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Torrevieja recupera la voz de sus calles con la presentación de un diccionario que preserva su memoria popular

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El Aula 10 de la Sede Universitaria de Torrevieja se llenó por completo para acoger la presentación de una obra que recoge palabras, expresiones y giros genuinos del habla torrevejense, un valioso legado lingüístico que permite reconstruir la historia cotidiana, las costumbres y la manera de entender la vida de varias generaciones.

La lengua de un pueblo es mucho más que un instrumento para comunicarse. En sus palabras, sus expresiones y sus giros más característicos se esconden recuerdos, formas de convivencia, tradiciones y una manera singular de interpretar el mundo. Con esa premisa como telón de fondo, Torrevieja vivió ayer una destacada cita cultural con la presentación del Diccionario de Torrevieja, una obra destinada a conservar y poner en valor el patrimonio verbal de la ciudad, sus peculiaridades lingüísticas y esa forma tan propia de expresarse que durante décadas se transmitió de padres a hijos en las calles, los hogares, los barrios marineros y los ambientes salineros.

La convocatoria despertó un notable interés y el Aula 10 de la Sede Universitaria registró un lleno absoluto. Entre los asistentes se encontraban el alcalde de la ciudad, Eduardo Dolón, y los concejales Ricardo Recuero, Diana Box y Gitte Lund, junto a Ana Pérez, nueva coordinadora de la UNED de Elche en Torrevieja. También acudieron numerosos torrevejenses que, de una manera u otra, han contribuido a preservar el habla tradicional y cuyos testimonios, recuerdos familiares y conocimientos populares constituyen una parte esencial de la materia que da vida al diccionario.

La publicación, coeditada por el Aula UNED de Torrevieja y Ediciones Micomicona, es fruto del trabajo de los filólogos Joaquín Cánovas y Julia Lozano, matrimonio unido no solo por su dedicación profesional a la lengua, sino también por una sensibilidad compartida hacia las formas de comunicación que identifican a una comunidad. La presentación estuvo a cargo de Jesucristo Riquelme, actual coordinador de la UNED en la ciudad, quien condujo un acto que puso de relieve la importancia de investigar, documentar y proteger una parte fundamental del patrimonio cultural torrevejense.

La obra no es simplemente un listado de palabras locales ni una recopilación de curiosidades lingüísticas. Se trata de un trabajo de carácter lexicológico que estudia las voces y expresiones genuinas del habla de Torrevieja, atendiendo a sus significados, sus matices, sus particularidades y su evolución. A través de sus páginas se descubre cómo el lenguaje cotidiano conserva huellas de la historia y de los contactos culturales que han configurado la identidad de la ciudad.

Los autores abordan el habla local desde distintas perspectivas. Por una parte, estudian sus características dialectológicas y geolingüísticas, relacionadas con la distribución territorial de las palabras y las formas de hablar. Por otra, se aproximan a sus dimensiones sociolingüísticas, que permiten comprender cómo el lenguaje refleja las relaciones sociales, los hábitos de convivencia y las particularidades de una comunidad.

En este recorrido adquieren especial relevancia las influencias del murciano y del valenciano, presentes en numerosas voces y expresiones compartidas en el sureste peninsular. La proximidad geográfica, los intercambios comerciales, los movimientos de población y las relaciones históricas entre localidades han favorecido durante generaciones la circulación de palabras y giros que, en ocasiones, resulta difícil atribuir exclusivamente a un municipio o comarca.

La Vega Baja del Segura constituye, en este sentido, un espacio de especial interés lingüístico. Sus localidades comparten muchas formas de expresión, aunque cada población conserva también sus propias peculiaridades, matices semánticos y maneras de utilizar determinadas palabras. El Diccionario de Torrevieja se adentra precisamente en ese territorio donde lo común y lo genuinamente local se entrecruzan, ofreciendo una aproximación a la riqueza de una lengua viva que se ha construido a través del contacto entre personas y culturas.

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que no se limita a señalar diferencias de pronunciación o particularidades morfológicas, como los diminutivos y las formas derivadas. Los autores conceden una atención especial a los matices de significado que determinadas palabras adquieren en el habla torrevejense. A veces, una voz aparentemente común puede expresar una intención, una valoración o un sentido particular que solo se comprende plenamente cuando se conoce el contexto en el que se utiliza.

Ahí reside buena parte del valor de este diccionario. Las palabras no viven aisladas en las páginas de un libro: adquieren su verdadero significado cuando alguien las pronuncia, cuando forman parte de una conversación familiar o cuando aparecen en una anécdota que todos los vecinos de una época reconocen. Por eso, recuperar el léxico tradicional implica también rescatar las circunstancias sociales y humanas que permitieron que esas expresiones llegaran hasta nuestros días.

El trabajo de Joaquín Cánovas y Julia Lozano recupera términos, frases hechas, dichos populares y expresiones procedentes de la antigua vida de Torrevieja, cuando la pesca y las salinas constituían pilares fundamentales de la actividad económica y social. En aquella sociedad, más reducida y estrechamente vinculada por relaciones familiares y vecinales, la palabra tenía una enorme capacidad para identificar a las personas, expresar complicidades y transmitir una manera compartida de entender la realidad.

La gracia del habla popular reside muchas veces en sus dobles sentidos, sus exageraciones, sus diminutivos y sus fórmulas cargadas de ironía. Los autores recogen también chascarrillos y anécdotas cuyo significado no siempre puede explicarse únicamente mediante una etimología rigurosa. En ocasiones, para entender una expresión es necesario conocer la historia que la acompaña, el personaje que la hizo popular o la circunstancia cotidiana que le dio origen.

Ese contexto intrahistórico, formado por los pequeños acontecimientos que no suelen aparecer en los grandes libros de historia, resulta imprescindible para comprender la verdadera dimensión del patrimonio lingüístico. Una frase escuchada durante décadas en una tienda, en el puerto, en una conversación entre vecinos o alrededor de una mesa familiar puede encerrar una información valiosísima sobre las costumbres, las relaciones sociales y el sentido del humor de una época.

Basta escuchar algunas de las expresiones recogidas para reconocer inmediatamente el carácter coloquial, espontáneo y profundamente identificativo del habla tradicional. Frases como «ya me pasaré si eso», «la chicona no es ninguna tontasa, primo», «sierto, cuñao» o «es un chan muy salao» evocan una forma de hablar que muchos torrevejenses reconocerán como propia y que forma parte de su memoria sentimental.

La comparación con otras hablas próximas también resulta reveladora. Expresiones como «quedamos en el pico esquina de siempre, acho, pijo» remiten a giros asociados popularmente al habla murciana, mientras que «de categoría, nano» evoca una fórmula característica del registro coloquial valenciano. Más allá de las fronteras lingüísticas estrictas, estos ejemplos muestran cómo las palabras viajan, se mezclan y adquieren matices diferentes según el lugar y las personas que las utilizan.

El diccionario demuestra, además, que el habla local no debe entenderse como una versión incorrecta o empobrecida del español. Las variedades populares son manifestaciones legítimas de la diversidad lingüística y poseen sus propias reglas, particularidades y recursos expresivos. Estudiarlas con rigor permite comprender mejor la lengua común y reconocer el valor cultural de las formas de hablar que identifican a cada comunidad.

La publicación también se sitúa en una tradición de estudios dedicados al léxico torrevejense, entre cuyos antecedentes destaca el Diccionario torrevejense, que conoció cuatro ediciones entre 1990 y 2023. El nuevo trabajo toma el relevo de esos esfuerzos anteriores y los amplía mediante una aproximación lexicológica que combina testimonios escritos de otras épocas con recuerdos todavía vivos en las familias más vinculadas a las tradiciones locales.

Esta continuidad resulta especialmente importante en un momento en el que las transformaciones demográficas y sociales han cambiado profundamente la fisonomía de Torrevieja. El crecimiento de la ciudad, la llegada de nuevos vecinos y la evolución de las formas de comunicación han enriquecido su realidad social, pero también hacen necesario conservar las expresiones que reflejan su historia más antigua. Documentarlas no significa quedarse anclado en el pasado, sino permitir que las nuevas generaciones conozcan las raíces culturales del lugar en el que viven.

El Diccionario de Torrevieja se convierte así en una herramienta de consulta y, al mismo tiempo, en un pequeño archivo de la memoria colectiva. Sus páginas ayudan a preservar palabras que podrían caer en desuso, explicar expresiones cuyo sentido se ha ido perdiendo y mantener vivo un legado que no siempre se encuentra en los documentos oficiales, pero que permanece en la conversación cotidiana y en los recuerdos de las familias.

La presentación celebrada en la Sede Universitaria puso de manifiesto que existe un interés real por recuperar esa herencia. El lleno absoluto del aula fue una muestra del vínculo emocional que muchos torrevejenses mantienen con su manera tradicional de hablar y del reconocimiento hacia quienes han dedicado tiempo y conocimientos a convertir ese patrimonio oral en una obra escrita.

Durante el acto, los asistentes pudieron acercarse a una publicación que invita a reconocerse en las palabras de los abuelos, en las expresiones escuchadas durante la infancia y en las frases que, pese al paso del tiempo, continúan despertando una sonrisa. Porque cada palabra local conserva algo de quienes la pronunciaron antes y de las circunstancias en las que nació.

El libro puede adquirirse por 12 euros en las papelerías Torrevieja y Trini. Como muestra de agradecimiento por su asistencia, los participantes en la presentación recibieron gratuitamente ejemplares de la obra, un gesto que contribuyó a reforzar el carácter cercano y participativo de una convocatoria dedicada, precisamente, a preservar una herencia compartida.

La publicación de este diccionario constituye, en definitiva, una valiosa aportación al conocimiento de la identidad cultural de Torrevieja. Porque un pueblo no solo se reconoce por sus monumentos, sus paisajes, sus fiestas o su historia escrita. También se reconoce por las palabras que utiliza, por los giros que repite, por el humor con el que se expresa y por esas frases que, pronunciadas en el momento oportuno, bastan para sentirse en casa.

Con esta obra, Joaquín Cánovas y Julia Lozano contribuyen a que la voz de la antigua ciudad pesquera y salinera siga escuchándose en el presente y pueda transmitirse a quienes vendrán después. Un trabajo de recuperación lingüística y memoria popular que demuestra que, cuando se conserva una palabra, también se preserva una pequeña parte de la historia de quienes la hicieron suya.

 


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