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Torrevieja abrió el corazón a su Semana Santa en un pregón cargado de fe, perdón y esperanza en la  voz  de Eva Fernández

Ernesto Gea, Armando Mañogil y Edmundo Prades recibieron el “Capirote de Oro” en un emotivo acto celebrado a los pies de la Inmaculada

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El Templo Arciprestal de la Inmaculada Concepción de Torrevieja, abarrotado de fieles y cofrades, acogió en la noche de ayer el acto de la glosa del Pregón de la Semana Santa 2026, pronunciado por la periodista Eva Fernández Huéscar y presentado por el también periodista Antonio Aniorte. La ceremonia contó con la presencia del alcalde de Torrevieja, Eduardo Dolón, junto a la vicealcaldesa Rosario Martínez Chazarra; el concejal de Cultura Antonio Quesada y los ediles Federico Alarcón, Concha Sala, Rosa Cañón (Pregonera de la Semana Santa 2025), José Antonio Bonilla y Margarita de Francisco.También asistieron la Reina de la Sal, Daniela Gómez, acompañada por su dama Miriam Córdoba Prades.En el ámbito eclesiástico estuvieron presentes el párroco de la Inmaculada y consiliario de la Junta Mayor de Cofradías, José Antonio Gea; el párroco del Sagrado Corazón y vicario episcopal de zona, Aurelio Ferrándiz; el párroco de San Roque y Santa Ana, Francisco Miravete, y el vicario de la Inmaculada, Fernando Galvañ, junto al presidente de la Junta Mayor de Cofradías, Francisco Montesinos, presidentes de hermandades y numerosos cofrades.

El templo ofrecía además una estampa excepcional, con  María Santísima del Silencio acompañando de manera extraordinaria al Cristo Crucificado en su altar, creando un marco de profunda solemnidad para el inicio de la cuenta atrás hacia la Semana Santa. Antes del pregón se celebró la tradicional entrada de las cofradías y autoridades, precedidas por el estandarte de la Junta Mayor de Cofradías, acompañado por los sones del “Cuerno” de la Convocatoria, tambor y tuba.

Durante el acto se hizo entrega del “Capirote de Oro” —máxima distinción de la Semana Santa torrevejense— a Ernesto Gea Ferrández, Armando Mañogil Giménez y Edmundo Prades Boj, en reconocimiento a su trayectoria y compromiso con el mundo cofrade. La parte musical estuvo brillantemente ejecutada por el Coro y Orquesta Maestro Ricardo Lafuente, dirigido por Aurelio Martínez y una sección de la Unión Musica Torrevejense.

Un pregón entre el mar, la sal y la Cruz

En su intervención, Eva Fernández ofreció una profunda y cuidada glosa de la Semana Santa de Torrevieja, en la que supo combinar la espiritualidad con la identidad de la ciudad, evocando la historia de un pueblo marcado por el mar, la sal y la fe, siempre a los pies de la Inmaculada, patrona de la ciudad.

Desde los primeros compases de su pregón logró conectar con el público, arrancando los primeros aplausos al recordar la esencia salinera de la ciudad al evocar aquellas palabras del Evangelio en las que Jesús afirma: “Vosotros sois la sal de la tierra”, subrayando que pocas ciudades comprenden mejor ese mensaje que Torrevieja, una tierra cuya historia, identidad y esfuerzo colectivo nacieron precisamente de la sal.

A lo largo de su intervención fue desgranando el valor de la Semana Santa torrevejense, que este año ha sido declarada de Interés Turístico Regional, como fruto del trabajo silencioso de generaciones de hombres y mujeres que supieron recuperar y engrandecer una tradición que hoy forma parte del alma de la ciudad. Recordó especialmente a aquellos pioneros que hicieron posible el resurgir de la Semana Santa moderna en Torrevieja, señalando que gracias a su empeño hoy miles de cofrades mantienen vivo un legado de fe y cultura popular.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó cuando la pregonera tuvo un recuerdo para todos aquellos cofrades, costaleros, camareras, músicos y devotos que dedicaron su vida a engrandecer la Semana Santa y que hoy ya no están entre nosotros. Sus palabras, cargadas de emoción, provocaron un largo aplauso del público que llenaba por completo el templo, en un instante de memoria compartida que emocionó a muchos de los asistentes.

El pregón también estuvo marcado por constantes referencias a las distintas cofradías y escenas de la Pasión que recorren cada año las calles de Torrevieja, destacando el papel de los nazarenos, mantillas, costaleros y bandas que hacen posible que la ciudad se transforme durante esos días en un gran escenario de fe y devoción.

Eva Fernández quiso además conectar la Pasión de Cristo con los sufrimientos del mundo actual, estableciendo paralelismos entre el dolor de la Cruz y algunas de las tragedias que han marcado la actualidad reciente. En ese sentido evocó el dolor provocado por las guerras en lugares como Irán o Ucrania, así como los conflictos que siguen golpeando a tantas familias en distintas partes del mundo.

Igualmente recordó tragedias que han conmocionado a la sociedad en los últimos tiempos, como la muerte de jóvenes en el incendio de una discoteca en los Alpes durante la pasada Nochevieja, los fallecidos por la devastadora DANA que afectó a tierras valencianas o el trágico accidente ferroviario de Adamuz. La pregonera comparó ese sufrimiento humano con el dolor de Cristo en la Cruz, recordando que la fe cristiana encuentra en la Pasión un reflejo del dolor del mundo, pero también la esperanza de la Resurrección.

Sus palabras lograron entrelazar el mensaje religioso con la realidad contemporánea, subrayando que la Semana Santa no es únicamente una tradición estética o cultural, sino una oportunidad para reflexionar sobre el dolor, el perdón, la solidaridad y la esperanza.

A lo largo del pregón también hubo espacio para reconocer el compromiso de las cofradías con la sociedad, destacando su labor solidaria y su capacidad para tender la mano a quienes más lo necesitan. En ese contexto, dedicó un especial reconocimiento a los Capirotes de Oro de este año, a quienes definió simbólicamente como auténticos “cirineos”, personas que ayudan a otros a llevar la cruz del día a día mediante su entrega y compromiso con la Semana Santa.

La pregonera recorrió además distintos momentos de la Pasión representados por las cofradías torrevejenses, desde la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén hasta la Resurrección, evocando imágenes, sonidos y emociones que cada año llenan las calles de la ciudad: el redoble de los tambores, el silencio de las procesiones nocturnas, el brillo de los cirios o el aroma del incienso mezclado con la brisa del Mediterráneo.

En su discurso también puso en valor el papel de las mujeres en la Semana Santa, así como el de las bandas de música y coros, cuyo trabajo —señaló— contribuye a crear la atmósfera espiritual y emocional que envuelve cada procesión.

La glosa culminó con una llamada a vivir intensamente la próxima Semana Santa y a mantener vivo el legado recibido de las generaciones anteriores. Eva Fernández invitó a los cofrades a sentirse portadores de una tradición que trasciende lo cultural para convertirse en un verdadero testimonio de fe.

Sus palabras finales fueron recibidas con una larga ovación por parte del público que abarrotaba el templo, poniendo así el broche a una noche cargada de emoción que dejó oficialmente abierta la cuenta atrás hacia la Semana Santa de Torrevieja, que en apenas quince días volverá a llenar las calles de la ciudad de fe, tradición y sentimiento.

Una vez concluido el Pregón, Eva Fernández Huéscar recibió la figura de un Nazareno y la reproducción del cartel de la Semana Santa 2025, asi como un ramo de flores de manos del presidente de la Junta Mayor de Cofradías, Francisco Montesinos.

Tras los discursos del alcalde de Torrevieja felicitando a la pregonera por su gran pregón y destacando la ejemplar transición en la Jefatura de la Junta Mayor de Cofradías, y del consiliario José Antonio Gea, deseando una Semana Santa llena de fe concluyó el acto con el que se inicia la cuenta atrás para el inicio de la Semana Santa de Torrevieja 2026

La Música, vehículo de unión entre la palabra y el sentimiento

El Coro Maestro Ricardo Lafuente, Hoquetus Ensamble y la soprano María Mata, bajo la dirección de Aurelio Martínez, protagonizaron una velada para el recuerdo en el templo arciprestal, como complemento al ceremonial del Pregón.  La fe y la cultura se fundieron anoche en un abrazo sonoro durante la celebración del Pregón de la Semana Santa de Torrevieja,  guiando a los fieles por un itinerario de emociones, convirtiendo el acto en un preámbulo inolvidable de la Pasión.

Un inicio con raíces: El legado de Ricardo Lafuente

El acto arrancó con una poderosa carga simbólica. Mientras el estandarte de la Junta Mayor de Cofradías recorría el pasillo central, los instrumentos de Hoquetus Ensamble hicieron sonar el llamado «cuerno» de la Convocatoria, evocando la una de las tradiciones más pura de nuestra tierra, que suena desde antaño en nuestras procesiones, combinándolo con el “Anuncio la Pasión”.  El Coro de Voces Graves Maestro Ricardo Lafuente interpretó la “III Estación del Vía Crucis”, obra compuesta por el recordado maestro Ricardo Lafuente en 1982. Esta pieza, que constituye un regalo imperecedero para el patrimonio sonoro torrevejense, marcó la sobriedad y el fervor que caracterizaron el inicio de la velada.

Posteriormente, mientras se procedía a la llamada de cofradías y autoridades, la nave del templo se llenó con la majestuosidad de la “Obertura del Oratorio Yohanan”, con música de Aurelio Martínez y libreto de José Antonio Quesada, pieza que conmemora el 75 aniversario de la Cofradía de San Juan Evangelista. Otro pasaje de Yohanan sonó en el transcurso del Pregón de Eva Fernández, “Al pie de la Cruz”, interpretado por Francisco J. Garres como clarinete solista.

La excelencia de María Mata y el diálogo místico

Uno de los momentos cumbres de la noche llegó con la interpretación del “Stabat Mater Dolorosa”, también con firma de Aurelio Martínez. La voz de la soprano torrevejense María Mata, de una sensibilidad exquisita, se elevó junto al Coro Maestro Lafuente y el ensamble instrumental para ofrecer un diálogo místico entre el dolor del Calvario y la devoción del pueblo. La pieza, que evoca el ocaso del Septenario en honor a la Virgen de los Dolores, sirvió como bálsamo espiritual ante la inminencia de la Pasión.

Emoción a orillas del Mediterráneo

El broche de oro y uno de los instantes más sobrecogedores se produjo con la interpretación de “Pescador de Hombres”, de Cesáreo Gabaráin. La pieza cobró una dimensión única en la voz de los intérpretes y, muy especialmente, con el emocionante declamado de Andrés Iglesias, que caló hondo en los asistentes. Las notas, que parecían mecerse con el ritmo de las olas de nuestro puerto y el eco de las Salinas, simbolizaron la transición del dolor de la Cruz a la esperanza de la Resurrección

Los “Capirote de Oro” a Ernesto Gea, Armando Mañogil y Edmundo Prades

El presidente de la Junta Mayor, Francisco Montesinos, entregó a  Ernesto Gea, Armando Mañogil y Edmundo Prades, los “capirote de Oro 2026”, por haber trabajado durante años “de manera totalmente desinteresada ponen a disposición sus camiones y vehículos de trabajo para la subida y bajada de tronos, el traslado de enseres y cuántos actos extraordinarios surgen a lo largo del año”. Además por su disponibilidad constante, “su entrega callada y su disposición sin condiciones son ejemplo vivo de lo que significa servir a la Semana Santa desde el anonimato, desde el trabajo humilde y desde el compromiso auténtico”, poniendo de manifiesto que en este año en el que el lema del cartel anunciador de la Semana Santa de Torrevieja es “Unidos por la pasión” los galardonados representan “la unión hecha servicio, la fraternidad hecha acción, la pasión hecha generosidad”.

La pregonera: Eva Fernández Huéscar

Eva Fernández Huéscar es una periodista española especializada en información religiosa y actualidad internacional. Nacida en España, desarrolla desde hace años su labor profesional en COPE, donde se ha consolidado como una de las voces de referencia en el ámbito de la información sobre la Iglesia católica.

Actualmente trabaja como corresponsal de COPE en el Vaticano, con sede en Ciudad del Vaticano y Roma, desde donde cubre la actividad del Papa, los acontecimientos de la Santa Sede y los principales eventos de la Iglesia a nivel mundial. Su trabajo incluye crónicas radiofónicas, entrevistas, análisis y reportajes que se emiten en distintos programas de la cadena.

A lo largo de su trayectoria ha destacado por su capacidad divulgativa y su cercanía narrativa, acercando al gran público la actualidad vaticana y los temas relacionados con la vida de la Iglesia. Además de su labor informativa, participa con frecuencia como conferenciante, presentadora y pregonera en actos culturales y religiosos, especialmente vinculados a tradiciones como la Semana Santa.

Su estilo periodístico combina rigor informativo, sensibilidad social y una mirada humana sobre los acontecimientos, lo que le ha permitido convertirse en una comunicadora muy valorada dentro del periodismo especializado en información religiosa en España.

EL PREGÓN: ENTRE EL MAR Y LA CRUZ

En el horizonte se divisa ya el mástil de la Cruz. Se adivina el golpe seco del llamador, las indicaciones del capataz, el roce de los pies de los Capirotes, el martilleo de los tambores, como sacudida interior que nos despierta del letargo. Todo un año de espera se concentra en esos sonidos. Llegó la hora.

Desde aquí, ante este atril de forja en el que tantos ilustres pregoneros han dado todo lo mejor de si para proclamar vuestra Semana Santa, quisiera tener en mi voz la fuerza y el empeño de vuestros antepasados, los que se dejaban la piel en el duro trabajo de las salinas, de las mujeres que se afanaban de sol a sol para sacar adelante a su familia en medio de dificultades, de aquellos primeros marineros acostumbrados a rutinas de soledad y silencio, a jornadas maratonianas de trabajo en medio de temporales, de todos los que construyeron los cimientos de la Semana de las Semanas que viviremos en los próximos días….

Quisiera tener la pasión inquebrantable de quienes fuisteis capaces de rescatar del silencio una tradición que durante años permaneció latente, casi susurrando en la memoria y en el patrimonio oral de la ciudad, y que hoy es historia viva de Torrevieja.

Lo que contemplaremos en breve, al Señor y a su Madre por las calles, los cirios que tiemblan al compás del paso mientras el incienso se mezcla con la brisa del mar, las marchas procesionales, el roce de las vestas de los nazarenos, el brillo de la orfebrería, el sabor de las torrijas de la abuela, es el resultado de la entrega silenciosa y constante de generaciones entusiastas que, a cambio de nada, apostasteis por sembrar cuando aún no se veían los frutos. Obrasteis el milagro de recuperar lo que parecía perdido, fortaleciendo un legado y consiguiendo un prodigio que con razón ha sido reconocido este año con la Declaración de Interés Turístico Autonómico, que no es una meta, sino un anticipo luminoso de todo lo que aún está por llegar.

Quisiera con mis palabras honraros a vosotros, mujeres y hombres de Torrevieja, que habéis recibido la herencia de una tradición de fe, de respeto y de homenaje, y la habéis sabido conservar; a vosotros, que habéis hecho resurgir la Semana Santa, movidos por un impulso de recuperar algo vuestro, de vuestra alma, de vuestra cultura. Recibir una herencia no es solo un privilegio, sino un compromiso: cuanto más grande es el patrimonio, más profunda es la responsabilidad.

Quisiera tener el poder del tambor y la rotundidad de la corneta para gritar al mundo lo que me ha conmovido conocer la fuerza de vuestra Semana Santa, referente de religiosidad popular y riqueza estética, compendio de solemnidad, recogimiento, alegría, emoción, intimidad y grandeza. Y ante vosotros solo cabe gratitud, admiración y el deseo profundo de estar a la altura de vuestra entrega.

La Junta Mayor de Cofradías me ha convocado y os devuelvo este honor con el único pago que puedo ofreceros: transmitir al mundo la misma fascinación que he sentido al descubrir la historia de vuestra Semana Santa, y la devoción, hondura y cariño con la que la cuidáis. Os habéis ganado mi respeto inmediato ante la grandeza del trabajo escondido de tantos cofrades, pero sobre todo por vuestra Fe, la única capaz de comprender las horas que ya se acercan.

Me presento ante vosotros con la sinceridad de una cofrade de deseo y de acera, a quien la preparación de este pregón ha permitido asombrarse ante vuestra piedad. También es necesario que desde fuera haya alguien que tenga la oportunidad de interpretar, contemplar y valorar lo que el otro hace, porque quien está dentro no siempre alcanza a medir la grandeza de lo que sostiene. Y yo la he visto. He visto fe sin ruido. Servicio sin escaparate. Y eso no se improvisa.

Os confieso que, en estos meses previos he realizado muchas visitas furtivas a la Basílica de San Pedro para detenerme ante la Pietá de Miguel Ángel, no sólo para pedir inspiración, sino sobre todo, altura. Altura para saber pregonar lo que aquí vivís cada año sin exagerarlo, porque no hace falta. Lo vuestro no necesita adornos. Tiene verdad. Y esa verdad hace tiempo que dejó de ser solo de Torrevieja para hacerse sitio, por derecho propio, en el corazón del mundo católico.

Permitidme mezclarme entre vosotros con este Pregón y caminar en silencio tras vuestros pasos para encontrar en la Semana Santa de Torrevieja esa hondura que aún resiste al ruido del mundo.

Regaládme apenas un minuto de una estación de penitencia que me recuerde lo que de verdad sostiene el alma.

Prestadme el pulso de vuestros tambores para proclamar, por encima del estruendo, que el perdón sigue siendo posible.

Concededme la gracia de acompañar a alguna de vuestras Santísimas Vírgenes para recordar que hay amores que solo crecen cuando se entregan.

Queridos torrevejenses, queridos amigos, vecinos de esta tierra noble de la Vega Baja del Segura, gracias por vuestra invitación, gracias por acompañarme. Me habéis traído aquí e intentaré no defraudaros, por lo que pongo en este instante el Pregón bajo la protección de la Inmaculada Concepción, vuestra Purísima, la Patrona de Torrevieja y auténtico Faro de fe de esta ciudad:

Junto a ti estamos ¡Madre!, pisando terreno sagrado. Queremos rezarte metiéndonos de lleno en las escenas que nos regalan vuestras cofradías, porque aquí nadie es espectador. Lo que vamos a vivir en la Pasión habla también de nuestras vidas.

Contemplemos la Pasión arropados por los personajes que de forma tan sublime habéis incluido en vuestra Semana Santa, y que se vuelven compañeros de camino. Ellos nos permiten asomarnos a sus historias, y así poner nombre a las nuestras. Aprenderemos el valor del perdón junto a San Pedro Arrepentido, cuya figura tanto nos une a sus sucesores, los Romanos Pontífices. Descubriremos el poder de la fidelidad con San Juan Evangelista, al pie del madero hasta el último suspiro, cuya cofradía, además, este año celebra su 75 aniversario. A aquellos primeros jóvenes cofrades de la Hermandad, les debemos la realidad de lo que vemos hoy. Nos empaparemos también de la audacia de dos grandes mujeres que habéis querido que estén presentes en vuestras cofradías: la Samaritana, con quien Jesús mantuvo una conversación que cambió su vida para siempre, y la valiente Verónica, que nada temió a la brutalidad de los soldados, buscando únicamente aliviar el Dolor de su Señor en las horas amargas de suplicio.

Ellos son personajes aparentemente secundarios que vosotros habéis querido que sean testigos del drama de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en esta ciudad salinera que se vuelca en 15 cofradías con 19 pasos y miles de cofrades. Me ha impresionado el sentido de legado, cooperación y continuidad con el que trabaja la Junta Mayor de Cofradías en esta carrera de relevos que siempre suma.

En el horizonte se divisa ya el mástil de la Cruz. Cierro los ojos, y veo la temblorosa luz de los cirios en vuestras manos. Y la elegancia sobria de las mantillas, el luto contenido que no necesita estridencias. Y los tambores y el desgarro de la corneta me anuncia algo. Y ese algo es tan grande como el árbol de la Cruz que irrumpe en el silencio de la noche torrevejense.

Torrevieja, tu Semana Santa también huele a sal, y no solo cuando el viento peina la laguna blanca. Una sal que no es solo memoria, sino identidad. Esa sal se impregna en la piel como se aferra la fe en el alma. Por eso cuando Jesús un día nos dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra”, en Torrevieja lo entendisteis antes que nadie.

Sois hijos de manos agrietadas. De espaldas dobladas al sol. De hombres y mujeres que aprendieron que lo que no se sala, se pierde. Cristo se paseará por vuestras calles y bajo sus pies crujirá la misma sal que levantó vuestras casas, la que secó el sudor de vuestros abuelos. La misma sal que hoy, convertida en lágrima, humedece vuestros ojos cuando veis salir a vuestros hijos y nietos de capirotes o de hebreos.
Esta no es una tierra que representa la Pasión. Es una tierra que la entiende.
Excelentísimo Sr. Alcalde, y miembros de la Corporación Municipal de Torrevieja,
Representante del Consell
Sr. Presidente y Directiva de la Junta Mayor de Cofradías,
Consiliario de la Junta mayor de cofradías
Vicario episcopal
Presidentes y Hermanos Mayores de las distintas Cofradías,
Autoridades civiles y militares
Capirotes de Oro
Miembros del “Hoquetus Ensamble” y Coro «Maestro Ricardo Lafuente», dirigidos por Aurelio Martínez López
Corte Salinera
Cofrades, costaleros, señoras y señores, amigos todos…

La Cruz también es mástil

En el umbral de lo que está a punto de comenzar, dejemos que la Pasión del Señor nos atraviese, nos remueva, nos envuelva, nos implique.

DÉJAME pronunciar tu nombre, Torrevieja, para convocaros a la Procesión de las Palmas. Abrid el paso a Nuestro Padre Jesús Triunfante, feliz de montar sobre LA BURRICA, acompañado de tantos pequeños a quienes se les adivina el futuro en la mirada y en quienes están puestas nuestras esperanzas. Los veremos también portar el Evangelio de San Juan con el orgullo de sostener la Palabra de Dios sobre sus hombros. Ellos representan la alegría del Domingo de Ramos, son la sonrisa de Dios. Señor, que en las Puertas de tu Semana de Pasión sienta la caricia de tu sonrisa. Porque sonreír es acariciar; acariciar con el corazón, acariciar con el alma: Ven Jesús y que tu paseo entre palmas por las calles de esta tierra salinera nos ayude a recuperar la sensibilidad, el asombro y la sorpresa de aquellas primeras Semanas Santas de nuestra infancia.

Los pequeños: La “niña de los ojos de Dios”. Lo advirtió con firmeza el Maestro: “Dejad que los Niños se acerquen a Mi”.
Desde que estoy en Roma he sido testigo de que ocurre algo especial cada vez que un sucesor de Pedro se encuentra con los niños. Lo veo ahora con León XIV, que consigue incluso calmar el llanto de los bebés durante las Audiencias Generales, pero nunca se me olvidará la pregunta que Alicia. una pequeña de 10 años realizó al Papa Francisco.

Desde una silla de ruedas, y con un pañuelo a la cabeza que delataba el tratamiento oncológico que estaba recibiendo lanzó al Papa una de esas preguntas de difícil respuesta: “¿Cómo puedo dar las gracias al Señor en la enfermedad?”. Se hizo un instante de silencio. Francisco aceptó el reto y miró a Alicia con el mismo brillo de luz que se descubre en la mirada de los padres hacia sus hijos. “Damos gracias al Señor, le dijo, porque nos da la paciencia para soportar la dificultad. Incluso en los momentos oscuros, tenemos que dar gracias al Señor. Os doy un consejo, -añadió el papa- mirando fijamente a Alicia: “antes de ir a dormir pensad: ¿qué puedo agradecer hoy al Señor? Dad gracias”. Francisco respondió a una de las preguntas más difíciles con algo tan sencillo como terapéutico: Siempre habrá motivos para dar gracias a Dios. Tenemos mucho que aprender de personas tan fuertes como Alice que nos enseñan a agradecer cuando vamos a contrapié. Ellos son el futuro de nuestras cofradías. Y vuestros pequeños lo saben bien cuando portan con orgullo el paso de gloria del Dulce Nombre de Jesús, quien, abrazado al madero y de rodillas ante el Padre, fija su mirada en el Cielo, adelantando el mensaje de redención para el que ha venido al mundo.

CONCÉDEME tu atención, Torrevejense, para que nada te distraiga cuando vuelvas a experimentar ese primer cruce de miradas con Nuestra Señora de la Esperanza y de la Paz. ¡Cuanta belleza concentra ese rictus de pena y esperanza en el rostro de la madre de Cristo, que, además, acaba de ser canónicamente Coronada! Esa corona, Señora, te convierte en punto de referencia espiritual, faro de devoción oficial, e invitación permanente a la esperanza.

Necesito buscarte, saberme mirada por tus ojos, porque cuando tu me miras, se que en mi orfandad puedo agarrarme a una Madre. Cada vez que pase por la Plaza de Oriente, me sentaré, aunque sea un instante en el BANCO DE LA ESPERANZA, para que no se me olvide todo lo que nos has regalado en el Jubileo, y volveré a colocarme en alguna de las cuatro esquinas de la calle Concepción para hacerme uno más entre los pétalos que caen sobre tu paso. Desde ahí comprobaré que una Madre siempre se hace la encontradiza, para que el hijo sepa que en su soledad está su madre. Mi Esperanza, que me de cuenta de que tu mirada es para nosotros una puerta de salida, una sutura ante el dique roto.

ESCÚCHAME, Pueblo Salinero. Dejame entrar en tu silencio junto a la imprescindible y necesaria presencia de la mujer en “Las Mantillas” y en el resto de estaciones de vuestra Semana Santa. Ellas son las notarias, guardia de honor y cronistas oficiales de lo que va a ocurrir. Las que permanecieron hasta el final. Mujeres que difícilmente se rinden, que sostienen, que acompañan que son ese espacio seguro, esa sal discreta que contribuye a que otros sabores sepan mejor sin buscar reconocimientos, pero que si falta se nota.

Aquí la Pasión tiene nombre de mujer: madres, hijas, en tantas procesiones. Lo conocéis de sobra en la Cofradía de la Convocatoria, que además de vuestra Vera Cruz habéis dado un puesto de honor a la Samaritana junto a Nuestro Padre Jesús. A esta mujer, a la que según lo establecido en la época, el Hijo de Dios ni siquiera debería haberle dirigido la palabra, le revela nada menos que es el Mesías. Lo más parecido a una declaración de amor: Aquel a quien esperas soy yo, el único que puede responder a nuestro deseo de ser amados.

Lo sabéis, mujeres de Torrevieja, porque fuisteis vosotras quienes, con valentía y constancia, hicisteis posible la Cofradía de la Santa Faz y Mujer Verónica. Aquella que en las horas más duras del Via Crucis, cuando al Señor le dolía cada paso y la sangre le nublaba la vista se hizo un hueco para limpiarle la cara. Esa caricia sobre su semblante, ese instante de humanidad concedió a Jesús un momento de respiro. Que no nos falte la ternura. El abrazo que sin decir nada, muestra todo. El gesto de acogida. Que siempre salgamos al paso de quien nos necesita, y lo aliviemos en su inquietud. Que estemos siempre dispuestos a que nos importe, con hechos, la vida de quienes amamos.

La vida asesta golpes sin previo aviso para los que nunca se está preparado. No existen manuales que enseñen a despedirse de un hijo, de un padre, de un ser querido. Imposible asimilar que ya no volverás a leer sus mensajes en tu móvil o recibir una llamada de teléfono para saber cómo ha ido el día. Un silencio que congela el alma, que nunca está lista para el adiós. El Papa León XIV era muy consciente de esto cuando recibió en el Vaticano a un grupo de familiares de los adolescentes fallecidos en el incendio de la pasada Nochevieja, en la localidad suiza de Crans-Montana. Se le notaba conmovido. El silencio tan sólo se interrumpía por los sollozos de quienes no podían, ni querían, contener más su dolor. Durante el encuentro, el Papa abrió su corazón: “No puedo explicaros por qué se os ha pedido que os enfrentéis a tal prueba. Las palabras que os dirijo hoy me parecen muy limitadas e impotentes”. El Papa sabía que la muerte de un hijo nunca entra en los planes de los padres. León XIV les ofreció la única receta que ayuda a cicatrizar heridas. Les aseguró que la fe ilumina los momentos más oscuros y dolorosos de nuestra vida y les recordó también que estaban muy cerca de lo que Jesús vivió en la Cruz cuando en un último esfuerzo intenta enderezarse para alzar de nuevo la voz y reza uno de los salmos que todo israelita se sabe de memoria: “Dios Mío, Dios Mío, ¿Por qué me has abandonado?.

Una vez más la pregunta de difícil respuesta, ¿Por qué has permitido que murieran tantos jóvenes el día en el que se brindaba por el nuevo año? ¿No estabas acaso allí cuando se desató el incendio? ¿Por qué permitiste que la Dana se llevara tantas vidas en una tierra vecina, tan cercana a la vuestra? ¿Donde estabas cuando los trenes descarrilaron en Adamuz sembrando las vías de gritos y de muerte?… ¿Por qué no concluye de una vez la guerra en Ucrania, por qué los ataques se multiplican en Oriente Medio, Irán, Líbano, por qué los niños de Gaza no pueden volver a jugar en paz? Los porqués desconcertantes de unos planes de Dios que no siempre entendemos.

El Papa se despidió de las familias recordándolas que, aun en medio del sufrimiento, su dolor se transforma en esperanza a la luz de la Resurrección. Y mientras apretaba las manos de una de las madres, mirando a los presentes, les dijo: “Hoy, vuestro corazón está traspasado, como lo estuvo el de María al pie de la Cruz. Dirijan a Ella sus lágrimas y busquen el consuelo materno que podrá darles. Como Ella, sabrán esperar con la certeza de la fe, que un día volverán a encontrar la alegría».

PERMÍTEME que tu historia camine esta tarde de pregón junto a Nuestro Padre Jesús en su última y Sagrada Cena, inseparable de su Madre María Santísima de la Victoria. Una escena impactante, pórtico para la pasión. La mirada se nos va de un rostro a otro tras escuchar al Señor que dice: ”Uno de vosotros me va a traicionar”. En aquella cena, además de regalarlos el tesoro de la Eucaristía, Jesús nos enseñó a perdonar. El amor de Dios nos encuentra, incluso en el peor de los días y nunca se agota, aunque nosotros le demos la espalda traicionando su confianza por las monedas que a diario nos ofrece la vida: “Jesús perdona todo. Jesús perdona siempre. Sólo necesita que le pidamos perdón, y nos espera con los brazos abiertos”. Palabras que tantas veces hemos escuchado a Francisco, y que recordamos como uno de sus grandes legados. Madre Dolorosa, María Santísima de la Victoria, María de los puñales clavados en tu corazón, ayudame a creer que Dios no fracasa conmigo. Dios nunca falla.

Santísima Virgen de la Estrella, tu que eres Reina de los Ángeles, protégenos contra la indiferencia, que nos importen las tragedias de los que viven lejos, y no las miremos desde el gallinero. Enséñanos a bajar del palco y pisar la arena donde la vida duele. Que no se nos endurezca el alma ante el dolor ajeno. Tu bien sabes, Madre Mia, que cuando Torrevieja reza, el Cielo escucha. Desde que arranca la Semana de las Semanas se percibe un compromiso, una verdad y un sentimiento tan grande, que incluso quien se acerca tan solo por curiosidad descubre una fe verdadera, la única que importa. Es el Mediterráneo arrodillado ante su fe y puesto en pie como cofradía.

ATIENDE, tierra marinera, aguanta el aliento cuando la brisa de la noche mueve las ramas del olivo y la palmera que cubre la angustia de Nuestro Padre Jesús en la Oración del Huerto de los Olivos. Quiero ser ese Ángel que vela su agonía cuando el mundo duerme y Él tiembla. Ese Ángel que abraza su tristeza cuando la traición ya respira cerca, y los apóstoles que le habían asegurado que por El darían su vida se dejan vencer por el sueño en la hora que El mas los necesitaba. Señor, el miedo que sentiste en el huerto es un reflejo de mis miedos. Miedo al futuro, a no estar a la altura, miedo al dolor, al rechazo, al fracaso. Jesús también tuvo miedo. No pasa nada por tener miedo. Lo importante es no dejar que el temor nos paralice. En mi debilidad, tu fuerza, Señor.

Y se que este es el anhelo de una Cofradía que ha cruzado fronteras, que ha llevado el nombre de su Señor más allá de mares y acentos, porque sus componentes no entienden de mapas, sino de corazones. Quienes acompañan a Jesús en su noche de oración amarga eligieron Torrevieja como forma de vida. Hombres y mujeres que quizás inicialmente tuvieron miedo a no ser entendidos, miedo a no pertenecer, y ahora caminan juntos, rezan juntos, cargan juntos. Distintas lenguas y una sola plegaria, un mismo paso. En Torrevieja, la diversidad no divide, se hace hermandad.
Este mundo nuestro necesita dialogar sin subir la voz, porque cuando hay dialogo, en las diferencias siempre se hace sitio a temas compartidos. Y los Cristos que van a caminar por vuestras calles nos piden unidad; el mundo, desgarrado por tantas divisiones que perjudican principalmente a los más débiles, invoca unidad. El diálogo implica abrir espacios de conversación donde nos podamos encontrar. Las relaciones fracasan cuando se habla y no se escucha. Por eso el Papa León nos habla tanto de unidad, una palabra que para la Iglesia implica comunión, diálogo y respeto mutuo. Todos necesitamos de esa fraternidad que se vive en las cofradías para conseguir que en este mundo herido, la Iglesia sea casa y escuela de comunión. En lo esencial, unidad.

Te veo Jesús, atado a la columna, desplomado ante el mármol del suplicio, estremecido por el dolor, con esa lágrima que te atraviesa la cara, y a su Madre le desgarra el corazón. Imposible no mirar de frente la talla del Cristo de la Flagelación sin tragar saliva. Te clava su mirada sin mirarte. Puedes oír su jadeo mientras lo ves acercarse porque tiene su boca entreabierta en un hálito que nos dice bajito: “esto va por ti”. Ante nosotros todo un Dios que sufrió esa tortura para aliviarnos las nuestras. Ahí encontramos sentido al dolor.

ÁBREME tus calles Torrevieja, para que vuelva a escuchar el canto del gallo que devolvió la memoria a Pedro tras sus tres negaciones: “Juro que no conozco a ese hombre”. Empezaba a clarear cuando un frío helado atraviesa sus entrañas. Se da cuenta de que ha abandonado a su Jesús y rompe a llorar con amargura, mirando al Cielo totalmente arrepentido tal como los materos habéis regalado a la Semana Santa de Torrevieja en vuestra cofradía que tanto os une al sucesor de aquel primer pescador de Galilea.

Cristos todos de las procesiones de Torrevieja, Cristos de los pasos de vuestras Cofradías. Veo venir a vuestro Padre Jesús Cautivo, mecido en un compás que parece dictado por el cielo, cruzando la calle ante nosotros. Veo venir al Señor de las Manos Atadas coronado de espinas, desgarrado, flagelado, que viene a vuestra ciudad para redimirnos de tanta carga diaria, de tanto desazón y desaliento. Veo venir al Dios que aceptó las cadenas portado por los pies de sus cofrades, aferrados al varal del trono en un intento de aminorar su dolor. En sus llagas están reflejadas las llagas de la historia.

Ante el Divino Cautivo entendemos aquellas palabras de Jesús «el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga». Ahí está el manual de instrucciones donde a fin de cuentas encontraremos nuestra felicidad. La cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor; la cruz de la disponibilidad que nos lleva a ser solidario con los que tienen menos, a comprometerse por la justicia y la paz.

PRÉSTAME tu latido esta noche para acompañar a nuestro Padre Jesús de la Salud, a quien contemplo un año más con ese grito ahogado que no estalla en los labios, sino que me rompe por dentro. El susurro desgarrado del amor llevado hasta el extremo. No hay oscuridad que se resista a esa mirada verde que lo comprende todo, aún cargando con el madero que amenaza con doblarlo. En esa cruz que tanto pesa se encuentran también las guerras que no terminan y que matan, mutilan, desplazan a campos de refugiados a miles de personas. Las victimas de toda clase de violencia, los niños que escarban en la basura para encontrar algo que puedan vender, los jóvenes destruidos por la droga y las adicciones; los ancianos abandonados por los suyos que viven en soledad. Pero no se trata de resignarse sin más. Ante el mal hace falta quien le plante cara, alce la voz y pelee. Y eso implica amar a la manera de Dios, que ama sin condiciones

Torrevieja, haz que tu brisa salada sostenga mis palabras, para que a su vez pueda yo sostener a Nuestro Padre Jesús de la Caída. Duelen los golpes que continúa recibiendo durante el camino. Se acumula el agotamiento. Cada paso cuesta más que el anterior. Pesa el madero sobre la espalda y cae. Viendo que no iba a aguantar hasta el patíbulo los soldados obligan a Simón de Cirene a que le ayude a llevar la Cruz. Jesús percibe que la carga es un poco más liviana y Simón le escucha musitar un ¡gracias!.

En vuestras cofradías sabéis muy bien lo que es ser Cirineos: Ayudar a otros a llevar la cruz. La labor caritativa y social que desempeñáis forma parte de vuestro ADN: además de volcaros ante tragedias como la que sufrieron vuestros vecinos de Valencia tras la Dana, acompañáis la enfermedad del que mata las horas en la cama del hospital; acogéis a quien se siente perdido en una tierra nueva; regaláis tiempo a quien anda solo, consoláis al amigo en la hora de la tristeza; alentáis a quien sabéis que lo necesita. Os ponéis a disposición de vuestros hermanos para lo que haga falta, tal como han hecho los tres Capirotes de Oro junto a los que tengo el honor de compartir esta noche de Pregón: D. Ernesto Gea Ferrández, D. Armando Mañogil Giménez y D. Edmundo Prades Boj.
¡GRACIAS POR SER CIRINEOS!

HAZME sitio en tus recuerdos porque ya veo llegar a Nuestra Señora de los Dolores, ella es la raíz firme de vuestra Semana Santa, la que abrió senda cuando todo comenzaba; y su presencia encendió la llama que aun hoy prende vuestros cirios y lo seguirá haciendo generación tras generación. Hay algo en Ella que nos detiene el pulso y nos roba la mirada, como si al contemplarla estuviéramos asomándonos a un silencio más atronador y elocuente que cualquier discurso. La Madre que ama con fidelidad inquebrantable permanece erguida, aunque está padeciendo la misma agonía de su hijo. En su rostro no hay estridencia ni gesto forzado: hay dignidad, entereza, la majestad serena de quien ya ha aceptado la herida antes de que la espada atraviese el alma. Ella permanece: firme, elegante, contenida. La fortaleza callada de una Madre. También habitan nuestra vida personas que nos sostienen. Son horizonte, y sobre la firmeza de su abrazo levantamos nuestras seguridades más hondas.

En Semana Santa, cuando el silencio pesa más y la memoria habla más alto, es cuando sentimos con mayor hondura la ausencia de quienes ya no están.

Quizás este año en alguna de las cuadrillas o a lo largo de la carrera haya un hombro menos, un espacio vacío, un hueco que parece imposible completar, por mucho que un nuevo hermano ocupe su lugar. Sentiremos un nudo en la garganta. Tan solo uno que falte, falta mucho. Parece hasta que el paso pesa más. Las calles están llenas y vacías a la vez. El Señor y su Madre te darán permiso para romperte un poco. Igual que le ocurrió a Ella al acompañarlo durante la pasión. Y no pasará nada si se te saltan las lágrimas, porque la Semana Santa no es solo el relato de la historia de nuestra Salvación, sino también la historia en la que caben todas las despedidas que llevamos dentro. Del adiós que nunca quisimos dar, de la mano que sostuvimos por última vez, de la llamada habitual que no volveremos a recibir. Durante las procesiones nos miraremos a las caras para confirmar que estamos allí todos otra vez. Pero esos huecos también forman parte de nuestra historia. Y honrarlos implica multiplicar su presencia entre nosotros, hacer que su recuerdo se amplifique entre los más jóvenes. Sus cirios cambian de manos a la siguiente generación. En Ellos están nuestros antepasados y estarán nuestros herederos.

Porque lo que aprendimos queda cuando ellos se van. Los recordamos al hacernos el encontradizo con Jesús y su Madre en aquella misma esquina donde te enseñó a lanzar un piropo a la Señora por primera vez. Esos huecos tienen nombre y apellidos, a los que ahora, en este pregón honramos. Los nombramos aunque nos tiemble la voz, porque no vamos a permitir que el mundo se olvide de lo que hicieron. Y rezamos, aunque sea con los ojos ardiendo y duela el respirar. Por eso caminemos, avancemos, por todos los que nos enseñaron a querer vuestra Semana Santa. Porque mirar adelante es el acto de amor, el homenaje más hermoso que podemos hacerles.
INTERMEDIO MUSICAL

María como faro

Y ya estamos en Jueves Santo, y cuando las cofradías salen a la calle, hasta el Cielo hace Silencio. En la oscuridad de la noche el murmullo del mar se vuelve oración, mezclado con el redoblar sordo de los tambores y el sonido triste del cuerno de la Convocatoria. La Cofradía del Cristo Crucificado y María Santísima del Silencio sale a la calle para enseñarnos a callar. Ahí es donde se distingue el sonido de los silencios de Torrevieja. Tan sólo el rumor de las pisadas acompasadas de los costaleros llevando a Cristo por el Acequión y el tintineo de los varales del Paso de la Virgen junto a San Juan por el callejón del Turco. Ahí es donde la saeta se desgarra abrazando el rostro de Cristo y la pena de su Madre.

En medio de ese silencio te cruzas con el Cristo Salinero en la Cruz. En el final de su agonía, dando una gran voz, dijo: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”. El Hijo experimenta el silencio, la ausencia, el abismo. En aquel hombre desgarrado reconocemos la manifestación de amor más grande. El amor que se da hasta el final, hasta el último aliento, hasta que no queda más por dar- Un Dios que no permanece distante, sino que atraviesa hasta el fondo nuestro dolor.

No miremos la cruz pensando que es un estandarte más, y mucho menos un símbolo que divide y marca fronteras. Porque la cruz no nace para trazar diferencias, sino para derribarlas. Hay banderas que se alzan para señalar quién pertenece y quién queda fuera. La cruz, en cambio, se eleva como un puente: no enfrenta, abraza; no clasifica, reconcilia. Allí donde parece haber distancia, la cruz tiende un lazo invisible que recuerda que lo diverso puede encontrarse, que hay misericordia que no calcula y perdón que rompe cadenas. Todo lo que no conduzca a ese amor total no nace de la cruz, aunque se haga en su nombre.

Tras el Crucificado, María Santísima del Silencio camina envuelta en una quietud que estremece. La Madre… siempre la Madre. De pie, junto al Hijo. Levantando al Cielo la mirada, sin pronunciar reproche alguno. Cinco lágrimas descienden lentamente por sus mejillas proclamando en su dolor que el amor verdadero permanece incluso al pie de la Cruz. De María hablan sus palabras, y hablan sus silencios. A su paso, la ciudad entera se vuelve Gesemaní, y vosotros, Torrevegenses habéis tenido la delicadeza de poner a San Juan a su lado, para que la reconforte en esas horas amargas.

En el umbral del Viernes Santo, la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad nos muestra una de las escenas más humanas y divinas de la Pasión: el Descendimiento. Deslizan unas telas bajo los brazos de Cristo. Quitan los clavos. Bajan el cuerpo con sumo cuidado y por fin la Madre abraza al Hijo, acaricia su cabeza con dulzura. Recuerda cuando lo acunaba entre sus brazos y en su corazón sabe que esto no ha terminado. En ese momento es cuando vosotros rescatáis esa tradición tan vuestra, imprescindible en la Semana Santa salinera: el canto de “La pasión de la Tía Tortas”, un homenaje de amor a la madre dolorosa, patrimonio inmaterial de Torrevieja junto a la “Pasión del Calvario”.

¡Qué importante es la participación de las bandas y coros en estos días que estremecen al mundo, marcando el pulso del corazón cofrade!. Unos cargan el paso, y ellos cargan la emoción de toda una ciudad y se convierten en imprescindibles para subrayar con sus notas la solemnidad de cada uno de los acontecimientos a los que asistiremos cuando el silencio se haga tambor, corneta y voz. Con vuestra profesionalidad y horas generosas de ensayo impregnáis de fe y devoción la Pasión del Señor y conseguís que lo recordemos el resto del año. Gracias a ellos escuchamos y sentimos alegría, dolor, esperanza, y también el silencio. Sin vuestra presencia, nada latiría igual. No sois sólo sonido: sois el aliento de las cofradías. Y al escoltar las tallas por calles y esquinas, realzáis la gesta que cambió el mundo.

El día en que el Amor fue crucificado, cuando el sol se esconde tras los edificios, la ciudad vuelve a convocarse ante este templo de la Inmaculada. Las 15 Cofradías iniciáis una nueva Estación de Penitencia para escoltar a Jesús Yacente durante la magna procesión del Santo Entierro. Nazarenos, Mantillas y corbatas de luto acompañan a Jesús en sus exequias. Los últimos rayos de sol se quiebran sobre la madera noble del sepulcro y besan el rostro sereno del Señor de la Cama: labios yertos, cuerpo exánime sobre el sudario sobre el que se imprime la herida del mundo. Y, sin embargo, vosotros sabéis mejor que nadie que no es derrota lo que procesionamos. No portamos a un vencido, llevamos al Dios que descansa para despertar al alba. No es la muerte sellada en piedra, es la Redención.

En esa noche de Viernes Santo la ciudad se transforma en auto sacramental, en un monumental oratorio levantino. Desde esos imponentes pasos que con tanto esmero cuidáis en vuestras Cofradías descenderá sobre cada uno de nosotros el abrazo consolador de la Bendición de Dios. Jesús es tan grande que hasta nos regala un atisbo de belleza en la devastación que produce la muerte.

La Vida se hizo Pascua

María nunca dejó de creer. Donde otros vieron derrota, ella siempre confió. Hay una escena que no encontramos en los Evangelios, pero que podemos intuir. Antes de que llegara el amanecer del tercer día, María, en ese duermevela en el que vivía desde el último suspiro de su Hijo en la Cruz, escuchó la voz que tanto reconocía en la palabra que la llenó de gozo durante 33 años: ¡Madre!. Su Hijo estaba vivo tal como estaba previsto. Imagino la dulzura de ese nuevo abrazo que la llenó de una alegría que ya no desaparecería mas. Por eso no fue al Sepulcro. Sabía que El ya no estaba ahí.

Pero quienes si adivinasteis esta escena desde el primer momento, hace más de dos siglos fuisteis vosotros, que cada año en las primeras horas de la Pascua, el día en que la Muerte fue vencida, en el amanecer que viste de oro vuestras salinas revivís en las calles la Procesión del Encuentro. En ese instante único, cuando la Purísima cubierta con mantilla de luto se encuentra con el Resucitado, Dios Vivo, el Santísimo Sacramento bajo Palio, Torrevieja contiene el aliento hasta que una mano, heredera de dos siglos de fe retira el velo negro entre sus dedos. Querido AURELIO MARTINEZ, este año tendrás tu el privilegio de presenciar a escasos centímetros, la alegría de una Madre al ver a su Hijo glorioso. En ese momento es Torrevieja entera la que se levanta, estallan en júbilo los costaleros, alzando a su Patrona hasta el Cielo, que se llena de pétalos y de poesía en forma de aleluyas mientras voltean las campanas, explota la pólvora y suena la Marcha Real, porque todo es poco para gritar que la Vida ha vencido a la Muerte y que vuestra ciudad camina, eterna y erguida, bajo la luz invencible de la Resurrección.

Como testigo de ese estallido de Gloria, de nuevo el discípulo fiel que estuvo hasta el final, San Juan, con todos sus cofrades vestidos de blanco. El fue el primero que corrió al Sepulcro tras el aviso de la Magdalena, acompañado de Pedro. Porque cuando los discípulos comprueban que la muerte no tuvo la última palabra pierden el miedo y proclamarán la Buena Noticia hasta el final.

Hermanos, a estas alturas del pregón me permito la licencia de llamaros así, con esta familiaridad porque os siento hermanos. Os presiento ya por las calles de una Torrevieja feliz por el gozo de la Resurrección. No hay verdad más firme ni más exigente en nuestra peregrinación hacia la fe que ésta de la Resurrección.
Queridos Cofrades, tenéis una misión divina que trasciende los compromisos que asumís al portar vuestra medalla: estáis llamados a llevar en andas la noticia más grande que ha escuchado la historia. Sois eco del sepulcro vacío. Que se note en el rostro, en la palabra y en la vida. Que vuestras Cofradías sean talleres de luz. Que cada palabra, cada gesto y cada mirada hable por vosotros; que el mundo lo vea y diga: aquí camina un cofrade de Torrevieja.

Cada uno con su cofradía, pero todos juntos bajo el palio de nuestra Torrevieja, sed mensajeros del Resucitado, sembradores de esperanza, portadores de ese amor capaz de mover montañas. Un amor que solo se encuentra cuando se decide darlo. Que vuestras cofradías sean la ternura divina hecha comunidad.
Sobre vuestros hombros no pesa únicamente una talla: pesa la identidad, el corazón y la herencia de toda una ciudad.

Capirotes anónimos, costaleros, compañeros de varal, hermanos de anda, todos los que compartís trabajaderas, portadores de costal, camareras de Nuestra Señora, Manolas… A todos vosotros, cuyos nombres desconozco, pero que besáis con orgullo vuestra medalla, sabiendo que no adorna, sino que compromete, me vais a permitir que os recuerde ahora unas palabras que el Papa Francisco dirigió a los cofrades de una Semana Santa española, que como toda palabra de un sucesor de Pedro tienen alcance universal:
“Me dirijo ahora a vuestras Cofradías que durante todo el año trabajan para contribuir a que la Semana Santa deje huella indeleble y permanente en las vidas de todos los que contemplan las Estaciones de Penitencia. No es un acontecimiento de espectáculo, es una proclamación de nuestra salvación, por eso debe dejar huella…. La Semana Santa es un tiempo de gracia que el Señor nos da para abrir las puertas de nuestros corazones, de nuestras parroquias, de nuestras cofradías. “Abrir” y «salir» es lo que se nos pide en la Semana Santa, abrir el corazón y salir al encuentro de Jesús y de los demás y también para llevar la luz y la alegría de nuestra fe. ¡Salir siempre! Y hacer esto con amor y con la ternura de Dios, con respeto y paciencia, sabiendo que nosotros ponemos nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, pero que es Dios el que nos guía y nos marca el camino”.

Palabras de un Papa, ante las que sobran sin duda las que quedan por decir a esta pregonera. No hace falta más.

Cuando la espera toca a su fin y comienza la verdad de las calles. Ahora que el murmullo se convierte en certeza, que el testimonio de nuestra vida conmueva a quienes quieren unas calles ausentes de Dios al veros participar en la Semana de las Semanas.

Madre Inmaculada, esto es lo que quería mostrar en este Pregón, la forma en la que Torrevieja revive la pasión, muerte y resurrección de tu hijo. Algo que tu sabes muy bien.
En tan sólo quince días llenaremos las calles del centro y los barrios y las parroquias donde descansan vuestros titulares. Quince días para ultimar ensayos, planchar las vestas, preparar capirotes, airear mantillas, revisar los bordados de los estandartes, abrillantar los tronos de madera y la plata, limpiar el cristal de los hachotes y tener listos los caramelos.

Tiempo, sobre todo de preparación interior. De rematar la Cuaresma. Disfrutemos de la Semana Santa, la vuestra, la de vuestros mayores y la de vuestros hijos. Salgamos a las calles a vivir y a contar tu Pasión, Señor.

Pasarán los tiempos, y aquí seguirá habiendo una Semana que llamarán santa, porque lo es. Transcurrirán los días y aquí permanecerá “La Purísima”, la Señora de Torrevieja amparando el Pregón vestida de luto. Correrán los años, pero cada Semana Santa seguirá impresionando y conmoviendo tal como lo habéis hecho conmigo. Cambiarán las costumbres, pero vuestros pasos continuarán saliendo a las calles haciendo bailar a Dios y a su Madre.

Las aguas de las salinas al atardecer serán espejo donde Dios vaya a mirarse para sentirse en el Cielo. Porque Dios habita en tus rincones y está llamando a tus puertas. ¡Que el mundo lo vea!

Faltan quince días. No os entretengáis en contarlos. No tengáis prisa, que esta espera es un regalo de fe…. hay que sentirla, mirarla en silencio como se miran las cosas que son de verdad, dejar que el deseo nos desvele y disfrutad de vuestro patrimonio, legado imperecedero, orgullo de esta ciudad salinera.

Cuando esta voz se apague y Torrevieja inicie la cuenta atrás sabremos que la Semana Santa ya está en la calle. Y Cristo, otra vez, pasará delante de nosotros sin pedir nada. Que nadie os quite esto. Que nadie os robe esta manera de dar testimonio de vuestra Fe. Porque mientras haya un cofrade portando un cirio, una mujer con su mantilla, un pequeño vestido de hebreo y un torrevejense esperando a su Virgen en una esquina, esta ciudad seguirá mostrando al mundo quién es y cómo sabe mirar de frente su Semana Santa, con sal en los labios y fe anclada en el corazón.

Quince días solamente. Ya lo olemos, ya está aquí, las calles lo reflejan. Límpiate el alma. Abrillanta la mirada. Y no olvides tus raíces ni la voz que te enseñó a rezar bajito, ni los brazos que te alzaron para que vieras los pasos más de cerca, ni los ojos que hoy te miran, agarrándote la mano y lanzándote tantas preguntas. Aquí se viene a amar. A querer sin medida.

A punto de concluir el encargo que la Junta de Mayor de Cofradías me encomendó, os pongo aquí delante todos los pregones que mis predecesores han leído desde este atril, auténticos monumentos de cariño y sentimiento para que seáis vosotros los que ahora toméis la palabra con esa certeza íntima de quien no camina solo y forma parte de algo muy grande que es vuestro.

Ya que me habéis honrado con pregonar vuestra Semana Santa me atrevo a pediros que cuando caminéis detrás de vuestros imponentes Cristos o paseéis en silencio junto a su Madre
Victoria, Estrella, Esperanza, Piedad, Silencio y Dolorosa, con la Inmaculada como testigo, les habléis de esta pregonera y les digáis de su parte que acercarme a vosotros, conoceros, me ha hecho mejor.

Y Cuando todo pase, cuando vuelva la rutina y el ruido, cuando yo me encuentre en la Ciudad Eterna, desde allí recordaré que durante una Semana en Torrevieja se paró el tiempo para ver pasar a Dios. Aquí Cristo no pasa, se queda.

Queridos amigos. Está todo dicho. Torrevieja,
que Dios te bendiga…y que empiece la Semana Santa.
Que así sea


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