Un grupo formado por 40 peregrinos ha regresado recientemente de una emotiva peregrinación a Medjugorje, en Bosnia y Herzegovina, realizada del 7 al 14 de mayo, en una experiencia marcada por la oración, el recogimiento espiritual y la profunda convivencia humana vivida entre todos los participantes.
La expedición estuvo integrada mayoritariamente por vecinos de Torrevieja, aunque también participaron peregrinos llegados desde Astorga, Huelva, Elche, Madrid y distintas localidades de la Vega Baja, todos unidos por un mismo deseo: vivir una semana de fe y reflexión en uno de los destinos de peregrinación mariana más visitados del mundo.
El grupo contó durante todo el viaje con el acompañamiento espiritual de D. Aurelio Ferrándiz, párroco de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Torrevieja, quien guió los momentos de oración, las celebraciones litúrgicas y los encuentros espirituales, creando un ambiente de serenidad y cercanía que fue muy valorado por todos los asistentes.
Asimismo, el itinerario estuvo coordinado por el guía Emilio Ferrando, gran conocedor de Medjugorje y de su historia, cuya experiencia permitió a los peregrinos comprender más profundamente el significado espiritual de cada lugar visitado.
Durante esta intensa semana, los participantes recorrieron algunos de los puntos más emblemáticos y significativos de Medjugorje y sus alrededores, entre ellos la conocida Colina de las Apariciones (Podbrdo), el monte Križevac, la Parroquia de Santiago Apóstol, la Aldea de la Madre, el Castillo de Patrick y Nancy, la Comunidad Cenáculo, así como el Santuario de San Antonio de Padua en Humac y el monasterio franciscano de Siroki Brijeg, además de la visita a la histórica ciudad de Mostar y a la Virgen de Tihaljina.
Muchos de los peregrinos han destacado que, más allá de las visitas y los actos religiosos, lo más especial del viaje ha sido la unión creada entre todos ellos. Durante esos días se generó un ambiente de auténtica familia, donde compartir emociones, conversaciones, testimonios y momentos cotidianos terminó convirtiéndose en una vivencia profundamente humana y espiritual.
Las largas caminatas, las oraciones compartidas y los momentos de silencio y reflexión ayudaron a fortalecer la amistad y la cercanía entre personas de distintas edades y lugares de procedencia, creando vínculos que, según reconocen muchos de los asistentes, permanecerán para siempre en sus corazones.
El grupo ha regresado con la “mochila” cargada de emociones, recuerdos y experiencias difíciles de olvidar, pero sobre todo con el deseo de mantener vivo el espíritu de fraternidad, fe y esperanza nacido durante estos días en Medjugorje, un lugar que para muchos se ha convertido en un antes y un después en sus vidas.
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