Cada verano, la presencia de organismos flotando en la superficie del mar despierta la inquietud de miles de bañistas. Sin embargo, no todo aquello que tiene aspecto de medusa pertenece realmente a este grupo de animales. Dos de las especies más llamativas que pueden encontrarse en el Mediterráneo, la carabela portuguesa y la barqueta, suelen confundirse con medusas, aunque en realidad su naturaleza es muy diferente.
La principal diferencia radica en que las medusas son un único organismo, mientras que tanto la carabela portuguesa (Physalia physalis) como la barqueta (Velella velella) son auténticas colonias de pequeños animales, conocidos como pólipos. Cada uno de estos individuos está especializado en una función concreta —alimentación, defensa o reproducción— y todos trabajan de forma coordinada, hasta el punto de comportarse como si fueran un solo ser vivo. Separados no podrían sobrevivir.
La especie que más preocupa por sus efectos sobre las personas es la carabela portuguesa. A pesar de su belleza, con sus tonos azulados y violáceos y su característica bolsa de gas que sobresale del agua como si fuera una vela, se trata de uno de los organismos marinos más peligrosos que pueden aparecer cerca de nuestras costas. Esa estructura llena de gas le permite mantenerse a flote mientras el viento y las corrientes la desplazan a grandes distancias. Incluso puede desinflar parcialmente esa «vela» para sumergirse cuando las condiciones lo requieren.
Su peligro reside en sus largos tentáculos, capaces de alcanzar varios metros de longitud y cargados de potentes células urticantes. El contacto con ellos provoca un intenso dolor, lesiones en la piel y, en determinados casos, reacciones de mayor gravedad que requieren atención médica. Además, sus tentáculos pueden seguir siendo urticantes incluso cuando el animal ha muerto o ha quedado varado en la playa, por lo que nunca deben tocarse.
Aunque la carabela portuguesa no es una especie habitual en el Mediterráneo, su presencia aumenta de forma ocasional durante la primavera y el verano, favorecida por determinados vientos y corrientes marinas que la arrastran desde el Atlántico. Cuando aparecen ejemplares cerca de la costa, las autoridades suelen izar la bandera correspondiente y restringir temporalmente el baño para evitar accidentes.
Muy distinta es la situación de la barqueta (Velella velella), otra colonia de pólipos que también navega impulsada por el viento gracias a una pequeña vela rígida situada sobre un flotador ovalado de color azul intenso. Es frecuente verla en primavera, especialmente cuando miles de ejemplares son arrastrados hasta las playas del Mediterráneo occidental, formando llamativas acumulaciones sobre la arena.
A diferencia de la carabela portuguesa, la barqueta es completamente inofensiva para las personas. No representa ningún riesgo para los bañistas y constituye un fenómeno natural que forma parte de la riqueza biológica de nuestros mares.
Conocer estas especies permite comprender mejor la extraordinaria biodiversidad del Mediterráneo y evitar confusiones que pueden resultar peligrosas. Saber distinguir entre una inofensiva barqueta y una carabela portuguesa es también una forma de disfrutar del mar con mayor seguridad, respetando unos organismos que desempeñan un importante papel en el equilibrio de los ecosistemas marinos.
Porque proteger el mar comienza por conocer la vida que alberga.
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