El Auditorio Internacional de Torrevieja vivió en la tarde de ayer una de esas citas que trascienden lo puramente musical para convertirse en una experiencia sensorial y cultural difícil de olvidar. El concierto Pangea, protagonizado por Abraham Cupeiro junto a la Orquesta Arnova Ensemble, bajo la dirección de Antonio Lajara, logró congregar a un público que llenó el recinto y que respondió con entusiasmo a una propuesta tan singular como envolvente.
Inspirado en el antiguo supercontinente que, hace unos 200 millones de años, unía todas las masas terrestres, Pangea se presentó como un viaje musical por los rincones más diversos del planeta. La intención no fue otra que celebrar la riqueza cultural de la Tierra a través de sus sonidos más primitivos y auténticos, construyendo un puente entre épocas, territorios y tradiciones.
Las composiciones originales de Abraham Cupeiro y María Ruiz sirvieron como hilo conductor de este recorrido sonoro que llevó al público desde los ecos lejanos de Oceanía hasta los paisajes musicales de Asia, África, Europa y América. Cada pieza fue una ventana abierta a distintas culturas, con una sensibilidad especial hacia los instrumentos ancestrales y su capacidad para emocionar más allá de cualquier frontera.
Uno de los aspectos más destacados del concierto fue, sin duda, la variedad instrumental desplegada sobre el escenario. Caracolas de Oceanía, el delicado sonido del hulusi chino, flautas africanas, gaitas europeas, zurnas orientales y cornas de pastor se entrelazaron en una narrativa sonora rica, didáctica y profundamente evocadora. Cupeiro, conocido por su labor de recuperación y divulgación de instrumentos históricos, volvió a demostrar su maestría no solo como intérprete, sino también como narrador musical.
La Orquesta Arnova Ensemble, por su parte, aportó una base sólida y versátil, adaptándose con precisión a los distintos estilos y atmósferas propuestas en cada pieza. La dirección de Antonio Lajara se mostró firme y elegante, logrando cohesionar un espectáculo complejo que requería tanto rigor técnico como sensibilidad artística.
El resultado fue una velada en la que música, historia y emoción se dieron la mano, conquistando a un público que premió la actuación con largos aplausos. Pangea no solo triunfó como concierto, sino como propuesta cultural que invita a reflexionar sobre nuestras raíces comunes y la diversidad que nos enriquece.
Una noche, en definitiva, en la que Torrevieja se convirtió en el epicentro de un mundo unido por la música.
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