Torrevieja volvió a latir al unísono en una tarde que quedará grabada en la memoria colectiva como una de las manifestaciones de fervor más intensas de los últimos años. Tras la Solemne Eucaristía concelebrada por el párroco del Sagrado Corazón y Vicario Episcopal de Zona, Aurelio Ferrándiz; el Diácono Permanente, Pepe Cortés; y el vicario de la Inmaculada, Fernando Galvañ, con la participación musical de la Coral Manuel Barberá bajo la dirección de Sergey Larkin, las puertas del Templo Arciprestal de la Inmaculada se abrieron para dejar paso a la patrona de la ciudad: la Inmaculada Concepción, que inició su Magna y Solemne Procesión entre un mar de devoción.
El cortejo avanzó con la pureza de las tradiciones más queridas, encabezado por el charamitero Fernando Ayeda de Alicante, acompañado de tamboril. Tras ellos marchaban la Cruz Parroquial, los ciriales, el estandarte de la Asociación Hijos de la Inmaculada y la banda de la Sociedad Musical Ciudad de Torrevieja «Los Salerosos», dirigida por Alejandro Gómez, que durante estas fiestas ha tenido el placer de compartir sus actuaciones con cuatro músicas de la Banda Musical B. Severini de Faleria, que se encuentran en Torrevieja de intercambio musical. Ellas son: Francesca Valeri, saxo alto; Aurora Di Lorenzi, flauta travesera; Giulia Rufoloni, saxo soprano y Ginevra Di Lorenzi, clarinete.
En esta edición brilló una novedad muy esperada: la salida por primera vez del Bandería Inmaculista, una pieza artesanal creada por Francisco Perales, con una imagen de la Purísima obtenida del escaneo efectuado hace dos años y policromada por el artista torrevejense Víctor García. Fue portada con emoción por Gerard Oria, descendiente de Torrevejenses Ausentes, desplazado expresamente desde Barcelona. Precediendo la imagen, dos hileras interminables de alumbrantes formaron un tapiz de luz sin precedentes, guiadas con esmero por los miembros de la Junta Directiva de la Real Asociación Hijos de la Inmaculada.
La salida de la Purísima al umbral del templo desató un estallido de sentimientos. Los sones de la Marcha Real, interpretados por la Unión Musical Torrevejense dirigida por Carlos Andrés Ramón, elevaron aún más la emoción. En la presidencia eclesiástica marcharon el Vicario de Zona y Párroco del Sagrado Corazón, Aurelio Ferrándiz; el Párroco de la Inmaculada y Deán de la S. I. Catedral de Orihuela, José Antonio Gea, el Diácono Permanente, Pepe Cortés, el vicario de la Inmaculada, Fernando Galvañ López, el Párroco de San Roque y Santa Ana, Francisco Miravete, el anterior Párroco de Santa Ana, Mariano Martínez, el vicario del Sagrado Corazón, Carlos Daniel Mejías y el que fuera vicario de la Inmaculada y de grato recuerdo en nuestra ciudad, Pedro Payá.
La presidencia civil la encabezó el alcalde Eduardo Dolón, acompañado por la vicealcaldesa Rosario Martínez Chazarra, miembros de la Corporación Municipal y representantes de los cuerpos de Seguridad locales. Ante el trono caminaron la Reina de la Sal, Daniela Gómez, y sus damas, Sara Toribio y Miriam Córdoba.
El trono de la Purísima lució un exorno floral de exquisita delicadeza, obra de Inmaculada Casamayor de Floristería Carmina. La imagen portaba la aureola de su Coronación de 1966, la corona imperial donada por el modista José Mellado y la Cruz de los esmaltes proveniente de la primitiva imagen de Puchil.
La procesión regaló momentos de belleza inolvidable. A su llegada al Casino, la Virgen fue elevada hacia el mar para bendecirlo, mientras un castillo de fuegos artificiales de Pirotécnica Caballer de Almenara (Castellón), iluminaba el cielo durante once intensos minutos. Más adelante, frente a la Biblioteca Municipal, la Masa Coral José Hódar, dirigida por Miguel Guerrero, emocionó al público con la habanera “A mi añoranza”. Al reanudar el cortejo, la Hoguera Molinos del Calvario sorprendió con un estallido de fuegos y una petalada que cayó sobre la imagen como un abrazo florecido.
El final de la Magna Procesión se vivió con una intensidad estremecedora. A las puertas del templo se entonó la Salve Marinera y el Himno a la Purísima, adaptación del Maestro Serrano, interpretado por los solistas Antonio Martínez Prieto, Víctor Alcañiz, Belén Puente y Nuria Maddaloni junto a la Unión Musical Torrevejense dirigida por Carlos Ramón Pérez.
Con voz emocionada, Antonio Aniorte, presidente de la Real Asociación Hijos de la Inmaculada, dirigió unas palabras de agradecimiento por los años de dedicación compartida. Recordó el fervor que sostiene a la ciudad y la protección constante de Jesús y de la Inmaculada, especialmente palpable tras el reciente derrumbe de la techumbre de la nave de levante.
La Purísima regresó a su casa entre vítores, aplausos y un profundo sentimiento de unidad, despedida por el Himno Nacional y el repique de campanas que proclamó, una vez más, que Torrevieja vive, siente y ama bajo el manto de su patrona.
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