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Magia de acuarela: realidad imaginada de José Miguel Masiá

Admirable exposición de José Miguel Masiá  en el Centro Cultural Virgen del Carmen en homenaje a “Mamel”

Álbum, pinchando sobre la foto

El Auditorio del Centro Cultural Virgen del Carmen, acogió en la tarde de ayer la presentación de la retrospectiva de acuarelas de José Miguel Masiá “Magia de acuarela: realidad imaginada”, en homenaje a Manuel Balaguer “Mamel”, primer director de la Escuela Municipal de Pintura de Torrevieja, la presentación corrió a cargo del comisario de la obra, Jesucristo Riquelme, director de la sede de la UNED en Torrevieja.La muestra que se inauguro tras la presentación, contño con la presencia, del homenajeado, Manuel Balaguer, el concejal de presidencia, Federico Alarcón, el de cultura, Antonio Quesada, de educación, Ricardo Recuero y los ediles del grupo municipal socialista, José Antonio Bonilla y Carolina Ponce.

Del 8 de septiembre al 4 de octubre del año en curso, gracias a la UNED de Torrevieja, podremos contemplar la excelente retrospectiva de acuarelas del pintor murciano José Miguel Masiá, en la sala de exposiciones del Centro Cultural Virgen del Carmen. La exposición ha sido comisariada por Jesucristo Riquelme. Consta de cuarenta y cinco piezas del fondo artístico del pintor y obras procedentes de colecciones privadas.

Un arte con-sentido, más allá de lo ornamental

La polícroma panoplia de botecitos de J. M. Masiá –esto es, la paleta de colores y mezclas si de óleos se tratara–, una vez fijada la tintura en el papel, nos permite capturar, más que presencias corpóreas o físicas, emociones de profunda meditación. Esto se aplica y se desprende de la función social y cultural que este insigne murciano, de origen saguntino (Sagunto, Valencia, 1955), imprime a su temática comprometida y a su sensible enfoque. Masiá es pintor de profundo calado humano. Sus motivos, extraídos de las más palpitantes historias contemporáneas, son recurrentes y responden a las vicisitudes de la vida que le ha rodeado: «El arte tiene que salir a la calle; ha estado enclaustrado en monasterios, bibliotecas, palacios y armarios, pero ya es hora de sacarlo a la vista de todos, a la calle, a la vida. (…) La cultura y el arte mueven el mundo y las voluntades. (…) Lejos de ser decorativo, puede cambiarnos para infundirnos fuerzas y cambiar el mundo». «Es desolador ver la agresión al paisaje, el efecto del cambio climático, los incendios. Y, aún es más, la agresión a otros seres humanos».

Masiá es un renovador de la acuarela: armoniza el detalle minucioso con la atmósfera de lo abstracto. La personalidad estética de las acuarelas de Masiá tiene resonancias de los mejores pinceles del mundo occidental, siguiendo el aserto de E. d’Ors: «Lo que no es tradición es plagio». La combinación armónica de tradición e innovación es lo más significativo de este arte menor tan grande de J. M. Masiá, en cuya obra rememoramos a la norteamericana Giorgia O’Keeffe, la madre del modernismo estadounidense hasta avanzado siglo xx. La acuarela es al óleo, lo que la zarzuela, al bel canto de la ópera. En ocasiones, en los cuadros de Masiá, la prolijidad hasta la minucia de lo verista sigue el estilo impresionista del francés Claude Monet de Nenúfares (1920-1926) o el estilo preciosista, valga decir precisionista, del estadounidense Edward Hopper de Casa junto a la vía del tren (1925), que sirvió a Hitchcock para crear la tétrica casa aislada de Psicosis.

La temática emocional que justifica la acuarela 

¿En qué detiene su mirada y su corazón J. M. Masiá? En la huerta de Murcia y Orihuela, el entorno  que vivió Masiá desde su adolescencia, recupera mujeres recogiendo algodón en Cartagena, o azafrán,  hortelanos y campesinos de los más duros trabajos del agro levantino: «Esos trabajos que ya casi nadie quiere hacer y que son aprovechados por personas de otros lares y de otros manes, con frecuencia vilipendiados sin ser conocidos». Y los recupera para que no caigan en el olvido. Junto al patrimonio del acervo rural, las marinas, con abundancia de barcos, como metonimia del trabajo extenuante y peligroso de la mar. En este orden de cosas, Masiá retoma el mejor estilo de las atmósferas marinas y del paisajismo del siglo xix del estadounidense Wislow Homer y del inglés Turner.

La acuarela, y en esto insiste el artista, es emoción. El avezado pintor de acuarelas crea atmósferas y emociones. Desfigura la realidad por muy figurativa que sea su captación de tangibles: es la magia de una realidad figurada, gamas de colores que milagrosamente quedan translúcidos y nítidos en el papel. Juegos efectistas de luminosidad y de sombras, contrastes de paisajes y de trabajos en la naturaleza cultivada, confrontación en ristre entre lo ruralita y lo urbanita, aunque prevalece el protagonismo intencionado de la visión geórgica como cusa y excusa de lo huertano de la Murcia de ayer y hoy.

Con el tiempo, Masiá se ha aventurado a acercarse a concepciones y prácticas de lo abstracto: no abandona del todo la insinuación figurativa, pero los contornos se encubren de gamas de colores, que estimulan meditaciones, aleluyas, susurros, gemidos, lamentos e incluso silencios cromáticos, perfectamente organizados.

Arte de sugerencias: nuevas formas de ver y sentir

M. Masiá va más allá de pintar paisajes: Masiá reinventa espacios y les confiere una calidad meditadora: quiere enseñar otra cara de lo visible, como proponía Pedro Salina en su poesía: mostrar emociones emanadas de lo no valorado por todos. El pintor murciano sugiere más que describe. Le agrada más inspirarse en la escurridiza subjetividad que en la pretenciosa y aburrida objetividad de lo tangible: por eso contemplamos en sus cuadros una realidad imaginada, una imagen que ayuda a sentir. Abundan claridades, pero parecen dominar las tristezas y los espectros existenciales. Sus paletas de boca de volcanes exhuman todos los colores del arco iris, aunque trabaja los cálidos sobre los fríos, sin permitir su pulso que se mezclen atolondrada o torpemente. La tenue degradación de los colores de agua pigmentada se yuxtapone en armónicas y delicadas fusiones: distinguimos sienas dorados, rojos carmesíes de cadmio, amarillos lúcidos, verdes vibrantes, azules celestes u oscuras de profundo mar, ocres… En definitiva, Masiá transforma nuestra forma de mirar: será, para el espectador, desde ahora, una mirada nueva.

Homenaje a dos maestros del acuarelismo

No todas las pinturas nos despiertan. No todas las exposiciones despiertan las mismas emociones. La acuarela de Masiá es emoción sentida y profunda de una realidad imaginada que contenta y descontenta a la vez, que alegra y entristece al unísono: que hace reflexionar, más allá del deleite estético. Nos hacía falta un homenaje al arte del emblemático y recordado Mamel, Manuel Balaguer (Larache, 1945), el que otrora fue director de la Escuela municipal de pintura en Torrevieja (1990-2011). ¡Qué exquisitez de acuarelas que brillaban como cerámicas! ¡Qué finura de grabados con transparencias de acuarelas! ¡Qué verdes nunca mejor logrados! Uno de sus espléndidos bodegones fue portada del libro benéfico Ponme más por favor. Recetas para repelar la Vega Baja, y en las salas del Registro de la propiedad de Torrevieja, número 2, podemos ver colgada una colección de sus collages sobre el lenguaje documental de lo jurídico-administrativo.

Por muy autodidacto que se sienta nuestro acuarelista, no debemos olvidar sus recuerdos y su aprendizaje del más afamado acuarelista de vanguardia que conocemos, ubicado en el actual Marruecos de la hermosa Essaouira: nos referimos a Moustaphá Ben Lahmar (Tetuán, 1961). Allí, en tierras africana, aprendió técnica y técnica y técnica. Y a manejar el secador de pelo para deshumedecer el chorreoso pigmento de los pinceles arcoíris que maneja tan despaciosamente. El resultado de la belleza en las acuarelas de Masiá es heredero de la pulcritud estética del dramatismo de la luz en Thomas Schaller y, sobre todo, del australiano, de cuna uruguaya, Álvaro Castagnet.

La acuarela, una de las técnicas menos controlables

El arte de la pintura a la acuarela es una técnica dificultosa: supone talento y mucha destreza adquirida con hábito perfeccionista. Los colores se diluyen en agua. Es el agua tintada el arma y el enemigo del pintor: con paciencia y primor, el acuarelista deposita matices cromáticos en una primera y única vez. Además la acuarela no se basa en los límites del dibujo, ni traza líneas lacerantes como perfiles; su organización de espectros y tonos de colores se va conjuntando conforme crece el cuadro. La acuarela tiene magia: nunca se sabe cuál va a ser el resultado final con exactitud, porque la responsable es el agua, la indómita agua de la naturaleza domada por el mágico pulso del pintor. El agua busca su camino: no puede ser domeñada sin denuedo, como ocurre en la propia naturaleza de nuestras tierras cuando llueve y todo se anega: así viene a ocurrir en el papel si el artista no pone freno al azar: la acuarela es el deseo de la imagen consciente sometida al azar antes del caos. Si se yerra o emborrona, el cuadro se echa a perder, sin posibilidad de ser subsanado. No existe el palimpsesto en la acuarela: existe un nuevo papel para comenzar otra vez.

Masiá, expositor nacional e internacional

Al principio, José Miguel Masiá pintaba del natural, luego transfiguró la imagen de base fotográfica. Han sido decenas las exposiciones colectivas en las que ha participado como invitado especial: Fabriano (2016), la ciudad donde se ubica el museo della carta e della filigrana (el museo del papel), y Roma (2017), en Italia; Lieja (2023), en Bélgica. De sus exposiciones individuales destacamos, desde su primera en Murcia, 1991, la de Madrid, en 2013, y, en 2025, las de El Puig (Valencia) y Brioude (en el Alto Loira francés). Con Ben Lahmar, ha expuesto, al alimón, en 2018, en Tánger y en Casablanca (Marruecos).

Una vez presenciada detenidamente la exposición, coincidimos en que la acuarela, en palabras del pintor marroquí Ben Lahmar, «es una técnica ideal para expresar emociones. No obliga a decirlo todo: solo tiene que sugerir, insinuar, seducir y dejar libertad al espectador». Con la acuarela quedamos fascinados por una realidad imaginada. La imaginación nos conduce al arte: queremos que el arte nos conduzca a la bonhomía: a ser mejores personas pensadoras y solidarias. Esta restrospectiva está a su alcance y el artista (josemiguel.masia@gmail.com), en esta exposición, es tan accesible como asequible.


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