Devoción, historia y convivencia marcan una de las celebraciones más antiguas del calendario torrevejense
Torrevieja amaneció ayer con ese aire sereno y luminoso que parece anunciar los días especiales. La ciudad se preparaba para celebrar la festividad de San Vicente Ferrer, una de sus tradiciones más antiguas y queridas, que cada año tiene lugar el lunes siguiente al lunes de Pascua. Desde primeras horas, vecinos y visitantes comenzaron a reunirse en torno al Templo Arciprestal de la Inmaculada, donde se ofició la solemne misa que daría inicio a una jornada cargada de simbolismo y fervor.
La eucaristía, presidida por el párroco José Antonio Gea junto al vicario Fernando Galvañ, congregó a un numeroso público que llenó el templo, reflejo del profundo arraigo que esta celebración mantiene entre los torrevejenses. En un ambiente de recogimiento y solemnidad, la comunidad participó en una liturgia que, más allá de lo religioso, representa un vínculo vivo con la historia y las raíces de la ciudad.
Al término de la misa, las puertas del templo se abrieron para dar paso a uno de los momentos más esperados del día: la Solemne Procesión del Santísimo Sacramento bajo palio, conocida popularmente como la “Procesión del Comulgar”. En ella, el Cuerpo de Cristo, portado por el párroco, recorrió las calles del centro acompañado por fieles, autoridades y representantes de la vida social y festiva local.
Encabezando la comitiva civil, la Reina de la Sal, Daniela Gómez, junto a su dama Mirian Córdoba, aportaban el toque de tradición festiva que caracteriza a Torrevieja. Tras ellas el alcalde de Torrevieja, Eduardo Dolón; el presidente de la Hermandad del Santísimo, José Giménez; el presidente de la Junta Mayor de Cofradías, Francisco Montesinos y los concejales, Concha Sala, Inmaculada Montesinos, Antonio Vidal, Trudy Páez y José Antonio Bonilla.
A lo largo del recorrido, una multitud de personas participó como alumbrantes, creando una estampa de profunda devoción popular. Uno de los momentos más emotivos se vivió cuando la procesión se detuvo en distintos hogares para llevar la comunión a enfermos e impedidos, manteniendo así el sentido más humano y solidario de esta tradición secular.
La Banda de la Unión Musical Torrevejense, dirigida por Carlos Ramón Pérez, acompañó el cortejo con marchas procesionales que envolvían las calles en una atmósfera solemne. Entre ellas, el “Himno Eucarístico” fue coreado por numerosos asistentes, reforzando el sentimiento de comunidad y fe compartida.
Concluida la procesión, la jornada dio paso a un ambiente más distendido pero igualmente tradicional. Muchos de los participantes cambiaron sus galas por ropa más cómoda para dirigirse a playas y pinadas cercanas, donde familias y amigos disfrutaron del popular “día de la mona”, poniendo así el broche festivo a una celebración que combina espiritualidad, convivencia y tradición.
De este modo, Torrevieja volvió a demostrar que sus costumbres no solo perviven, sino que se viven con intensidad, manteniendo viva la esencia de un pueblo que encuentra en sus tradiciones una forma de reconocerse y de seguir avanzando sin olvidar sus raíces.
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