Dentro de la programación del escenario de la Plaza de la Constitución, en plena celebración de las Fiestas Patronales de Torrevieja, anoche le llegó el turno al grupo asturiano “Puño de Dragón”, una banda que subió a las tablas con una única intención: tocar con gusto, sin prisas y con el alma por delante.
Su sonido, un cóctel juguetón entre el pop-rock-folk de los años ochenta y ecos del rock argentino de los noventa, se mezclaba con guiños inesperados que en ciertos momentos recordaban al espíritu libre de Bob Dylan y a esas canciones míticas de los setenta que uno siempre lleva guardadas en la memoria.
La voz rasgada de su vocalista, siempre al borde del colapso emocional pero sin perder ni un ápice de fuerza, añadió dramatismo y entrega a un repertorio que encontró una respuesta inmediata por parte del público. Varias veces los asistentes se adelantaron a los coros, demostrando que, cuando la música hace vibrar, el corazón canta antes que la garganta.
Pero lo más conmovedor de “Puño de Dragón” no fue solo la solidez de sus músicos, sino esa sensación de que todavía se emocionan cuando la gente entona sus letras más fuerte que ellos. En una época donde el artificio se disfraza de autenticidad y donde todo parece medido al milímetro, se agradece encontrar una banda que apuesta por la honestidad pura, por el vínculo real con quienes están al otro lado del escenario.
El frío de la noche torrevejense terminó deshaciéndose en una ovación cálida, vibrante y prolongada. Y entre canción y canción, siempre se agradeció la presencia de la carpa de Alimentos Solidarios, que acompañó el concierto con sus viandas y su espíritu cercano.
Así se cerraron las actuaciones en la plaza dentro de las Fiestas Patronales, dejando el ambiente preparado para lo que vendrá en Navidad, cuando la música y la magia vuelvan a reclamar su lugar en el corazón de la ciudad.
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