Historias desde la clausura: Currucas carrasqueñas

En tiempos del coronavirus la naturaleza sigue ocupando su espacio vital en pleno centro de Torrevieja

Fotos: Alex Blondeau y Conchita Martínez

Crónicas Naturales de Torrevieja

Muchos se están dando cuenta de que hay más aves en la ciudad de lo que pensaban. Las escuchan mejor en este silencio, y pareciera que han surgido de repente. Siempre estuvieron ahí, pero ahora, cuando salimos a balcones y terrazas para tomar una bocanada de aire, reparamos más en ellas.Hay procesos naturales que escapan al ojo del profano. Buena parte de la razón de ser de estas Crónicas Naturales de Torrevieja es poner de relieve alguno de esos procesos naturales “invisibles” o “poco aparentes”.
En estas fechas de zozobra y encierro, la naturaleza sigue con sus ciclos vitales (más sosegados por la ausencia de personas en calles, campos y montes). Son fechas de migración pre-nupcial. Muchas especies transaharianas vuelven a la península Ibérica, como los conocidos vencejos, que ya podemos escuchar en Torrevieja a primera y última hora de cada jornada.

Pero en estos días también estamos asistiendo a un importantísimo paso migratorio de unos pequeños pajarillos que, después de viajar miles de kilómetros y atravesar el gran desierto del Sahara y nuestro mar Mediterráneo, están llenando la ciudad de Torrevieja en su tránsito hasta los campos y montes donde se reproducirán. Son las pequeñas currucas carrasqueñas (Sylvia cantillans), de apenas 11 gramos de peso.

Esta historia ha tenido lugar en pleno centro de Torrevieja, entre la avenida Gregorio Marañón y la calle Campoamor. Un pequeño macho de curruca carrasqueña andaba el otro día recuperando fuerzas gracias a los pulgones de las macetas del balcón de mi buen amigo Alex Blondeau, un apasionado de la naturaleza, que capta oportunamente con su equipo fotográfico (la foto 1 es suya).

El día antes, otro macho de curruca carrasqueña sufrió un percance. Imagino que también andaba buscando alimento en uno de los pocos jazmineros de uno de los pocos patios de casa de planta baja que van quedando en Torrevieja. Todo parece indicar que, asustado por los gatos de esa casa, chocó contra los cristales. Afortunadamente el ejemplar fue recogido por Conchita Martínez (foto 2), amiga y vecina que buscó asesoramiento en estas Crónicas Naturales de Torrevieja. Los pequeños pájaros que chocan contra los cristales tienen fácil diagnóstico: hay que recogerlos y dejarlos dentro de una caja de cartón en un lugar tranquilo (ni agua, ni alimento). Si a las pocas horas (o al día siguiente) no han muerto, se espabilarán y saldrán volando. Poco más se puede hacer que esperar a que la vida, o la muerte, hagan acto de presencia.
Afortunadamente, la curruca carrasqueña de la calle Campoamor retomó su vuelo al día siguiente, emboscándose en el jazminero para volar definitivamente hasta las zonas donde se reproducirá, haciéndose invisible en lo más intrincado de los arbustos y matorrales del monte mediterráneo.
No sé si lo hizo a la hora en el que esta calle, en el tramo donde se ubica la casa donde tuvo lugar el accidente, abre balcones y terrazas para aplaudir a nuestras Fuerzas Sanitarias (y demás profesionales implicados en mitigar todo lo que provoca esta pandemia), mientras que nuestro vecino Vicente Onteniente ameniza musicalmente el atardecer gracias a unos altavoces instalados en su balcón.

Los ciclos naturales siguen produciéndose ajenos a nuestros padecimientos. No somos tan importantes. O sí…: ¡qué paradoja que en esas complejas relaciones ecológicas que desdeñamos y destruimos, residan nuestra salud y también nuestra economía futuras!

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