Encuentro glorioso entre la madre y el hijo resucitado 2019

Álbum, pinchando sobre la foto

Encarna Hernández Torregrosa

Álbum, pìnchnado sobre la foto

En una Semana Santa tan atípica como la que hemos vivido (a consecuencia del clima) nos llevó a la Procesión de Resurrección. Tras reunión con la Junta Mayor de Cofradías, la asociación Hijos de la Inmaculada y la Hermandad del Santísimo y según el consejo del Proyecto Mastral, y a la vista de las previsiones meteorológicas, se tomó la decisión: ¡Y salieron! Con una incipiente lluvia y un mar de paraguas de acompañamiento y más tarde de la hora habitual, se repitió la historia.

Salieron del templo ya que Torrevieja espera el Encuentro. Primero la Cofradía de San Juan Evangelista, seguida de la imagen de la Purísima Concepción, más tarde el Santísimo Sacramento, bajo palio se dirige a su importante cita.
Solo en Torrevieja se llega a la Resurrección de la mano de la Inmaculada Concepción dando fin a la Semana de Pasión. Y en este año, Antonio Pacheco Sánchez (conocido popularmente como “El Rojo”) y su esposa Carmen Baraza Soler, retiran en el Encuentro la mantilla de luto que La Purísima Concepción, que porta durante la primera parte de la procesión. Una explosión de júbilo, se convierten una explosión de color con la lluvia de pétalos y aleluyas y el alzar de globos, entre pólvora, aplausos y lágrimas de alegría. El mensaje central de esta historia hoy no son las lágrimas, ni el dolor o la muerte, sino la vida.
Dice Jesús: “Yo soy la Vida”. Y hoy ante un cielo gris de tristeza, el recuerdo de los días de Pasión donde se pregonaba ante la ciudad entera la llamada que se queda en la mano que sujeta la palma que estrenó el Domingo de Ramos, y que ahora se trasforma en repique de Gloria de la Resurrección.
Y en gozo de fugacidad, cuando Ella pasa a mi lado, es cuando deseo nombrarla… La Que está en la parroquia que lleva su nombre, Inmaculada…, pero me faltan las palabras:
“Te iba a decir azucena. Iba a decirte repique de campana. Te iba a decir jazmín, rodeado de azul de mar. Te iba a decir primavera, noche estrellada. Te iba a decir alba. Pensaba decirte resplandor de la mañana. Te iba a decir blanco cielo cubierto de negra mantilla que cubre tu rostro de nácar…. junto al San Juan de la Palma, pensaba decirte lágrima, pero, ¡Mira! tu Hijo está cerca, relámpago de dulzura. Iba a decirte plaza, encuentro, paloma, flor, alegría o quizás sencillamente iba yo a decirte: “¡Guapa!”
Iba a mirarte… y no puedo. Que no se puede aguantar la belleza de tu cara… que todo te lo han dicho. Y hoy mi silencio es el que habla. Verás, Purísima Madre, que hay un nudo en mi garganta. Y sólo digo tu nombre, ése que todo lo alcanza, como te nombran tus hijos, como tu pueblo te llama cuando le sale del alma:
¡Viva la Purísima! ¡Viva la Madre del Hijo! ¡Viva la Inmaculada!”

Ya llegó la Pascua de Resurrección. Así es de fugaz es el tiempo, es la vida. Mientras dibujado queda la Pasión y Muerte del Señor que es nuestra propia pasión, encaminada hacia la muerte. Madre e Hijo ya han entrado en su Cielo, ya caminan por su casa. Y desde el dintel al campanario el templo parece decir:
Miradme…
Si me veis como un portento
en este amanecer gris,
es que proclamo a los vientos
la verdad de que El Más Fuerte
es El que está en el Sagrario,
y dio Su Vida por ti.

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