Opinión: El “terraplanismo” como hoja de ruta política

Rodolfo Carmona concejal del Ayuntamiento de Torrevieja

Uno tiene la impresión de que el sentido común, siquiera la mínima dosis de educación y buenas maneras, hace tiempo que en el mundillo político local brilla por su ausencia. Y me duele tener que decirlo. Pero se ha perdido el más mínimo recato y pudor a la hora de mostrarse zafio, verbenero, hasta faltón incluso; en una especie de carrera por el zasca y la respuesta pretendidamente avasalladora con el oponente político.
Como si el prestigio político, si es que tal cosa existe, se alcanzara ahora por la vía del trumpismo, como si la manera de autoafirmación política de los principios propios fuera el comentario despreciativo, la altanería ideológica, el infantil y absurdo argumento de nadie trabaja más que yo en este ayuntamiento, o las alabanzas excesivas a las extraordinarias actuaciones de los concejales en el gobierno que se producen en cada pleno municipal por parte de sí mismos. Dando lugar a un sonrojante espectáculo de onanismo colectivo. El spin doctor de la segunda planta debería bajar dos puntos la marcha del autobombo gratuito.
Y esta peligrosa deriva hacia la nada como argumentación política, al discurso tabernario como debate ideológico, a la repetición del argumento ad nauseam está impregnando más allá de los endogámicos grupos políticos municipales, trasladándose al conjunto de la ciudadanía, al menos, no seamos pesimistas, a una parte de ella.
Y de la misma manera que el terraplanismo, como corriente de pensamiento acientífica y negacionista, como teoría de la conspiración que basa su influencia en el pensamiento de grupos de personas con ideas similares o directamente iguales, que se autoalimentan y refrendan entre sí -levantando muros mentales entre los unos y los otros-, el terraplanismo político municipal ha comenzado a levantar muros aún incipientes, pero que consiguen transmitir la aberrante metáfora de que todos, el resto, son ya enemigos de la causa común, que sólo las ideas propias son susceptibles de respeto y justificación. Esos muros que comento conviene derribarlos sin miramiento alguno, es preciso hacerlo si queremos recuperar el normal juego democrático y el debate de las ideas, la calidad de la democracia en la ciudad. O lo logramos, o la aparición de algún que otro sindicato vertical será el menor de nuestros males.
Pero tengo la mosca detrás de la oreja, la certeza pegada a la duda razonable de que el equipo de gobierno de Eduardo Dolón anda más cegado que nunca, con orejeras y en modo sálvese el que pueda. Se ha lanzado a la carrera hacia el gran cañón del horizonte de las municipales 2023, a la búsqueda del nirvana de todo partido político que solo se encuentra en el “puestesico” de salida de una lista electoral. Solamente así puede entenderse la utilización de dinero público en la propaganda y mayor gloria de la gestión del equipo de gobierno. 571.000 eurazos del ala para, presuntamente, dar a conocer la “insuperable” labor del “equipaso” de Eduardo Dolón en Torrevieja.
Y esto que puede parecer inocente es absolutamente perverso. Una de las consecuencias directas de este maná sobre los creadores de opinión pública, los medios de comunicación y asociaciones de todo tipo, es la atadura de su propia supervivencia económica a los designios arbitrarios del poder, que hoy da subvenciones para quitarlas mañana según despunte el alba.
Disparar con pólvora del rey es lo que mejor se les da.

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