La sala de exposiciones del Centro Cultural Virgen del Carmen se convirtió ayer en un territorio fronterizo entre lo real y lo intuitivo, entre lo que vemos y aquello que late detrás del velo de lo cotidiano. Allí, el artista Fran Berbel presentó veinte obras reunidas bajo el título “Lo invisible o la resistencia de la belleza”, un proyecto que invita a detener el paso, a escuchar la materia y a reencontrarse con la quietud que el mundo moderno arrebata sin pedir permiso.
La inauguración estuvo presidida por el concejal de Cultura, Antonio Quesada, acompañado por los ediles Rosa Cañón y Domingo Paredes, además de la directora del Conservatorio, María Ortigosa. El acto contó también con la presentación del artista local Jaime Manuel Aniorte Cánovas, quien abrió la puerta al imaginario de Berbel como quien anuncia la llegada de un viajero que trae mundos nuevos en las manos.
En estas obras, la belleza no se exhibe: se insinúa. No se entrega: se deja perseguir. Berbel utiliza pintura, tintas y materiales reactivos para permitir que la materia respire por sí misma, como si cada soporte fuese una piel que acumula memorias antiguas. Sus formas emergen y se desvanecen, suspendidas entre el gesto y el azar, evocando deseos que no encuentran palabras y temores que se arruman en los pliegues más ocultos del ser.
Frente a un mundo que avanza a una velocidad que apenas deja espacio para sentir, el artista propone una resistencia poética: contemplar despacio, mirar como quien escucha, dejar que el color hable antes que el pensamiento. Cada obra es un pequeño umbral hacia lo inefable, un recordatorio de que lo importante suele ser invisible a primera vista y que la belleza, cuando se manifiesta, lo hace como una exhalación suave que pide silencio.
“Lo invisible o la resistencia de la belleza” podrá visitarse hasta el martes 6 de enero de 2026. El horario de apertura es de lunes a viernes, de 8:30 a 20:30 horas, y los sábados, domingos y festivos, de 9:00 a 19:30 horas. Una oportunidad única para adentrarse en un paisaje donde el color no se mira: se siente, se respira, se recuerda. Una invitación a perderse para volver a encontrarse.
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