A las doce de la noche, cuando el reloj marcó el final del Jueves Santo y la oscuridad envolvía las calles de Torrevieja, la Plaza del Calvario se convirtió en el sobrecogedor escenario de una nueva representación de la muerte de Cristo. El silencio, apenas roto por el leve murmullo de los fieles, acompañaba el descenso de la imagen, en una atmósfera cargada de recogimiento, donde cada paso parecía pesar más bajo el luto de la noche.
La imagen de la Virgen de la Piedad, talla policromada obra de Miguel Ángel Casañ (1988), avanzaba lentamente entre la multitud. Su rostro, desgarrado por el dolor, reflejaba el sufrimiento más profundo de una madre que sostiene en su regazo el cuerpo inerte de su hijo. Frente a ella, el semblante sereno de Cristo transmitía una paz infinita, como si incluso en la muerte habitara el perdón. La escena estremecía a quienes la contemplaban, haciendo palpable el drama de la Pasión en cada rincón del recorrido.
Fue entonces cuando la Coral “Manuel Barberá”, dirigida por Sergey Larkin, elevó sus voces con la interpretación de “La pasión de la Tía Tortas”, un canto profundamente arraigado en la Semana Santa salinera. Sus notas, tristes y a la vez llenas de esperanza, atravesaron la noche como un lamento colectivo, intensificando el sentimiento de dolor y amor hacia esa madre que llora la muerte de su hijo.
Las calles, sumidas en penumbra, se llenaron de un silencio denso, casi tangible, roto únicamente por el acompasado caminar del cortejo y el eco lejano de la música. La procesión del Descendimiento del Calvario, acompañada por la Banda de la Virgen de la Piedad, avanzó entre un público mucho más numeroso que nunca, que no apartaba la mirada, muchos de ellos visiblemente emocionados ante la crudeza y belleza del momento. Presidía el cortejo el vicario del Sagrado Corazón Carlos Daniel Mejías, junto a los concejales Concha Sala, Inmaculada Montesinos, Antonio Quesada y María José Ruiz, además de la representación de la Junta Mayor de Cofradías, la presidenta de la Cofradía Sandra Griñant Ferrández; el presidente de la Asociación Sagrado Corazón, Gregorio Navarro, así como presidentes y Hermanos Mayores de otras cofradías.
En esa noche ya convertida en Viernes Santo, la ciudad entera pareció contener la respiración. Entre sombras, velas y plegarias, el dolor de una madre y la muerte de Cristo se hicieron presentes, estremeciendo el alma de Torrevieja y recordando, una vez más, la profunda dimensión humana y espiritual de la Pasión.
Descubre más desde Objetivo Torrevieja
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Filed under: Cultura |

























































Deja un comentario