
Paredes posa en una zona ajardinada de Logroño con algunas de las obras que ha logrado exponer. – Foto: E. G. M.
Fuente: El Día de la Rioja / Eduardo García Martínez
Manuel Paredes llegó a La Rioja hace cuatro años y desde entonces ha desarrollado una fulgurante actividad plástica, que le ha llevado a exponer sus cuadros urbanos con la muestra ‘No siempre hay que tener algo que decir’. Manuel Paredes es de Torrevieja. Sin embargo, desde hace cuatro años vive en Nájera, a donde se mudó por amor. Trabaja como profesor de educación plástica y, además, tiene una incipiente carrera como artista. Carrera que el cambio de aires, del Mediterráneo al norte, no hizo más que potenciar sus proyectos. El pasado verano logró exponer en la biblioteca Rafael Azcona su colección ‘No siempre hay que tener algo que decir‘, y ahora se fija como meta lograr una profunda producción artística.
«Me considero una persona curiosa, un poco inquieta, a la que le gusta experimentar y conocer cosas nuevas», declara Paredes. Precisamente ese afán curioso es el que motiva su obra. Sus cuadros, como se aprecia en la imagen, tienen un matiz abstracto. «Es como una experimentación, un juego; me pongo a probar cosas y divertirme, la única condición es que me atraigan visualmente», comenta este alicantino. Precisamente la visión, la pura estética y no el significado, es la que mueve sus proyectos. De ahí el tan peculiar nombre de la colección.
«Antes enfocaba el arte como una herramienta de comunicación, pero perdió la parte divertida; hice un cambio de mentalidad y ahora produzco estos cuadros, es curioso porque la gente los ve y se queda buscándole significado o forma, pero eso no existe dentro, porque no siempre hay que tener algo que decir», reflexiona Paredes. «No tenemos por qué ver una obra de arte y buscarle siete significados, aunque entiendo que es parte del juego», resume este treintañero. Lo que sí que puede definirse con claridad es que la obra tiene una clara influencia del mundo del grafiti. «Me gustan esas firmas en las carreteras, a veces sin acabar; es un trazo que me fascina y lo he intentado trasladar a mis obras», explica este najerino de adopción.
Así que la etapa figurativa de la primera juventud ya le quedó atrás. «De momento he pintado unos 23 cuadros; aunque a la exposición fueron 15, muchos los trabajo a la vez y luego desecho lo que no me gusta», detalla sobre su método de trabajo. La técnica es de grabado y estampación, con Javier Jubera como referente. Su taller no está en casa, sino que hace uso del espacio ArteFábrica de la propia biblioteca Rafael Azcona, lugar que define como «impresionante».
A este torrevejense le convence mucho el panorama artístico de La Rioja, sobre todo por su calidez. De cara al futuro, se fija como objetivo «exponer en el mayor número de sitios posibles, sin grandes pretensiones». El único sueño que no se quita de la cabeza es el de tener un estudio propio, aunque mantiene los pies en el suelo porque sabe que es su actividad docente la que le proporciona un sueldo estable. «Los compañeros y alumnos de Marianistas vinieron a la muestra, me parece interesante el arte como actividad docente», finaliza Paredes
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