tanto a orillas del Nilo como del Júcar, están descubriendo nuevas y peculiares maneras de entender y transmitir el mundo, a través de las distintas disciplinas, y, lo más importante, disfrutando de los hallazgos y de los placeres del aprendizaje voluntario.
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