Hay noches que uno recuerda por románticas, por divertidas o porque pasó algo especial. Y luego está la noche de ayer en Torrevieja: una de esas que uno recuerda porque intentó dormir y no lo consiguió.
Fernando Guardiola
Si durante el día la cosa ya estaba como para freír un huevo en el capó de un coche, lo de la noche fue directamente de película de terror. El famoso meme de aquel señor que abre tranquilamente la ventana de su casa y, en lugar de entrar aire fresco, se encuentra con unas lenguas de fuego procedentes del mismísimo infierno, anoche dejó de ser un meme para convertirse en un documental grabado en Torrevieja.
Porque abrir una ventana a eso de las dos de la madrugada no era precisamente una buena idea. Uno esperaba que entrara una brisita marina, ese airecito que en Torrevieja tantas noches nos salva la vida. Pero no. Lo que entraba por la ventana parecía haber hecho escala previamente en el desierto del Sáhara.
El viento cálido del suroeste comenzó a soplar y te daba en toda la cara con una delicadeza parecida a la de un secador de pelo industrial. El termómetro marcaba alrededor de 31 grados, la humedad estaba en torno al 51% y la sensación térmica se disparaba hasta los 41 grados.
A esa hora uno ya no sabe si está en Torrevieja, en Abu Dabi o dentro de una paella que alguien se ha olvidado retirar del fuego. Llevo 38 años viviendo en Torrevieja y, con este microclima nuestro, creo que ya lo he visto prácticamente todo. He conocido noches de verano en las que uno dormía tapado con una sábana, noches en las que el aire acondicionado parecía un familiar más de la casa y noches en las que una pequeña brisa marina era recibida en el balcón como si acabara de llegar la mismísima Inamculada. Pero lo de anoche fue diferente.
Por primera vez en pleno agosto me pareció mejor mantener las ventanas cerradas. Y eso, en Torrevieja, es casi sacrilegio. Porque aquí normalmente abrir la ventana por la noche forma parte del patrimonio inmaterial de la ciudad. Uno la abre esperando que entre el fresco y salga el calor acumulado durante el día. Anoche ocurrió justo al revés: abrías la ventana y parecía que estabas abriendo la puerta de un horno.
Aquello no era ventilación. Aquello era una invitación formal al infierno.
Me imaginaba a Lucifer llamando al timbre:
—Buenas noches, ¿molesto?
—No, hombre, pasa.
—Es que vengo a abanicarte un poquito.
—¡NI SE TE OCURRA!
Porque entre el calor, la humedad y ese viento caliente, dormir se convirtió en una actividad de riesgo. Te dabas la vuelta en la cama y parecía que estabas cambiando de lado una croqueta para que se hiciera por igual.
Y lo peor es esa sensación de mirar el reloj esperando que avance la noche y comprobar que son las 2:17… luego las 2:38… las 3:04…
La Agencia Estatal de Meteorología, la AEMET, anuncia para hoy en nuestra ciudad temperaturas máximas alrededor de los 32 grados y mínimas de unos 26. También contempla intervalos nubosos y la posibilidad de tormentas durante la tarde. Aquí, sin embargo, los torrevejenses ya sabemos que la meteorología local tiene su propia personalidad.
Porque en Torrevieja puedes mirar la previsión, salir de casa preparado para una tormenta y encontrarte un sol que parece haberse enfadado contigo personalmente. O puedes levantarte con un cielo amenazante, preparar el paraguas, las botas, el chubasquero y hasta despedirte de tus seres queridos… y que finalmente caigan cuatro gotas que ni siquiera llegan a mojar el polvo.
Torrevieja tiene microclima, sí. Pero también tiene microclima con carácter.
Aquí el tiempo hace lo que le da la gana.
Y quizá por eso seguimos mirando al cielo con esperanza, al termómetro con miedo y a la aplicación meteorológica con la misma fe con la que uno mira una quiniela. Lo importante, bromas aparte, es que tengamos mucho cuidado durante estos episodios de calor, especialmente con las personas mayores, los niños y quienes puedan ser más vulnerables a las altas temperaturas.
Y, por supuesto, muchísima atención con nuestras mascotas. Ellas no pueden decirnos que tienen calor, pero sus cuerpos lo sufren igual o incluso más. Agua fresca, sombra, evitar las horas centrales y nada de paseos sobre el asfalto cuando éste está convertido en una plancha.
Porque podemos reírnos del calor, hacer memes, quejarnos del termómetro y decir aquello de «¡qué calor hace!». Pero hay una realidad que no debemos olvidar:
El calor, como el tabaco… mata.
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