Opinión: Este puerto ya no será mi puerto, nuestro puerto.

Todas y todos sabemos que el puerto había que remodelarlo para abrirlo al pueblo, hasta aquí todas de acuerdo. El cómo hacerlo ya es otra historia.

Foto: Joaquín Carrión

Víctor Ferrández Esteve, miembro del Consejo Político Local
y ex concejal portavoz de Izquierda Unida Torrevieja (EUPV).

El bipartidismo ha decidido tirarlo todo y que una sola empresa se forre durante décadas explotando económicamente el relleno del puerto, con los típicos centros comerciales para consumir y poco más. Este era un modelo, el que han impuesto aquellos que ven un negocio en cada palmo de terreno, incluyendo el espacio que ocupan las lonjas y que estos días están derribando.

Pero hay otro modelo, en IU Torrevieja entendemos que el puerto debía remodelarse sí, abrirse al pueblo, también, pero protegiendo, restaurando y respetando el conjunto arquitectónico de las lonjas para que el corazón del puerto siguiera siendo nuestro, parte de nuestra identidad como pueblo de origen pescador y salinero.

De esta forma, las lonjas podrían haberse convertido en un polo de atracción que le diera un valor añadido a nuestro puerto, algo que nadie tiene, para que la gente dejara la comodidad de los típicos centros comerciales que ya tienen a mano para bajar al pueblo, porque hay algo especial. Y a la vez seguiría siendo nuestro puerto.

Un espacio con mil posibilidades en el que podría haberse desarrollado todo tipo de actividades tradicionales, culturales, artesanas.., desde museos, hasta música en vivo, pasando por mercados artesanos o innovadores, fiestas patronales o multiculturales, restauración local y casera, etcétera. Un espacio abierto y participativo. Y no sólo en verano, sino durante todo el año.

Así lo propusimos presentando alegaciones durante la tramitación del expediente. A la vista está que los intereses eran otros.

Seguro que los primeros años la nueva zona lo “petará”, sobre todo en las típicas fechas turísticas porque la novedad y el consumismo harán su trabajo. Y puede que en un tiempo, como ocurre en otros puertos con modelos similares como Barcelona o Alicante, no funcione tan bien. Porque se convierten en espacios despersonalizados, desarraigados, todos iguales, arrinconando unas veces, otras escondiendo al sector pesquero tradicional.

Lo que es seguro es que nos daremos cuenta del error que hemos cometido derribando nuestras lonjas. Porque aunque ya no haya una barrera física que nos separe, el puerto le habrá dado la espalda a su pueblo más que nunca. Pura ironía, en plenas fiestas patronales perdemos una parte de nuestra identidad con el derribo de las lonjas. Su imagen ya sólo quedará en nuestro recuerdo. Puede que algunos se forren con el relleno de Torrevieja, pero este ya no será mi puerto, nuestro puerto.

NOTA DEL DIRECTOR:
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