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Viernes Santo torrevejense: Pasión por “La Pasión”

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Miles de personas, se apostaron ayer en las calles de Torrevieja, para vivir durante más de seis horas, la más emocionante de todas las procesiones de la Semana Santa salinera, que desde la Parroquia de la Inmaculada, sacó todo el patrimonio artístico de sus cofradías, en una expresión de duelo, único e irrepetible que hace que se

VÍDEO: Saeta AQUÍ

sienta el dolor de los costaleros, que con solo el alimento de la fe, soportan sobre sus hombros unos tronos que son la representación de un misterio que forma parte de la injusta pasión y muerte de un hombre cuya grandeza, ha traspasado el umbral de los siglos con su doctrina, basada en el amor y el perdón. Esta enseñanza de Jesús, sigue tan vigente que nada fue igual después de su visita. Incluso hasta los tiempos se pararon, para comenzar a contarse a partir de entonces. La calles de Torrevieja, se convirtieron anoche en un impresionante escenario, donde se representó, fiel y cronológicamente, lo que cuentan los evangelios que sucedido en Jerusalén hace exactamente mil novecientos noventa y un años.
Abrió esta hermosa lección, la Cruz que llamamos la Convocatoria, tras ella la escena de Jesús junto al pozo de Jacob, donde calmó su sed un mujer de Samaria, acompañadas por la propia Banda de Tambores y Cornetas de la Cofradía. Tras ellos el relato de la noche en que Jesús instituyó el sacramento de la Eucaristía en la Última Cena,  un trono con las trece imágenes  del grupo escultórico talladas por Víctor García, acompañada por una Banda de Cornetas y Tambores. Tras él la imagen, esculpida también por el artista torrevejense, Santísima Virgen de la Victoria, portada por mujeres, acompañadas del capataz del trono, Carmelo Navarro. Ambos pasos estuvieron escoltados por miembros de Protección Civil de Torrevieja.

Tras la cena, Jesús y algunos de sus apóstoles, se acercaron a orar al Huerto de Getsemaní, un olivar cercano, donde tras ponerse en manos del Padre, fue traicionado por Judas y prendido por los romanos. El paso que lo representa en Torrevieja, es de una belleza extraordinaria, obra del escultor Valentín García Quinto (1985), fiel reflejo del grupo escultórico que salió del buril de uno de los mayores imagineros de la historia, el murciano Francisco Salzillo, portado por residentes internacionales de varios países.

Tras ser prendido, fue azotado y vilipendiado hasta la extenuación, atado a una de las columnas del palacio del pretor, escena que el Cristo de la Flagelación Torrevejense, de José Mª Ruiz Montes (2013),  erigida en su sobrio trono de madera negra, escoltado por cuatro antorchas flamígeras, reproduce con fidelidad estremecedora, al ritmo de Banda de  Santa Cecilia de Rojales. Tras Jesús, su Madre, la Santísima Virgen de la Estrella Reina de los Ángeles, de Francisco Romero Zafra (2013),  portada en un trono barroco de una majestuosidad impresionante. La Cofradía contó en su presidencia con una numerosa representación del Ejército en sus tres ramas, Tierra, Aires y la Armada., además de la participación de la Asociación Cultural Andaluza con su grupo de mantillas, estando acompañada por un trío de música de capilla.

Por las calles de Jerusalén, deambulaban asustados los apóstoles que le acompañaban, y cuando eran sorprendidos por la guardia pretoriana, eran interrogados, y uno de ellos, Pedro, el que sería el padre de la Iglesia, fue retenido en tres ocasiones y en tres ocasiones negó su relación con Jesús, tal y como predijo Él mismo: “Pedro, antes de que cante el gallo, me negarás tres veces”, arrepintiéndose después y pidiendo perdón. Este trono con la imagen del apóstol, tallada por Valentín García Quinto en 1993, es el único que permanece todo  el año en La Mata, fue este año portando por jóvenes que avivan el relevo tan necesario en estos días.

Tras ser azotado Jesús, fue vestido de andrajos y ante su insistencia en declarar que Él era “rey de los judíos”, se le coronó de espinas, se le puso como cetro una caña, y asomándole al balcón del palacio, Poncio Pilato, dijo aquello de “Ecce Homo” (He aquí el hombre), ese hombre era el “Nazareno”, una de las imágenes más veneradas en Torrevieja, obra de Fulgencio Blanco (1983) y que cuenta con una de la más numerosa compañía de pequeños desfilando, simiente de la futura Semana Santa. Es año el acompañamiento musical estuvo realizado por un grupo de tambores de la Convocatoria, ya que la Banda contratada a tal efecto procedente de Valencia, no hizo acto de presencia. Se echó también de menos este año, la habitual escolta de la Policía Local en traje de gala.

Una vez condenado por su propio pueblo, Jesús fue condenado a morir crucificado, como lo eran en la antigua Roma los ladrones y traidores, y pese a la debilidad de su cuerpo se le hizo portar su propia Cruz, hasta el monte Gólgota, a las afueras de Jerusalén, representado en nuestra ciudad por el Cristo de la Salud, un hermosa talla de Víctor García (2003), que contó en su presidencia con el sacerdote Mariano Martínez Bernard.

Las fuerzas durante el camino, le fallaron en tres ocasiones, y representando una de ellas la imagen de Cristo, cargando con la Cruz, rodilla en tierra, azotado por un sayón y ayudado de Simón el Cireneo, desfiló anoche por las calles de Torrevieja, representado por el trono de “Jesús de la Caída”, un grupo escultórico en el que la imagen del titular y la del sayón son obra de los Hermanos Blanco (1954/56) y la del Cirineo de Valentín García Quinto (1986),  El rostro de Cristo es de una serenidad ante dolor que le hace hermoso con el contraste de la faz de odio del sayón que le azota. Jesús portaba en su mano una rosa perenne negra y los nazarenos y costaleros, crestones y brazaletes negros en señal de duelo, por la reciente muerte la que fue su presidenta, Rosario Chazarra. El paso estuvo es

En una de esas caídas, una mujer Verónica, se acercó a secar con un paño el sudor y la sangre de Jesús. Quiso enjuagar el rostro del hombre y se llevó impreso en el paño la faz del Dios. La imagen de Vicente Segura (1954), fue acompañada por una sección de la Sociedad Musical Ciudad de Torrevieja “Los Salerosos”.

Un espectacular trono, representa el dolor de una Madre, y al mismo tiempo la esperanza en la salvación y la paz de los hombres a través del sacrificio del hijo. Es la más numerosa de las Cofradías y  arropa a María, rota de dolor y con lágrimas en los ojos. Nuestra Señora de la Esperanza y de la Paz, de Miguel Ángel Casañ (1985),  desfila bajo palio y con una esplendida bandeja de candelas encendidas. Acompañó el trono la segunda sección de la Sociedad Musical Ciudad de Torrevieja “Los Salerosos”. En la presidencia se encontraba la “Capirote de Oro  2024”, Encarna Mañogil.

Siguiendo cronológicamente el relato evangélico, y una vez llegado al Gólgota, Jesús es despojado de sus vestiduras y es crucificado entre dos ladrones. Aún vivo, es capaz de musitar “siete palabras”, hasta que agotado entregó su espíritu al Padre. La imagen del Cristo Crucificado, de Manuel Hurtado (1954), es la más imponente de las imágenes que desfilan en la semana santa de Torrevieja, el “Cristo Salinero”.  Su cortejo procesional lo abre una reliquia de San Manuel González, conocido como el  apóstol de los sagrarios abandonados. La reliquia fue donada por las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, una orden religiosa fundada por el santo. Su paso va siempre marcado por una seriedad y un orden impecable.

Al pie de la Cruz, desolados permanecieron María y el discípulo más amado por Jesús, Juan, y juntos bajo palio, desfilan tras el Crucificado, bajo la advocación de María Santísima del Silencio. El grupo escultórico de Víctor García (1996), desfila bajo palio, con candelería, en cuya gloria destaca un corazón atravesado por un puñal.

Una vez pasó el tiempo pertinente, obtuvieron María y los apóstoles permiso para bajarle de la Cruz, una vez descendido, quiso la Madre tomar a su hijo en brazos por última vez, implorando al cielo la Piedad que Él no tuvo. Esta escena se representa en Torrevieja con una hermosa talla que representa a la Virgen de la Piedad, obra de Miguel Ángel Casañ (1988),  que desfiló acompañada por su propia Banda de Tambores.

Tras su paso, el silencio se apodera de las calles, al paso de un trono tallado en madera, que porta a Cristo Yacente, una imagen que impresiona por su realismo, obra de los Hermanos Blanco (1954), escoltada por un numeroso piquete de la Guardia Civil, encabezado por el Teniente Alejandro Fernández. La presidencia la ostentaron el presidente de la cofradía, Ernesto Gea, el Tte. Coronel de la Guarda Civil, Santos Buendía, las “Cofrades de Honor 2024”, Milagros Martínez y Maruja Lorenzo, junto al Premio Diego Ramírez 2023, José Francisco Sánchez. Por primera vez fue acompañado por el Coro Maestro “Ricardo Lafuente”, dirigido por Aurelio Martínez, que emocionó a los presentes con la interpretación de “La Muerte no es final” y “Et sepultus est”. El cortejo fúnebre estuvo precedido de caballeros alumbrantes de riguroso luto y  más de cuarenta mujeres ataviadas con mantilla española.

Tras este monumento vivo y cerrando los misterios pasionales, se yerguen la imágenes de San Juan, de José Hernández (1992),  acompañada de su propia Banda de Tambores y Cornetas, y que guía con su mano a una madre Dolorosa, la imagen más antigua de nuestra semana santa de los Hermanos Blanco (1950), que viste un luto, que es el  de todos los cristianos por la muerte del Hijo de Dios hecho hombre. El trono fue acompañado por  la Reina de la Sal Mireya Hernández Gómez y sus damas Paula García Mañogil y Beatriz Cerdá Pardo. Cuando casi acababa el desfile, la Casa de Andalucía “Rafael Aberti”, homenajeó al recientemente desaparecido Genaro, con la interpretación de una saeta en la voz de Paco Severo de La Unión.

La presidencia del desfile estuvo encabezada por el Párroco de la Inmaculada, José Antonio Gea; el seminarista, Fernando Galvañ; el alcalde de Torrevieja Eduardo  Dolón; el presidente de la Junta Mayor de Cofradías, Paco Beltrán y la representación oficial de los diferentes Grupos Políticos, Fuerzas de Seguridad y de todas las cofradías participantes, cerrando la Magna Procesión la Banda de la Unión Musical Torrevejense.

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