Torrevieja volvió a convertirse en territorio de sueños. A pesar del intenso frío y del cansancio acumulado tras una larga noche repartiendo regalos por todo el mundo, Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente no faltaron a su cita más esperada con los niños y niñas de la ciudad, que abarrotaron las calles para recibirlos con sonrisas, nervios y ojos llenos de luz. La jornada mágica comenzó en el Casino de Torrevieja, donde Melchor, Gaspar y Baltasar se dirigieron a los más pequeños, tras ser recibidos oficialmente por el alcalde, Eduardo Dolón, y la concejal de Fiestas, Rosario Martínez Chazarra. Desde allí, entre aplausos y saludos, se encaminaron hacia sus carrozas, deteniéndose una y otra vez para corresponder al cariño de los cientos de niños que estiraban sus manos para verlos de cerca.
Precedida por Policía Local, Protección Civil y Bomberos, la Cabalgata Real inició su recorrido desde el Paseo Vista Alegre, avanzando por Clemente Gosálvez, Ramón Gallud, Zoa y Caballero de Rodas, hasta culminar en la Plaza de la Constitución, a las puertas del Templo Arciprestal de la Inmaculada Concepción.
El desfile se abrió con “La Estafeta de Correos Real”, cuyos funcionarios, acompañados por un elegante cuerpo de baile, clasificaban y ordenaban las cartas llegadas desde todos los rincones. Tras ellos, duendes danzantes y regalos animados anunciaban la llegada de la “Fábrica de juguetes”, despertando risas y asombro entre el público.
La segunda parte del cortejo transportó a Torrevieja a un auténtico belén viviente. La castañera y sus ayudantes repartían castañas, mientras el Pozo de los Deseos y la panadería ofrecían pequeños panecillos elaborados por artesanos. María, José y el Niño avanzaban a pie, rodeados de escenas cotidianas del nacimiento. Las tradicionales tinajas de sal dieron paso a un grupo de hebreos con burros, que repartieron más de 2.000 banderas de España, manteniendo viva una tradición muy querida por los torrevejenses.
Uno de los momentos más impactantes lo protagonizó la parada militar de la legión romana de Crevillente, que abrió paso a Herodes a caballo y a un grupo de bailarinas cuya danza, dejó al público completamente cautivado. Sobre ellos, la estrella de Belén marcaba el camino.
Y entonces, entre música, confeti y una lluvia interminable de caramelos, hicieron su entrada triunfal las carrozas de Melchor, Gaspar y Baltasar, escoltadas por sus boatos. Cientos de kilos de caramelos volaron por el aire, mientras los niños intentaban atrapar un pedacito más de esa noche irrepetible.
La emoción se multiplicó gracias al acompañamiento musical de “Los Salerosos”, la Banda de la Unión Musical de Rojales y el Grupo Musical “Solfamidas”, que llenaron cada tramo del recorrido de villancicos y melodías navideñas, convirtiendo la cabalgata en una auténtica fiesta para los sentidos.
Ya en la Plaza de la Constitución, a las puertas del Templo de la Inmaculada, junto al portal de Belén, el alcalde Eduardo Dolón, el párroco José Antonio Gea y la concejal de Fiestas Rosario Martínez recibieron a Sus Majestades. Los Reyes adoraron al Niño y ofrecieron oro, incienso y mirra. Melchor, en nombre de los tres, agradeció el caluroso recibimiento del pueblo de Torrevieja y se dirigió a los niños y niñas, en español e inglés, felicitándolos por su comportamiento ejemplar y lanzando un deseo que resonó con fuerza: que la paz regrese al mundo.
Cabe destacar, por último, la impecable labor del dispositivo de seguridad, integrado por más de setenta personas entre Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil, Bomberos, sanitarios y voluntarios, que garantizó que la noche transcurriera con normalidad, permitiendo que la magia fuera la auténtica protagonista.
Torrevieja volvió a creer. Y por unas horas, toda la ciudad caminó al mismo compás: el de la ilusión.
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