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Manolico y Carla arrancan el sprint final hacia el “sí, quiero” … ¡con meta en 2027!

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VÍDEO: Pinchando AQUÍ

Si alguien pensaba que en la prolongación de la calle Maldonado hasta la avenida Diego Ramírez solo se podía comprar pollo o retapizar el sofá, es que no estuvo ayer en el callejón más famoso del amor, ese que queda entre la pollería Rebollo y la tapicería Balduino. Allí no se vendieron muslos ni se arreglaron sillones… ¡se comprometieron corazones! Porque nuestro querido ciclista profesional Manolico Peñalver decidió que, si en la carretera se ganan etapas al sprint, en el amor se gana a lo grande. Y vaya si lo hizo. Junto a la dulce, paciente y valiente maestra de infantil Carla Polizzi —una heroína diaria capaz de sobrevivir a veinte niños con témpera y plastilina— anunciaron ante casi un centenar de amigos y familiares que se casan. Que en el ciclismo y en el matrimonio, las cosas importantes se preparan con fondo.

Una pedida de mano versión “Gran Premio”

Lo que antes se llamaba “pedir la mano” ahora se celebra con música, aperitivos y más ambiente que en una etapa reina. Desde bien entrada la mañana y hasta que el cuerpo dijo basta, la zona quedó tomada por una enorme carpa bajo la cual se vivió una auténtica verbena del amor.

Testigos de excepción fueron los padres de los protagonistas: Manolo y Mariola por un lado; Maite y David por el otro. Emocionados, sonrientes y probablemente ya pensando en listas de invitados, menús y en quién llevará las arras. Los abuelos, como no podía ser de otra manera, observaban la escena con esa mezcla de orgullo y pensamiento interno de “esto antes se hacía con un café y unas pastas”.

Pero no. Aquí hubo cocina improvisada, aperitivos para ellas, bebidas para brindar y una alegría que se desbordaba por cada esquina del callejón.

Banda sonora para un amor a ritmo de verbena

Si algo no faltó fue música. La charanga Da Capo de Orihuela puso la banda sonora a una jornada inolvidable. Sonaron temas como “La Morocha” y otras canciones capaces de levantar hasta al más tímido. Hubo bailes, palmas, risas y algún que otro paso prohibido que, por suerte, no quedó registrado oficialmente (o eso esperamos).

Manolico, acostumbrado a subir puertos imposibles, demostró que también sabe moverse cuando suena la charanga. Carla, experta en coreografías infantiles y festivales de fin de curso, marcaba el ritmo como si estuviera organizando el Día de la Paz… pero con más alegría líquida.

Amor con paciencia (que la meta está lejos)

Eso sí, que nadie saque el arroz todavía. La boda será en octubre de 2027. Porque si algo tienen claro estos jóvenes es que el matrimonio no es un sprint corto: es una clásica de fondo, con estrategia, avituallamientos y mucha complicidad.

Mientras tanto, tienen tiempo de sobra para organizar, soñar y seguir celebrando. Porque si la pedida ha sido así… no queremos ni imaginar cómo será el enlace. Igual cortan la calle entera. O piden etapa especial.

Desde este periódico solo podemos decir que pocas veces un callejón ha sido tan testigo de tanta felicidad. Entre pollos y sofás, nació oficialmente una nueva etapa en la vida de Manolico y Carla.

Y como diría cualquier comentarista deportivo: ¡Arranca el sprint final hacia el “sí, quiero”… y parece  Manolo y Cala llegan en cabeza!


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