La Feria de Sevillanas de Torrevieja bajó ayer el telón por todo lo alto, con aroma a fino, compás de palmas y el elegante trote de los caballos que devolvieron al Real esa estampa tan andaluza que enamora cada año a vecinos y visitantes. Después de que el tradicional desfile de caballos por las calles de la ciudad tuviera que ser
suspendido el pasado sábado, tras la misa flamenca, por diferentes circunstancias organizativas causadas por la intensa lluvia caída, el esperado paseo ecuestre pudo finalmente celebrarse ayer en el recinto ferial, poniendo el broche de oro a unos días intensos de fiesta, convivencia y alegría.
Aunque en esta ocasión la participación fue algo menor de la habitual, debido a que numerosos caballistas consideran que el verdadero lucimiento de caballos y carruajes se disfruta recorriendo las calles de la ciudad y no únicamente dentro del Real, el desfile no perdió ni un ápice de belleza, elegancia y sabor andaluz.
Caballos enjaezados con sus mejores galas, brillantes monturas y carruajes perfectamente engalanados desfilaron entre sevillanas y aplausos, mientras jinetes y amazonas derrochaban arte y maestría, despertando la admiración de grandes y pequeños. Muchos de ellos realizaron vistosos ejercicios de doma y exhibiciones de enorme dificultad técnica, arrancando exclamaciones y ovaciones entre el público que abarrotaba el recinto.
El ambiente fue ganando temperatura conforme avanzaba la tarde. El fino bien frío, la cerveza y el rebujito comenzaron a correr entre las casetas, acompañados de una interminable variedad de tapas y platos típicos que hicieron las delicias de los numerosos visitantes llegados hasta Torrevieja para disfrutar del último día de feria.
Mientras tanto, en las casetas, continuaban sonando las últimas sevillanas. Los volantes seguían girando, las palmas marcaban el compás y el ambiente se llenaba de ese duende alegre y flamenco que convierte esta celebración en una de las citas más esperadas del calendario festivo torrevejense.
La Feria de Mayo se despidió así entre brindis, baile y mucho salero, apurando las existencias de las casetas y dejando imágenes llenas de color, tradición y alegría que permanecerán en la memoria de todos hasta el próximo año.
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