“Ricardo III”, un relato de la actualidad escrita en el Siglo XVI

En la obra no se salva ni el pasaje de la exhumación de Franco, que acaba en la basura

Álbum, pinchando sobre la foto

El Teatro Municipal de Torrevieja acogió en la tarde de ayer una obra que fue escrita a finales del siglo XVI (1592) y aterroriza ver lo poco que hemos cambiado como colectivo. La historia se encuadra dentro de la tetralogía que Shakespeare escribió sobre la historia de Inglaterra. Pues bien, olviden todo esto porque ayer pudimso ver la versión libre que han realizado Miguel del Arco y Antonio Rojano. La cruel batalla familiar –los York y los Lancaster– que retrató el original ha pasado por la centrifugadora de la actualidad política española –y mundial– y los autores no se han dejado apenas nada, aunque sin citar a nadie, de Franco a Villarejo, de los máster y tesis plagiadas a la corrupción con ecos de los papeles de Bárcenas. De los safaris y amigas alemanas de Juan Carlos I a los rifirrafes entre la reina Letizia, la infanta Leonor y la emérita Sofía. De los asesores maquiavélicos y la Transición “pactada” a la propaganda partidista en las redes sociales

Lo que pudimos ver anoche no fue la típica obra de reyes y batallas, sino algo más próximo en el tiempo: las guerras también existen ahora, y el egoísmo, y el afán por los sillones y el poder.

Del Arco, director y adaptador, que El trabajo coreográfico de los actores es bellísimo, dirigidos por Manuel del Arco, desde Elejalde a Manuela Velasco, Álvaro Báguena, Chema del Barco, Alejandro Jato, Verónica Ronda y Cristóbal Suárez, le siguen a la perfección. La obra sube de nivel sobre todo en los picos dramáticos –también es cuando Shakespeare está más presente– y en los diálogos entre Ricardo III y su esposa Ana (Verónica Ronda) y su cuñada la reina Isabel (Manuela Velasco).

El humor también tiene cabida por toda la obra, si bien en algunos casos alcanza el brochazo grueso. Es divertido ver cómo dos sicarios, matan a Jorge, uno de los hermanos de Ricardo por orden de este, y lo tratan de esconder como si fuera un suicidio o al criticar la carroña y el amarillismo de la televisión actual.

La obra es una feroz crítica a los hiperliderazgos y los egos, hoy tan presentes. Se repite constantemente que la mejor manera de liderar yque mandar es actuar sin conciencia.
El público aplaudió en pie esta magnífica obra, de lo mejor que ha pasado por nuestro teatro y merece las felicitaciones a los gestores culturales de la ciudad.

 

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